Marco Rubio ha presentado este jueves la Foundry School, un programa de formación en manufactura, y ha reivindicado el ‘nacionalismo económico’.
Foundry School: formación para recuperar la manufactura
El anuncio llegó en un discurso en Washington ante otros miembros de la administración. La iniciativa busca entrenar a trabajadores en oficios industriales y diseño de producto, según la intervención difundida por el Departamento de Estado.
Rubio lo enmarcó en una visión más amplia. ‘El Estado-nación sigue importando, el nacionalismo es real, las fronteras nacionales siguen importando y los países van a actuar siempre en su propio interés’, afirmó. Según su lectura, las decisiones de la administración Trump son solo los primeros pasos para corregir los errores de la política económica estadounidense de los últimos 35 años.
Un ajuste de cuentas con 35 años de política comercial
El jefe de la diplomacia fue más lejos y utilizó la palabra ‘error’ sin ambages. ‘Creo que cometimos un terrible error en este país hace muchos años, con responsables de la época, sobre todo al final de la Guerra Fría‘, explicó. El error, según Rubio, fue asumir que la capacidad de fabricar cosas ya no importaba.
En aquella lógica, lo determinante era producir allí donde resultara más eficiente y barato: más beneficio para la empresa, precios más bajos para el consumidor. ‘Había una fantasía, en realidad, de que el mundo entero se convertiría en democracias de libre empresa y de que todos acabarían pareciéndose a nosotros’, sostuvo. La deslocalización no fue un accidente: fue una consecuencia de esa doctrina.
Washington ha dejado de ver la deslocalización como un resultado natural del comercio: ahora la aborda como un problema de seguridad nacional.
El resultado, describió Rubio, fue la desindustrialización de Estados Unidos. ‘Perdimos la capacidad de fabricar cosas. No solo grandes cosas… incluso algunos de los componentes más básicos que sostienen la vida económica del siglo XXI’, añadió. Hace unos años, el país despertó a una dependencia que calificó de peligrosa para la seguridad nacional y la supervivencia como Estado-nación próspero.
El secretario de Estado concluyó que revertir esos errores exigirá varias administraciones. De hecho, su nombre ya aparece en las quinielas republicanas para 2028, aunque el vicepresidente JD Vance parte como favorito. Esa longevidad del proyecto es, en sí misma, una declaración de intenciones.
La economista Carol Roth, colaboradora de Blaze Media, añadió un matiz relevante: el dólar como moneda de reserva global produjo financiación barata y mejores precios, pero vació la base manufacturera. A su juicio, algunos bienes no volverán a fabricarse en Estados Unidos por razones de costes e infraestructura; la prioridad deberían ser defensa, fármacos y sectores sensibles. Es un matiz importante: la reindustrialización tiene límites.

La Lógica de Washington
En Washington, el discurso de este jueves no es una pieza retórica aislada. Encaja con el giro industrial que el Partido Republicano viene defendiendo desde hace años: el déficit comercial y la pérdida de capacidad productiva como amenaza estratégica, no solo económica. Hay precedentes claros. Ronald Reagan protegió la industria del acero en 1984 y George W. Bush impuso aranceles al metal en 2002; en ambos casos, la justificación fue la seguridad nacional. La novedad de Marco Rubio es que ahora la diplomacia asume ese relato como doctrina oficial.
Para España, el mensaje importa. Las fábricas españolas de componentes de automoción —Gestamp, CIE Automotive— mantienen plantas en el cinturón industrial de Estados Unidos, y los laboratorios farmacéuticos españoles compiten en un mercado donde Washington quiere reducir de de forma estructural su dependencia exterior. No es alarma ni catástrofe: es una nueva agenda que premia la producción local y obliga a las empresas españolas a decidir si producen dentro o compiten desde fuera. Bruselas observa el mismo movimiento con cautela, no con el pánico con el que se titula en algunas capitales europeas.
La proyección a largo plazo es la clave. La Foundry School no cambia la política comercial de un día para otro, pero señaliza hacia dónde apuntan las inversiones y los incentivos federales de la Casa Blanca. La gran incógnita es si un programa de formación puede devolver cadenas de suministro que se desmantelaron durante tres décadas. Y si el relevo generacional que promete Rubio sobrevivirá a los resultados electorales. Washington no pide permiso. Pero sí necesita tiempo.
Ficha del Caso
- El caso: El secretario de Estado Marco Rubio presentó este jueves la Foundry School y defendió el nacionalismo económico como vía para revertir 35 años de desindustrialización.
- Datos clave: Programa nacional de formación en manufactura y diseño; diagnóstico de dependencia peligrosa en componentes básicos; recuperación que exigirá varias administraciones.
- Para España: Las empresas industriales y farmacéuticas españolas con intereses en EE. UU. deberán navegar un entorno que premia la producción local.

