La guerra comercial con Canadá se ha colado de lleno en la campaña de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre en Estados Unidos. El Partido Demócrata ha convertido los aranceles del 50% impuestos por el presidente Donald Trump en su principal munición para atacar a los republicanos por el coste de la vida. Según el Washington Examiner, los avisos demócratas suenan con más fuerza en los estados fronterizos que decidirán el control del Congreso, con Michigan, Ohio y Maine a la cabeza.
La escalada arancelaria estalló el pasado sábado tras el fracaso de las negociaciones comerciales entre Washington y Ottawa. Los nuevos gravámenes del 50% se aplican a la electrónica, los productos lácteos y las piezas de vehículos, una munición de doble filo para los republicanos del Cinturón Industrial. El calendario de la escalada se convierte así en un arma electoral. La ronda inicial ya está en vigor y una segunda oleada del 50% no entraría en vigor hasta enero de 2027, después de las elecciones. La Casa Blanca culpa del fracaso del pacto a los cambios de última hora introducidos por Canadá.
Los demócratas han tardado poco en explotar la brecha. En Michigan, el corazón automovilístico del país, el encarecimiento de las piezas de vehículos importadas toca de lleno a los votantes sindicalizados. En Ohio y Maine, dos estados muy expuestos al comercio con Canadá, el mensaje demócrata se centra en la cesta de la compra y en los fertilizantes. Los demócratas quieren convertir el bolsillo en voto. El mensaje es simple.
Michigan, Ohio y Maine: los tres estados que decidirán el Congreso
El caso más visible es el de la senadora Susan Collins, republicana centrista de Maine que ha votado en varias ocasiones contra los aranceles a Canadá. Su oponente demócrata, Troy Jackson, ha rescatado una de esas excepciones para vincularla a la guerra comercial. La campaña de Jackson recuerda que cuando Collins tuvo la oportunidad de frenar los aranceles que encarecían alimentos y bienes de consumo, votó en contra. La senadora calificó la nueva ronda de aranceles de ‘error’ y pidió volver a la mesa de negociación.
El portavoz de Jackson, Dan Gottlieb, lo resume con crudeza: ‘Cuando Susan Collins tuvo la oportunidad de impedir que los aranceles de Trump encarecieran la compra y los productos de uso diario, votó en contra. Por eso los votantes de Maine dicen que vota demasiado con Trump’. La oficina de Collins responde que aquella votación fue una enmienda de mensaje sin efecto real, presentada por los demócratas para arañar puntos. La guerra arancelaria se ha convertido en un campo de minas para los republicanos centristas.
La guerra comercial con Canadá se ha convertido en la gran prueba electoral de la doctrina proteccionista de Trump: los republicanos defienden el giro, los demócratas lo convierten en precio electoral.
La disputa arancelaria no aterriza en un vacío político. El demócrata Sherrod Brown, candidato al Senado por Ohio, ha lanzado un anuncio en el que responsabiliza al senador Jon Husted del coste ‘descontrolado’ de la gasolina y los fertilizantes. El mensaje combina la guerra comercial con la preocupación por la inflación que ya castigó a los demócratas en 2024 y que ahora vuelve a a golpear las encuestas económicas del presidente Trump. La guerra de Irán pesa más en la opinión pública que los aranceles. Según operativos republicanos citados por el Washington Examiner, el conflicto con Irán y su impacto en la gasolina son un factor mayor que la disputa comercial, pero la tempestad arancelaria llega dos meses antes de las elecciones y reabre un flanco incómodo.
El Comité de Campaña Demócrata al Senado (DSCC) —el brazo electoral del partido en el Senado—, a través de su portavoz Tommy Garcia, resume el argumento: ‘Los estadounidenses están pagando más por todo porque los candidatos republicanos al Senado han sido un sello de goma de los caóticos aranceles de Trump a costa de sus estados’. La lista de estados que los demócratas creen vulnerables incluye también a Alaska, donde el senador Dan Sullivan compite en una carrera ajustada. La geografía del comercio con Canadá se superpone a la del Senado. Hay más de media docena de carreras decisivas en estados fronterizos con Canadá.
La respuesta de la Casa Blanca mantiene la línea de Donald Trump. El portavoz Kush Desai afirmó que Canadá rompió un acuerdo ‘increíblemente generoso y justo’ para exigir acceso ilimitado al mercado estadounidense mientras dejaba fuera a las exportaciones americanas. Canadá replica que fueron los negociadores estadounidenses quienes se levantaron de la mesa. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, sugirió apuntar a los estados republicanos para que la economía estadounidense ‘sienta el dolor. La disputa sigue viva.
El coste de vida como munición electoral

Para España, la pelea arancelaria entre Washington y Ottawa no tiene un impacto directo inmediato, pero sí un valor de advertencia. La Casa Blanca ha utilizado los aranceles como moneda de cambio con el mismo lenguaje con el que presiona a la Unión Europea, y una espiral proteccionista prolongada en Norteamérica complica las decisiones de inversión de las empresas españolas con intereses en la región, desde Santander y BBVA hasta Iberdrola, Ferrovial o las filiales del del textil gallego. El argumento demócrata —que los aranceles se traducen en precios más altos— es el mismo que Bruselas y Madrid han escuchado en negociaciones anteriores.
De cara al 3 de noviembre, la gran incógnita es cuánto pesará la disputa comercial frente a la guerra de Irán y la movilización de las bases. Los republicanos defienden una mayoría exigua en ambas cámaras y los demócratas necesitan muy pocos escaños para cambiar el equilibrio. La guerra comercial con Canadá no decidirá sola las elecciones, pero puede inclinar los distritos más expuestos. Habrá que seguir la escalada hasta noviembre: el próximo gran aviso arancelario está fechado, precisamente, para después de las urnas.
La Lógica de Washington
Detrás del choque con Canadá hay una lógica que no es nueva. La Administración Trump entiende los aranceles como una herramienta de presión para reequilibrar las relaciones comerciales y recuperar empleo industrial. Es la misma doctrina que llevó al presidente Reagan a proteger el acero estadounidense en 1984. Entonces, como ahora, la justificación fue la seguridad económica nacional y el argumento central ante los votantes: proteger al trabajador americano. La base republicana comparte, en su mayoría, ese planteamiento. El problema no es el fondo, sino el calendario: la subida de precios se siente justo antes de una elección.
Para los republicanos de Michigan, Ohio o Maine, el comercio con Canadá no es una abstracción. Es la cadena de suministro de la industria del automóvil, los arándanos y langostas de Maine, o los fertilizantes del Medio Oeste. De ahí que la lectura estratégica en Washington sea de contención: no abandonar la doctrina, pero sí ganar tiempo. Por eso el segundo gran aviso arancelario queda deliberadamente aplazado hasta enero de 2027. La doctrina continúa. Para España y la Unión Europea, este giro confirma un escenario ya conocido: los aranceles estadounidenses se deciden en clave doméstica y se negocian bajo presión. La próxima ventana es la negociación con la UE, donde la Casa Blanca empleará un manual parecido.
Ficha del Caso
- El caso: la guerra comercial con Canadá, reactivada tras el colapso de las negociaciones, se ha convertido en eje de la campaña demócrata para las elecciones de medio mandato.
- Datos clave: aranceles del 50% a electrónica, lácteos y piezas de vehículos; segunda oleada del 50% aplazada a enero de 2027; elecciones el 3 de noviembre; estados clave: Michigan, Ohio, Maine y Alaska.
- Para España: impacto indirecto; la espiral proteccionista y el calendario influyen en el clima de inversión y anticipan el tono de las negociaciones entre Washington y la Unión Europea.

