EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Nigeria confirma que unos 200 soldados de EE.UU. desplegados desde febrero abandonarán el país a finales de septiembre de 2026.
- ¿Quién está detrás? El mando militar nigeriano y el AFRICOM estadounidense, que mantendrán un equipo reducido de asesoría e inteligencia.
- ¿Qué impacto tiene? La retirada reduce la presencia occidental en el Sahel y deja el espacio abierto a otros actores en un frente antiterrorista frágil.
Nigeria confirma la retirada de EE.UU.: unos 200 soldados desplegados desde febrero abandonarán el país a finales de septiembre. El mando militar nigeriano mantendrá un equipo reducido de asesoría e inteligencia, según el portavoz de Defensa, mayor general Samaila Uba.
La confirmación de Abuja y la letra pequeña del repliegue
Uba precisó que el despliegue estadounidense estaba ligado a ‘objetivos operativos y antiterroristas específicos’ y que la cooperación en entrenamiento e intercambio de información continuará. La fórmula evita hablar de retirada total: Washington deja atrás un núcleo de inteligencia con capacidad de asesorar operaciones, pero sin la masa de tropas sobre el terreno.
Las tropas llegaron en febrero y, poco después, Estados Unidos desplegó drones MQ-9 Reaper en el aeródromo de Bauchi, al noreste del país. Esa misión arrancó tras una acusación directa del presidente Donald Trump, que reprochó a las autoridades nigerianas no proteger a los cristianos y amenazó con medidas militares. Abuja rechazó el argumento y subrayó que la violencia yihadista, el bandidaje y los conflictos comunitarios afectan a ciudadanos de todas las confesiones.
En diciembre de 2025, los dos países ejecutaron bombardeos coordinados contra posiciones del Estado Islámico en el estado de Sokoto. En mayo, una operación conjunta en la cuenca del lago Chad mató a Abu-Bilal al-Minuki, al que Trump presentó como el segundo líder mundial del grupo. El jefe del AFRICOM, general Dagvin Anderson, anunció en julio que la mayoría de las tropas ya había salido y sostuvo que la campaña degradó el liderazgo del Estado Islámico.
Esa evaluación tiene réplica. Samuel Memeh, presidente de la Alianza de Liderazgo Democrático de Nigeria, dijo a RT que el despliegue no produjo ninguna mejora significativa de la seguridad y que las fuerzas extranjeras no pueden derrotar por sí solas a los grupos armados del país.
La salida no certifica una victoria antiterrorista: los secuestros y los ataques siguieron subiendo con los soldados estadounidenses en Nigeria.
El terreno que queda tras la salida de los MQ-9 Reaper
Permanecen riesgos serios, no obstante. Boko Haram y su escisión leal al Estado Islámico operan en el noreste; bandas armadas actúan en el noroeste y el centro, y la violencia intercomunitaria persiste. Desde 2009, la insurgencia ha dejado más de 40.000 muertos, según datos citados por la ONU en enero.
Los ataques graves continuaron durante el despliegue. El 21 de agosto, hombres armados asaltaron varias comunidades en el estado de Níger: mataron a 30 personas y secuestraron a cientos de fieles en una mezquita. Residentes elevaron la cifra de cautivos hasta 600, aunque las autoridades no verificaron el número. Al menos 2.000 personas huyeron a Benín. La consultora SBM Intelligence cifró en 7.825 personas secuestradas entre julio de 2025 y junio de 2026, un 66% más que en el periodo anterior.
La retirada de Washington no alivia esas cifras. Nigeria seguirá peleando con ayuda de asesores e inteligencia, pero con menos capacidad de vigilancia aérea y de golpes de precisión. La operación en en la cuenca del lago Chad contra mandos del Estado Islámico fue el punto alto; la duda es si habrá más.

Equilibrio de Poder
Para Washington, la salida de Nigeria es coherente con la doctrina de repliegue selectivo del AFRICOM: menos bases permanentes y más acuerdos quirúrgicos. Observamos, sin embargo, un patrón. Después de la retirada francesa de Malí en 2022 y del abandono de la base de Agadez, en Níger, en 2024, el Sahel central se ha reconfigurado. La influencia rusa avanza; Moscú ofrece seguridad a gobiernos militares a cambio de acceso a recursos. Ahora Nigeria sigue sin romper con Occidente, pero el hueco que deja Washington no queda vacío.
Para España, el teatro es relevante. El Sahel es la frontera avanzada de la presión migratoria, el tráfico de armas y el yihadismo que mira hacia el Mediterráneo. Una Nigeria desestabilizada no es un problema lejano: alimenta rutas que terminan en los pasos de Canarias y en la costa andaluza. La reducción de presencia estadounidense obliga a la UE —y a Madrid— a decidir si rellena el espacio con medios europeos, con acuerdos bilaterales o con una combinación de ambos. La retirada no es solo antiterrorista; es una señal de que el eje de prioridad estadounidense sigue girando hacia el Indo-Pacífico.
El riesgo inmediato es de escalada asimétrica. Los grupos armados leen los repliegues como victoria. La próxima ventana crítica será octubre, cuando se verifique si el equipo de inteligencia que permanece en Nigeria puede mantener el nivel operativo alcanzado en Sokoto y en el lago Chad. No es la primera vez que una salida occidental se lee como abandono. La confirmación de Abuja no cierra la misión; la reduce. La pregunta es si el Sahel sabrá distinguir entre retirada y abandono.
