El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) ha propuesto un programa de 140 millones de dólares para reforzar la resiliencia a la sequía en países vulnerables, en plena COP17 de lucha contra la desertificación que se celebra en Mongolia.
La iniciativa, denominada Drylands and Drought Management Integrated Program, se ejecutará durante el ciclo de inversión GEF-9 entre 2026 y 2030. Es la respuesta directa al mandato de las partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que reclaman más peso de la sequía en la financiación climática.
De la emergencia a la resiliencia: 140 millones para cambiar el enfoque
No es un programa de emergencia. Según el propio fondo, el foco está en preparar, vigilar, evaluar y mitigar los impactos en cascada de la sequía antes de que se conviertan en crisis alimentarias o migratorias.
- Preparación y alerta temprana: refuerzo de planes nacionales y sistemas de seguimiento.
- Monitoreo y evaluación: medición de la vulnerabilidad antes del colapso de pastos y agua.
- Mitigación y respuesta: actuación sobre ecosistemas, seguridad alimentaria y salud.
‘Invertir en tierra sana y en personas sanas es invertir en seguridad alimentaria, resiliencia climática, biodiversidad, agua, empleo y paz’, sostuvo el director general interino del GEF, Claude Gascon. ‘Con este programa apoyaremos a los países para pasar de la respuesta a la crisis a una resiliencia proactiva frente a la sequía’.
La sequía deja de tratarse como un episodio meteorológico. En las tierras secas de Mongolia, la lluvia decide si hay pasto para el ganado y si los pozos se recargan. La COP17 ha subrayado que el cambio climático hace esas lluvias más erráticas e intensas, lo que reduce su aprovechamiento por escorrentía y aumenta la presión sobre los pastores.
La gestión de pastizales ha ganado protagonismo en las negociaciones. Los delegados discuten políticas de gestión sostenible y reconocen el papel de los pastores frente a la inseguridad alimentaria, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Al mismo tiempo, la sociedad civil reclama que la financiación no se quede en los gobiernos.
El dinero de la resiliencia solo será creíble si llega a las comunidades que manejan la tierra antes de que la sequía se convierta en crisis.
La letra pequeña: del anuncio global al acceso local
Los problemas no acaban con el anuncio. En un diálogo abierto de la COP17, las organizaciones de la sociedad civil señalaron las barreras de acceso a los fondos como uno de los principales frenos para los pastores, junto a presiones como la minería. La mayoría de los recursos del GEF se canaliza a través de estructuras gubernamentales, lo que no siempre garantiza la llegada al territorio.
Para blindar la participación local, el GEF prevé que el 20% de los recursos de su familia de fondos beneficie directamente a pueblos indígenas y comunidades locales. El énfasis en las soluciones lideradas por pastores no es cosmético: durante la COP17 se ha pedido explícitamente integrar los objetivos de neutralidad en la degradación de tierras con iniciativas comunitarias.
Mongolia y la UNCCD impulsan además la Rangelands Flagship Initiative, articulada en tres áreas: conocimiento, inversión e instituciones. El GEF la apoya mediante el proyecto legado de la COP17, una inversión de 3,3 millones de dólares ejecutada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que apalanca otros 8 millones en cofinanciación.
📊 Impacto en cifras
- Financiación anunciada: 140 millones de dólares para el programa integrado de tierras secas y sequía.
- Horizonte: ciclo GEF-9, de 2026 a 2030.
- Dotación total del ciclo: 3.900 millones de dólares como nivel inicial de financiación ambiental.
- Precedente: GEF-8 movilizó más de 300 millones en 50 proyectos de pastizales y medios de vida pastorales.
Análisis: la palanca privada y el filtro local deciden el alcance
El programa forma parte de una expansión más amplia de la financiación ambiental. Cuatro programas integrados alineados con la UNCCD superarán los 800 millones de dólares en desembolsos del GEF, cubriendo sistemas alimentarios, biomas forestales críticos, islas verdes y azules y, por supuesto, la gestión de tierras secas.
La novedad no es solo presupuestaria. El ciclo GEF-9 incorpora un objetivo dedicado a la implementación de planes nacionales de sequía, un índice de vulnerabilidad en la fórmula de reparto y nuevos indicadores para medir mejoras de resiliencia. La sequía deja de ser un riesgo genérico para convertirse en una variable de asignación.
El diseño también mira al capital privado. El 10% de los recursos de GEF-9 se destina a una ventana de financiación combinada, y el objetivo global es emplear el 25% de los recursos del fondo para movilizar inversión privada. Es un giro relevante, pero no exento de tensión: la financiación mixta tiende a fluir hacia proyectos con retorno claro, no siempre hacia los pastores con menos acceso a mercados formales.
El reto para los países vulnerables no es tanto el volumen anunciado como convertir esos compromisos en inversiones prácticas que refuercen la seguridad hídrica, restauren suelo degradado y protejan los medios de vida de las comunidades que dependen de las tierras secas.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 140 millones de dólares para preparar a países vulnerables frente a sequías que ya amenazan seguridad alimentaria, agua y salud.
- Modelo que cambia: se pasa de financiar la emergencia a financiar la prevención, con indicadores de vulnerabilidad y planes nacionales.
- Para las próximas generaciones: suelos y pastizales más resilientes reducen migraciones forzadas y conflictos por recursos escasos.

