3Las estaciones de los puertos de montaña y pasos tradicionales
Los puertos de montaña y los pasos tradicionales concentran algunas de las estaciones de servicio más caras de la red, y no por casualidad. Son puntos donde el camión cisterna recorre decenas de kilómetros de curvas para entregar el carburante, y ese transporte encarece el producto antes de que llegue al surtidor. Además, son negocios de bajo volumen: venden poco durante casi todo el año y deben repartir los costes fijos entre muchos menos litros que una estación urbana, lo que obliga a subir el margen por litro. Y como suelen ser la única opción en decenas de kilómetros, no existe competencia que discipline los precios: el conductor que corona el puerto con la aguja en la reserva paga lo que hay, sin alternativa. El Puerto de Navacerrada, en la M-601 entre Madrid y Segovia, lo ilustra: mientras en Alpedrete, en el valle, la gasolina 95 rondaba los 1,485 euros el litro, en la estación del puerto se cobraba por encima de 1,61 euros, más de trece céntimos de diferencia por un trayecto de pocos minutos.
Durante la operación retorno esa brecha se ensancha. Son jornadas con millones de desplazamientos y la demanda se concentra justo en estas rutas de vuelta, donde la estación apenas tiene rival y puede mantener el cartel alto porque el cliente está cautivo, como denuncian los propios transportistas en comunidades como Asturias. Los datos del Geoportal del Ministerio confirman el patrón: en pleno agosto, cerca de 478 estaciones vendían ya el diésel por encima de los dos euros el litro, y los puertos y pasos tradicionales son terreno abonado para esos letreros, con gasolina 95 que en algunos puntos del país rozaba los 2,15 euros frente a los 1,4 de las más baratas. La solución pasa por planificar antes de salir: consultar los precios actualizados del Geoportal y llenar el depósito en el valle, donde el litro se movía entre 1,4 y 1,6 euros, para encarar la subida solo con el depósito lleno y que el paisaje de la sierra no acabe convertido en una factura.

