Wall Street recoloca la deuda de centros de datos: el mismo patrón que en 2008

La banca de inversión diseña vehículos para sacar de balance 7 billones de dólares en activos respaldados por centros de datos. El inversor final ya no es el banco: son los fondos de pensiones y aseguradoras.

La deuda de centros de datos ronda 7 billones de dólares y Wall Street ya la recoloca, según FT. La inteligencia artificial se financia con un mecanismo similar al de 2008.

Claves de la operación

  • JPMorgan, Morgan Stanley y SMBC tantean transferencias sintéticas de riesgo. El banco mantiene el préstamo en cuentas y paga a un inversor para que cubra pérdidas.
  • Broadcom ha cerrado un vehículo de propósito especial con Blackstone y Apollo. Los semiconductores que desarrolla junto a Google actúan como colateral.
  • El riesgo aterrizará en fondos de pensiones y aseguradoras. El mercado público y el pequeño inversor se perfilan como destino final.

La banca se quita de encima el riesgo de los centros de datos

Las estimaciones del FT apuntan a 7 billones de dólares invertidos hasta 2030. Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta han firmado ya contratos de alquiler por más de 1,5 billones. Ni siquiera las tecnológicas con caja pueden afrontar facturas tan descomunales.

Un banco que ha prestado 5.000 millones para un centro de datos tiene un problema: demasiado dinero apostado a un solo edificio. JPMorgan, Morgan Stanley y SMBC han tanteado las transferencias sintéticas de riesgo. El banco mantiene el préstamo y paga a un inversor externo para que cubra las pérdidas si el proyecto sale mal. Sobre el papel, el crédito sigue en su balance, pero el que perdería dinero es otro.

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La segunda vía son los vehículos de propósito especial. Una sociedad aparte, propietaria del centro de datos, se endeuda por su cuenta. Broadcom ha cerrado un vehículo con Blackstone y Apollo en el que los semiconductores que desarrolla junto a Google actúan como colateral de cientos de miles de millones en capacidad de financiación. Morgan Stanley prepara la colocación de 15.000 millones en deuda de un centro en Texas, respaldado por Google.

NVIDIA recaudó hace dos semanas 500.000 millones con BlackRock, Blackstone, Apollo, KKR, Brookfield y Goldman Sachs. Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, lo describió como ‘el futuro de la ingeniería financiera’. El riesgo sale del banco y aterriza en otro lado.

El inversor final se queda con un activo respaldado por el nombre del inquilino, no por el valor real del edificio.

Richard Myers, de Morgan Stanley, ha señalado cuál es el siguiente destino: el mercado público y el pequeño inversor. Fondos de pensiones y aseguradoras se perfilan como compradores naturales por su apetito de activos ‘estables y de bajo riesgo’. El paquete se vende como seguro porque el inquilino del centro de datos es Microsoft, no porque el edificio valga lo que dice el papel.

QTS ya ha pasado de precio solvente a bono basura en cuatro meses

En abril, QTS colocó 4.600 millones en bonos para un centro en Georgia alquilado a Microsoft y recibió peticiones por casi el triple. La letra pequeña era que la deuda dura más que el alquiler. Cuando Microsoft se vaya, el edificio necesitará otro inquilino para pagar a los acreedores. Nadie sabe si en 2036 habrá cola para alquilarlo.

QTS ha vuelto a emitir al 7,2% hace unos días, frente al 5,7% de abril. Precio de empresa solvente a bono basura en cuatro meses. Un analista de Crayhill Capital resume la sospecha: es como financiar un fax justo antes de que alguien invente el correo electrónico.

El inversor final paga la fiesta: fondos de pensiones y aseguradoras

Debajo de toda la estructura hay una apuesta simple: que los grandes modelos de lenguaje, los que necesitan más infraestructura, sean los que ganen. A partir de 2029 habrá más capacidad de cómputo que demanda. Si eso ocurre, el problema es de escala planetaria.

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Las hipotecas de 2008 eran préstamos a familias que no podían pagarlos. Aquí hay contratos firmados por las empresas más solventes del mundo y dinero real entrando cada mes. No es lo mismo, pero el mecanismo sí se parece. Nadie sabe cuánto valdrá el activo dentro de diez años, la nota de solvencia describe al inquilino y no al inmueble, y el riesgo se trocea hasta que cuesta saber quién lo tiene encima.

En España, Cellnex representa el modelo de infraestructura con clientes bajo contrato, pero la diferencia está en la diversificación. Sus torres se alquilan a múltiples operadores, mientras que un centro de datos a menudo depende de un único inquilino. La concentración es el riesgo silencioso.

Las aseguradoras ya se están echando atrás. Un centro de datos supera con frecuencia los 10.000 millones de coste, y ninguna quiere concentrar tanto dinero en un único punto del mapa. La mayoría de los fondos tiene apetito por activos estables. La próxima emisión de deuda mostrará si el mercado sigue dispuesto a pagar rendimientos crecientes por papel respaldado solo por un nombre.