Bruselas teme que la polarización en Alemania condicione los grandes consensos de la UE

El avance de AfD en Sajonia-Anhalt erosiona el centro político alemán y obliga a Bruselas a calcular el coste de un Berlín paralizado en la agenda comunitaria. La fractura sobre Rusia y Ucrania divide a las familias ultras y tensiona al Partido Popular Europeo.

Bruselas teme que la polarización de Alemania condicione los grandes consensos de la UE tras el avance de AfD en Sajonia-Anhalt.

Por qué Sajonia-Anhalt no es solo un aviso electoral alemán

El avance de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt ha llegado a la capital comunitaria como una sacudida silenciosa. No es un terremoto institucional, pero sí una advertencia que los equipos de la Comisión Europea y del Consejo ya colocan sobre sus mapas de riesgo. Según fuentes comunitarias citadas por El País, la polarización interna alemana puede condicionar la política europea en grandes consensos como Ucrania, Rusia, defensa, competitividad, o la propia ampliación.

El problema no es tanto si la ultraderecha logra formar gobierno en ese land del este alemán. El problema es que la erosión del centro político de Berlín desestabiliza el papel histórico de Alemania como ancla de la Unión. La erosión del centro alemán es un problema para toda Europa‘, vaticina una fuente de Bruselas recogida por el diario. AfD defiende el fin del apoyo militar a Ucrania y la reanudación de acuerdos energéticos con Moscú, posiciones que chocan de frente con la línea comunitaria.

Publicidad

La alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, reaccionó el lunes desde Lituania con un mensaje nítido. ‘Los partidos que son ciegos ante esta amenaza y dicen que no deberíamos hacer nada al respecto porque no es asunto nuestro, están ganando terreno’, dijo. ‘Me preocupa que podamos despertar sin haber hecho lo suficiente para disuadir las amenazas y defendernos’.

La fractura sobre Rusia y Ucrania se instala en la Eurocámara

Sajonia-Anhalt no cierra el ciclo, lo abre. Alemania encadena varias citas regionales hasta 2027, y el calendario europeo suma además elecciones en Francia —la próxima primavera—, Polonia, Italia, y España. La lectura en París es de alerta mayor. El ministro de Finanzas francés, Roland Lescure, definió el resultado como ‘un momento muy grave para Europa’ y llamó a resistir una ‘ola populista que se está extendiendo por todo el mundo’.

Desde Varsovia, el primer ministro polaco, Donald Tusk, fue más duro: ‘En Polonia solo los idiotas o los traidores pueden disfrutar del triunfo de la AfD en Alemania’. En Italia, el ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, deseó que se trate de una excepción local, mientras su socio de Gobierno, Matteo Salvini (Liga), celebró el ‘éxito clamoroso’ de la formación ultras. Santiago Abascal (Vox) felicitó a los líderes de AfD por un resultado ‘que es una gran esperanza para Alemania y para Europa’.

La erosión del centro alemán no es un riesgo local: es el aviso de que la primera economía de la UE puede quedarse sin margen para arbitrar los próximos consensos.

Las felicitaciones de Salvini y Abascal llegan desde la familia Patriotas por Europa, el grupo euroescéptico que contemporiza con Rusia y que no comparte grupo con la AfD, expulsada de su espacio parlamentario por sus comentarios comprensivos con los nazis en la campaña electoral europea. Sin embargo, la sintonía de fondo es incómoda para Bruselas. El Kremlin evita celebraciones oficiales, pero uno de sus negociadores, Kirill Dmítriev, aplaudió al candidato de AfD como ‘la voz de la razón olvidada entre las mentiras belicistas’. Una delegación de AfD visitó en junio el Foro Económico de San Petersburgo y, según recoge la información, recibió la oferta de reanudar el bombeo de gas barato a cambio de abandonar a Ucrania.

En el Parlamento Europeo, las reacciones fuera de la ultraderecha han sido escasas pero duras. Terry Reintke, copresidenta de Los Verdes, calificó el 6 de septiembre como un día marcado en la historia alemana posterior a 1945 y responsabilizó al canciller Friedrich Merz de haber ‘fallado con su austeridad radical’. La socialista Iratxe García Pérez pidió al Partido Popular Europeo una ‘profunda reflexión’: ‘Cuando el centro-derecha copia el discurso de la extrema derecha, no la debilita; la legitima. Los votantes prefieren el original antes que la copia’.

El director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Jeremy Cliffe, añade profundidad histórica. A su juicio, se ha cruzado una línea roja: la ultraderecha tiene, por primera vez desde 1945, una opción sustancial de poder en Alemania. No es una casualidad, es una tendencia.

Publicidad
ultraderecha Alemania

El Eje del Poder Europeo

La fractura alemana se superpone a una geometría europea ya tensada por la guerra y la competitividad. Berlín ha sido hasta ahora el pegamento de los grandes pactos: disciplina fiscal, ampliación al este, ayuda a Ucrania y distensión con Washington. Si su centro político se estrecha, el eje franco-alemán pierde densidad y los Estados del sur —España, Italia, Portugal, Grecia— ganan o pierden según la capacidad de París para llenar el vacío. No está claro que pueda.

Para España, el efecto más directo no es electoral sino estratégico. Moncloa depende de los consensos comunitarios en el Marco Financiero Plurianual (MFP, el presupuesto de la UE para varios años), en la ampliación y en la financiación de la defensa europea. Un Berlín bloqueado internamente tiende a ser más defensivo con el gasto común, y eso encarece cada acuerdo para el sur. Es el recuerdo de la crisis del euro: cuando Alemania se siente frágil, exporta austeridad a Bruselas.

No es un escenario hipotético. La gestión de la crisis del euro entre 2010 y 2012 mostró cómo el Bundestag marcó los tiempos de los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, y cómo el centro político alemán impuso la lectura de la disciplina fiscal. Hoy el contexto es distinto —hay next generation y deuda común sobre la mesa—, pero la mecánica sigue siendo reconocible: el Consejo Europeo solo avanza tan deprisa como Berlín se lo permite.

Mantenemos una alerta: la autocomplacencia europea es el principal riesgo. Ningún pacto comunitario sobre Ucrania, defensa o ampliación puede asumirse ya como automático. La próxima cita crítica no es una cumbre lejana, sino cada votación en el Bundestag que obliga al canciller a mirar de reojo a una AfD reforzada. El hito concreto a vigilar son las elecciones francesas de la próxima primavera y el arranque del ciclo electoral polaco. Ahí se verá si el centro europeo recupera iniciativa o si la polarización alemana se convierte en doctrina continental.