La banca europea ha duplicado en 2026 la liquidez solicitada al BCE, hasta 230.000 millones de euros desde abril. La ventanilla semanal de Fráncfort ha dejado de ser un recurso marginal para convertirse en una fuente estructural de financiación.
Según los datos que recoge el sector y a los que ha tenido acceso Expansión, las entidades han disparado sus peticiones en las subastas semanales de la autoridad monetaria. El volumen acumulado en lo que va de año alcanza ya 460.000 millones de euros, un 45% más que en el mismo periodo de 2025. El año pasado, en cambio, apenas captaron 109.000 millones en ese arranque. Desde abril, cuando el BCE telegrafió la subida de tipos que ejecutaría en junio, las solicitudes no han dejado de crecer.
Por qué los bancos han perdido el miedo a la ventanilla del BCE
El recurso al banco central se vuelve atractivo por una cuestión de precio y de necesidad. Tras la subida de tipos de junio, pedir liquidez en la subasta semanal cuesta un 2,4%, equivalente a 15 puntos básicos por encima de la tasa de depósito. Hace años, ese diferencial llegó a ser de 50 puntos básicos y acudir regularmente a la ventanilla se interpretaba como una señal de debilidad financiera.
Ese estigma se ha desvanecido. El exceso de liquidez de la Eurozona ha caído hasta los 2,2 billones de euros después de que el Banco Central Europeo drenara una parte relevante de su cartera de deuda y recuperara los préstamos a largo plazo concedidos al sector financiero. El pico superó ampliamente los 4 billones. Ahora, las estimaciones internas sitúan el suelo entre 1,8 y 1,4 billones, un umbral en el que la liquidez escasea y hay que competir por ella.
En una reunión reciente con la autoridad monetaria, los propios bancos reconocieron que detectan ‘una creciente competencia por la liquidez’. La generalización de los pagos y transferencias instantáneos ha elevado la necesidad de contar con provisiones adicionales. Fráncfort escucha, pero no apaga el debate: algunos miembros del Consejo de Gobierno respaldaron en julio una nueva subida de tipos, señal de que la normalización monetaria admite pocas pausas.
La banca española no está al margen. Las entidades nacionales se financian cada vez más en el mercado mayorista y en depósitos, por lo que la presión sobre la liquidez europea encarece sus costes. La competencia por el pasivo minorista podría intensificarse en los próximos meses, con campañas de remuneración de depósitos. El crédito a empresas y familias nota la mayor selectividad. Las pymes, más dependientes del circulante, son las primeras en percibir el cambio.
La normalización monetaria ya no es un proceso silencioso: los bancos compiten por cada euro de liquidez y el BCE vuelve a fijar el tono del crédito.
Qué está pasando con el crédito en España y en la Eurozona
El encarecimiento de la liquidez mayorista se filtra al crédito con cierto retardo. En España, el crédito vivo a hogares y empresas no registra todavía caídas abruptas, pero los estándares de concesión se endurecen. Las pymes, más expuestas a la financiación a corto plazo, notan antes la mayor selectividad de la banca, sobre todo en sectores intensivos en capital circulante como la distribución, la construcción, y la hostelería.
Las entidades españolas han pasado de depender del BCE a competir por los depósitos minoristas, una batalla que ya se libra con remuneraciones al alza en cuenta corriente, y depósitos a plazo. La subida de tipos de junio no ha hecho sino acelerar esa pugna. La liquidez ya no sobra, y eso marca el ritmo de las ofertas comerciales. La banca mediana, con menos acceso a los mercados mayoristas, es la que más presión sufre.
Mientras tanto, Fráncfort impulsa el Proyecto Pontes, un esquema con tarifa única que busca abaratar los pagos transfronterizos en euros. La iniciativa se enmarca en la misma lógica: con menos dinero en circulación, conviene que los flujos sean más eficientes. Algunos consejeros del BCE ya presionaron en julio por endurecer aún más la política monetaria, lo que mantiene a los bancos en alerta sobre el precio futuro de la liquidez.
El efecto llamada no ha hecho más que empezar.
La lectura de los expertos es que el fin del estigma llegará a finales de 2026. Para 2027 se espera un repunte visible en el uso de las facilidades del BCE, según Sébastien Figué, del equipo de Tesorería de BNP Paribas. La normalización monetaria ya no es una hipótesis: es el nuevo equilibrio.
El Eje del Poder Europeo
El drenaje de liquidez no es un proceso neutral. Los países del norte, con sistemas bancarios menos dependientes del BCE y una inflación más contenida, ven con buenos ojos una normalización rápida. Berlín y La Haya llevan años reclamando que Fráncfort deje de alimentar la máquina monetaria. Los halcones del Consejo de Gobierno, algunos procedentes de esos países, respaldaron en julio una nueva subida de tipos y presionan para que el balance del BCE siga adelgazando.
En el sur, la lectura es distinta. España e Italia, con economías más dependientes del crédito bancario y con mayor peso de pymes, sufren antes el encarecimiento de la liquidez. El Tesoro español también compite por financiación en un mercado donde el BCE ya no es el comprador marginal. La prima de riesgo se mantiene contenida, pero el margen para errores se estrecha. Las entidades italianas, muy dependientes de la liquidez del banco central durante la crisis, observan el drenaje con especial inquietud.
El precedente no es halagüeño. Durante la crisis de deuda europea de 2010-2012, el exceso de liquidez del BCE fue el cortafuegos que evitó un colapso financiero. Ahora el banco central retira ese paraguas en en un entorno de deuda pública elevada y de tensiones geopolíticas. La Eurozona transita hacia una política monetaria normalizada sin haber completado la unión bancaria ni la unión de mercados de capitales.
La próxima reunión de política monetaria del BCE servirá para calibrar si la demanda de liquidez sigue subiendo o si el encarecimiento desincentiva nuevas peticiones. Mientras tanto, la banca europea ha vuelto a llamar a la puerta de Fráncfort. Y Fráncfort ha respondido. Otra vez.
