Una foto de Felipe VI y las guerras de Letizia empañan el verano en Zarzuela

El verano de la Familia Real española está dejando imágenes muy diferentes, pero con un denominador común: las controversias que, de una u otra manera, terminan salpicando a la institución. A la polémica fotografía de Felipe VI con Javier Negre durante su viaje a Colombia se suma ahora el debate sobre la relación de la reina Letizia con la familia de su marido, una cuestión recurrente que vuelve a escena tras las vacaciones estivales en Mallorca.

La fotografía del rey con Negre se produjo el pasado 7 de agosto en Cali, durante la ceremonia de toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. Felipe VI acudió, como es habitual en su caso, a una toma de posesión presidencial latinoamericana. Lo que generó controversia no fue su presencia, sino que el monarca posara voluntariamente junto al periodista y empresario de medios Javier Negre.

La imagen provocó una reacción inmediata en España, especialmente después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, calificara la escena de “ignominia” en X. La respuesta del ministro tiene además un contexto personal: Negre difundió en su día una fotografía de la hija menor de Puente insinuando que mantenía una relación sentimental con él. La Agencia Española de Protección de Datos sancionó posteriormente al periodista con 5.000 euros por aquella publicación.

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El episodio ha vuelto a colocar bajo el foco la relación de Felipe VI con determinados medios y periodistas situados en la órbita de la derecha y la extrema derecha. Negre arrastra un largo historial de polémicas y condenas. En 2019 fue condenado por inventarse una entrevista publicada en El Mundo y coaccionar a la protagonista. También ha mantenido distintos enfrentamientos judiciales con el portavoz de Facua, Rubén Sánchez, y ha protagonizado otras controversias relacionadas con la difusión de contenidos sobre menores, el acoso a personas vulnerables y sus actuaciones junto a otros comunicadores de la derecha mediática.

Entre los episodios más recientes aparece además Fernando Cerimedo, cofundador junto a Javier Negre de La Derecha Diario. Cerimedo, asesor personal del presidente boliviano Rodrigo Paz, fue detenido en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra cuando pretendía viajar a Buenos Aires. Las autoridades bolivianas lo relacionan con un supuesto atentado contra su expareja, la abogada Nadia Beller, quien en sus primeras declaraciones manifestó que teme por su vida y llegó a vincular a Cerimedo con la CIA. Se trata, en todo caso, de acusaciones e investigaciones que deberán dilucidarse judicialmente y que no equivalen a una condena.

La fotografía de Felipe VI adquiere así una dimensión política que va más allá de una simple imagen protocolaria. Negre ha defendido públicamente que no se trató de un encuentro casual. Según explicó el propio periodista, ya había hablado en otras ocasiones con el monarca y ambos habían coincidido anteriormente en otros actos. En su relato sobre lo sucedido en Colombia, Negre aseguró que los responsables de la Casa Real que acompañaban al rey permitieron que se acercara a saludarle mientras se impedía aproximarse a otras personas.

La Casa Real no ha considerado oportuno convertir la fotografía en un asunto de mayor relevancia pública. Pero el episodio vuelve a alimentar el debate sobre la estrategia de Felipe VI respecto a determinados actores de la derecha mediática, después de que el monarca haya participado en actos organizados por medios y grupos empresariales de esa órbita y haya mantenido encuentros institucionales con responsables de cabeceras de extrema derecha en Zarzuela.

Y mientras la polémica política gira en torno a Felipe VI, que sigue débil en las encuestas, el otro frente del verano se encuentra dentro de la propia familia.

Desde hace años se habla de la existencia de una relación distante entre la reina Letizia y algunos miembros de la familia de su marido. El episodio más conocido se produjo en la catedral de Mallorca, cuando las cámaras captaron el momento en el que Letizia impedía una fotografía de sus hijas, Leonor y Sofía, junto a su abuela, la reina Sofía.

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Aquella escena se convirtió en uno de los símbolos de las tensiones existentes entre las dos familias. Con el paso del tiempo, sin embargo, la relación de Letizia con la reina emérita ha experimentado una evolución y ambas han protagonizado imágenes de mayor cercanía. Pero las diferencias con otros miembros de la familia Borbón y la reducción de los encuentros entre las infantas y sus primos continúan generando especulaciones.

Letizia sigue tensando a la monarquía

La periodista Sandra Aladro ha puesto precisamente el foco en esta cuestión durante este verano. En un vídeo difundido en sus redes sociales, la periodista sostiene que la situación familiar tiene “dos víctimas colaterales”: la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Felipe VI

Aladro utiliza como ejemplo lo ocurrido en Mallorca durante el mes de julio. Según su explicación, la reina Sofía recibió en Marivent la visita de sus hijas y nietos, que pasaron unos días juntos antes de que llegaran Felipe VI, Letizia y sus hijas. Cuando los actuales reyes llegaron a la residencia mallorquina, ya no permanecían allí los demás familiares, más allá de la reina emérita.

La periodista destaca además una circunstancia que considera significativa. Felipe VI sí coincide con sus hermanas y sobrinos cuando viaja solo, pero, según Aladro, resulta llamativo que en esos encuentros no estén presentes Leonor y Sofía.

La consecuencia sería que las hijas de los Reyes mantienen con la familia paterna una relación fundamentalmente institucional. “Se mueven al paso de su madre”, sostiene la periodista, que considera que sus encuentros con esa parte de la familia “no pasan de lo institucional”.

La situación es todavía más evidente cuando se habla del rey Juan Carlos I. La relación entre el emérito y sus nietas se ha reducido prácticamente a la mínima expresión pública desde que Felipe VI decidió marcar distancias con su padre después de los escándalos que rodearon al antiguo monarca.

La explicación oficial y más extendida es que se trata de una estrategia destinada a proteger la institución y, especialmente, el futuro reinado de Leonor. La retirada de Juan Carlos I de la vida institucional y la reducción de su presencia pública han permitido a Felipe VI intentar construir una imagen de la Corona desvinculada de los problemas que acompañaron los últimos años del reinado de su padre.

Sin embargo, Aladro plantea una cuestión diferente: hasta qué punto la protección de la institución puede terminar afectando a las relaciones personales de las nuevas generaciones de la familia.

“¿Apartar a Leonor y a Sofía prácticamente de toda su familia paterna es una medida institucional verdaderamente necesaria?”, plantea la periodista. Y añade una segunda cuestión: “¿Hasta qué punto afectaría a la salud de la monarquía que la heredera fuese al cine con sus primos o a la ópera con su abuela?”.

La pregunta apunta a una frontera cada vez más difícil de distinguir: dónde termina la estrategia institucional y dónde comienza la dinámica familiar.

La cuestión resulta especialmente delicada porque Leonor está llamada a convertirse en la próxima reina de España. La Casa Real ha construido alrededor de su figura una estrategia de preparación institucional que busca proyectarla como una futura jefa del Estado moderna, independiente y alejada de las controversias que han acompañado a otras generaciones de los Borbones.

Pero esa estrategia tiene también un coste. La distancia con determinados miembros de la familia paterna significa que Leonor y Sofía mantienen una relación mucho menos visible con sus tíos y primos de lo que sería habitual en una familia extensa.

Aladro llega a plantear si detrás de determinadas decisiones existe únicamente una estrategia de protección institucional o también una especie de “guerra fría familiar” en la que las razones institucionales sirven para justificar distancias personales.