9Pescado congelado al papillote de papel de horno, sin manchas
Que el pescado desaparezca de la cena en septiembre no suele ser falta de ganas, sino de planificación: comprarlo fresco obliga a cocinarlo ese mismo día y a fregar después. El congelado borra ese problema y, según el análisis que la OCU publicó en febrero de 2025, también el del precio: la merluza congelada de supermercado ronda los 10 euros el kilo y hay rodajas de buena calidad por menos de 9, como las de El Cabo de IFA Eliges a 3,59 euros los 400 gramos. Su valor nutricional es equivalente al de la fresca, sin aditivos ni parásitos, y la congelación industrial elimina el riesgo de anisakis, un detalle que tranquiliza cuando se cocina para niños. El lomo puede salir del arcón y hornearse sin descongelar con solo sumar unos minutos de cocción, así que no hace falta acordarse de sacarlo por la mañana: una respuesta cómoda para las noches en las que el horario escolar no deja margen.
El envoltorio es la otra mitad del éxito: papel de horno en lugar de aluminio. El papillote cocina el pescado al vapor en su propio jugo a unos 200 grados durante 15-20 minutos y retiene dentro todo lo que en una bandeja desnuda habría que restregar: jugos, hierbas y grasa. No hay sartén pringada ni olor a pescado instalado en la cocina, y el papel, sin necesidad de engrasarlo, se desecha directamente tras la cena. La cocción es casi a prueba de fallos: cuando el paquete se hincha, está listo, y aunque uno se pase de tiempo el vapor evita que el pescado quede seco. Para abrirlo sin manchas, se lleva el paquete a la mesa, se practica un pequeño corte en una esquina para que escape el vapor y se sirve deslizando el contenido o doblando el propio papel a modo de plato: bandeja limpia y fregoteo reducido a cero, justo lo que pide septiembre.

