Defensa quiere que el SKYDOR siga operativo hasta que llegue su sustituto. El Ministerio ha puesto en manos de Navantia y SAPA la actualización y mantenimiento de uno de los sistemas de artillería antiaérea más veteranos del Ejército de Tierra, una decisión que responde a una necesidad muy concreta: España no puede permitirse dejar un vacío en la defensa de muy baja cota mientras se desarrolla y contrata una nueva generación de sistemas SHORAD y VSHORAD.
El SKYDOR, asociado a los conocidos cañones bitubo de 35/90 milímetros, continúa formando parte de las unidades de artillería antiaérea españolas y participando en ejercicios operativos. El propio Ejército de Tierra mantiene secciones SKYDOR dentro de sus despliegues de defensa aérea.
La situación explica por qué Defensa ha decidido invertir ahora en prolongar la vida útil del sistema, aunque su sustitución ya esté sobre la mesa. La alternativa sería asumir durante los próximos años una pérdida de capacidad precisamente en una de las áreas que más importancia ha adquirido en los conflictos actuales: la protección frente a drones y otras amenazas aéreas de baja cota.
Un sistema veterano que todavía tiene una misión
El SKYDOR no es un sistema nuevo. Su origen se encuentra en los programas desarrollados por la antigua Izar —posteriormente integrada en Navantia— junto a Oerlikon Contraves. Entre 2000 y 2007 fueron entregadas al Ejército de Tierra 24 direcciones de tiro SKYDOR, destinadas a proporcionar una capacidad automatizada de control del fuego de los cañones 35/90.
Su funcionamiento combina sensores, dirección de tiro y sistemas de control capaces de proporcionar los datos necesarios para que los cañones puedan enfrentarse a objetivos aéreos. La propia información del Ejército describe una unidad sensora y un puesto de mando instalados en vehículos independientes, mientras que Navantia presenta actualmente el SKYDOR como un sistema de defensa antiaérea de muy baja cota que integra sensores y permite controlar estaciones de artillería.
El problema es que la tecnología ha envejecido mucho más rápido que la necesidad operativa que cubre. El Ejército necesita seguir protegiendo instalaciones, unidades y puntos sensibles frente a amenazas que vuelan cada vez más bajo y que, en muchos casos, son pequeñas, numerosas y baratas.
Ahí aparece la paradoja del SKYDOR: aunque su arquitectura pertenece a otra generación tecnológica, la combinación entre sus direcciones de tiro y los cañones 35/90 puede seguir teniendo sentido en determinados escenarios.
Defensa necesita ganar tiempo hasta que llegue el relevo
La clave de la decisión está en el calendario. Defensa prepara un relevo generacional para la artillería antiaérea de baja y muy baja cota, pero ese sustituto todavía no se ha materializado.
Por eso el Ministerio está utilizando una fórmula habitual en programas de defensa: mantener la capacidad existente mientras se desarrolla la siguiente generación. Navantia ha recibido un contrato para mantener los Centros Directores de Fuego y las Unidades Sensoras del SKYDOR, mientras SAPA trabaja sobre los propios cañones 35/90. El acuerdo marco de mantenimiento del sistema contempla actuaciones para garantizar su operatividad durante los próximos años.
El último contrato formalizado con Navantia, publicado en el BOE, tiene un importe de 2,06 millones de euros y corresponde al mantenimiento del sistema SKYDOR. La adjudicación se realizó el 24 de julio de 2026.
La operación debe entenderse, por tanto, como un puente entre dos épocas. Defensa no está apostando por el SKYDOR como solución definitiva, sino evitando que una capacidad todavía necesaria desaparezca antes de disponer de un sustituto.
Es una diferencia importante. El objetivo no es convertir un sistema veterano en uno completamente nuevo, sino conseguir que pueda continuar prestando servicio con garantías mientras se concreta el programa que deberá reemplazarlo.

Los drones han cambiado las reglas del combate
La guerra de Ucrania ha reforzado una tendencia que ya estaba presente en los estudios militares: los drones han convertido la defensa antiaérea de muy corto alcance en una prioridad.
El problema no consiste únicamente en derribar aviones o helicópteros. Las fuerzas terrestres tienen que enfrentarse a drones pequeños, municiones merodeadoras y aeronaves no tripuladas que pueden utilizarse en grandes cantidades. Emplear contra ellos misiles de elevado coste puede resultar económicamente insostenible.
Es aquí donde el binomio SKYDOR y cañón 35/90 vuelve a adquirir interés. El Ejército de Tierra ha probado incluso munición AHEAD contra blancos aéreos no tripulados. Durante un ejercicio celebrado en Huelva en marzo de 2026, una sección SKYDOR participó en una actividad de fuego real contra drones utilizados como blancos.
La munición AHEAD introduce además una posibilidad especialmente interesante: generar una nube de subproyectiles delante del objetivo para aumentar las probabilidades de destrucción. De esta forma, un cañón diseñado décadas atrás puede adaptarse a una amenaza que entonces prácticamente no existía.
La amenaza ha cambiado y el arma también puede evolucionar. Esa es una de las razones por las que mantener operativo el SKYDOR tiene sentido mientras llega una solución más moderna.
SAPA mantiene los cañones y Navantia la dirección de tiro
La decisión de Defensa también responde a la necesidad de actuar sobre las dos partes fundamentales del sistema. Navantia se ocupa de la dirección de tiro SKYDOR, mientras SAPA trabaja sobre los cañones antiaéreos 35/90 milímetros GDF-007.
Estos cañones fueron adquiridos originalmente décadas atrás y han pasado por diferentes procesos de modernización hasta alcanzar su configuración actual. La intervención de SAPA busca mantener su disponibilidad y prolongar su ciclo de vida, evitando que la antigüedad de los componentes termine convirtiéndose en una limitación operativa.
El esfuerzo industrial no es menor. Según la información publicada sobre los contratos, la inversión destinada al conjunto de la dirección de tiro y los cañones se aproxima a 50 millones de euros si se consideran los diferentes programas de mantenimiento y adquisición de repuestos.
La operación tiene además una lectura estratégica para España. Mantener estas capacidades en manos de la industria nacional permite conservar conocimiento tecnológico, personal especializado y capacidad de integración de sistemas de armas.
Navantia, de hecho, está reforzando su presencia en el ámbito terrestre y presentó el SKYDOR en Eurosatory 2026 como parte de su oferta de sistemas de defensa antiaérea. La compañía destaca precisamente su experiencia en integración de sensores, armas y sistemas de mando y control.

El SKYDOR será el puente hacia una nueva defensa antiaérea
La decisión de Defensa tiene así una explicación sencilla: España necesita cubrir el presente mientras prepara la defensa antiaérea del futuro.
El SKYDOR seguirá teniendo utilidad mientras permanezca disponible una munición adecuada, existan repuestos y pueda integrarse en la arquitectura de defensa aérea. Su presencia en ejercicios recientes demuestra que continúa siendo empleado dentro de una estructura mucho más amplia en la que conviven sistemas como NASAMS, Mistral y otras capacidades antiaéreas.
Pero el horizonte está marcado. El Ejército necesita una solución capaz de responder a un entorno en el que los drones serán cada vez más numerosos, baratos y sofisticados. La futura capacidad SHORAD y VSHORAD tendrá que aportar más movilidad, sensores modernos, automatización, conectividad y capacidad específica contra amenazas no tripuladas.
Hasta que ese relevo llegue, retirar el SKYDOR sería dejar un hueco difícil de cubrir. Por eso Defensa ha elegido una estrategia pragmática: invertir en el sistema que ya tiene, recuperar su disponibilidad y mantenerlo operativo durante los próximos años.
No se trata de volver al pasado. Se trata de evitar que el futuro llegue demasiado tarde.
