Volkswagen venderá una planta en Alemania para reconvertirla en fábrica del Iron Dome de Rafael

La planta de Osnabrück pasará de ensamblar automóviles a fabricar componentes de defensa aérea para Rafael. El acuerdo mantiene al grupo israelí fuera del accionariado y busca salvar 1.200 empleos antes del cierre previsto en 2027.

Volkswagen ha acordado vender su planta de Osnabrück para reconvertirla en un polo del Iron Dome de Rafael. El anuncio, difundido este lunes, abre una vía insólita en Alemania: una fábrica de automóviles que pasa a producir sistemas de defensa aérea para clientes europeos.

Por qué Volkswagen cede Osnabrück al sector de la defensa

El acuerdo contempla la venta de la factoría al inversor Aurelius Capital y al Estado federado de Baja Sajonia. Aurelius asumiría la mayoría del capital; el gobierno regional mantendría una participación accionarial. La planta se transformaría de forma gradual en un ‘centro de competencias para soluciones de seguridad y defensa’, según la formulación de la propia compañía.

El movimiento no se explica solo por la presión de los mercados. Volkswagen arrastra una caída de la demanda en Europa, costes energéticos elevados tras el fin del gas ruso barato, aranceles estadounidenses y una competencia china que ha reducido márgenes. La reconversión de Osnabrück es, en parte, una salida industrial para una capacidad que ya no tiene sitio en la automoción tradicional.

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El primer proyecto ancla consistiría en cooperar con Rafael, la empresa pública israelí responsable del sistema de defensa antimisiles Iron Dome, para fabricar componentes de defensa aérea destinados a Alemania y a otros clientes europeos. La señal es inequívoca: defensa y automoción empiezan a compartir suelo fabril.

Qué se fabricará exactamente en la antigua planta de Karmann

Rafael Iron Dome

Según medios israelíes, en Osnabrück se producirían vehículos militares, lanzadores y generadores asociados al sistema; los misiles interceptores Tamir no se ensamblarán allí. El matiz importa: Rafael mantendrá la producción de los interceptores fuera de Alemania, al menos por ahora.

El emplazamiento tiene un pasado militar incómodo. La factoría perteneció originalmente al carrocero Karmann, que durante el Tercer Reich fabricó componentes aeronáuticos y empleó trabajo forzado. Volkswagen se hizo con las operaciones tras la quiebra de Karmann en 2009 y decidió en 2024 poner fin a la producción de vehículos antes del verano de 2027.

La reconversión de una fábrica de coches en un centro de sistemas antiaéreos no es un giro industrial: es un termómetro del rearme europeo.

La reconversión aspira a conservar más de 1.200 empleos. Oliver Blume, consejero delegado de Volkswagen, habló de un ‘nuevo futuro industrial’ para la planta. Olaf Lies, ministro presidente de Baja Sajonia, vinculó el movimiento a un ‘cambio fundamental en nuestra situación de seguridad y en nuestra necesidad de protección’.

El acuerdo ha tenido resistencias internas. El fondo soberano de Catar, uno de los mayores accionistas de Volkswagen, habría presionado para evitar que Rafael entrara en el accionariado. La estructura final deja a la empresa israelí fuera de la propiedad: Aurelius y Baja Sajonia asumen el control. La operación se enmarca en una reestructuración que contempla recortar hasta 100.000 empleos en todo el mundo antes de 2030.

Mercedes-Benz también mira hacia el sector de la defensa, y la Comisión Europea observa con interés la absorción de capacidad excedente de la automoción. El rearme de la UE, empujado por la guerra de Ucrania y por la pérdida de confianza en el paraguas estadounidense, está empezando a cambiar el mapa industrial del continente. No es un caso aislado.

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Equilibrio de Poder

Moscú lo lee como una confirmación. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha llegado a afirmar que Alemania y la UE se están ‘transformando en un cuarto Reich’. Vladímir Putin ya dijo en junio que los países de la OTAN no ocultan sus intenciones y ‘dicen abiertamente que se preparan para la guerra con nosotros’. El Kremlin no oculta su objetivo: desacreditar el rearme europeo presentándolo como amenaza existencial. En esta redacción no compramos ni el alarmismo ruso ni la autocomplacencia occidental.

Washington observa el rearme europeo con ambivalencia: celebra que los aliados gasten más, pero presiona para que compren material estadounidense. La apuesta por Rafael añade un actor israelí que no encaja del todo en la OTAN y que irrita a Moscú. Para España, el precedente de Osnabrück importa. La automoción es un pilar industrial y el sector de defensa busca capacidad productiva para sistemas antiaéreos, componentes y vehículos. Si Alemania reconvierte excedentes de automoción en seguridad, la presión llegará a las plantas españolas y a los presupuestos de Moncloa. El flanco sur —Marruecos, Sahel y el Mediterráneo— añade otra capa de demanda para sistemas de defensa aérea de corto alcance.

A cinco o diez años vista, la transformación de Osnabrück apunta a una Europa donde defensa y automoción comparten cadena de suministro, con un riesgo político evidente: el pasado de la planta obligará a Berlín a explicar cada paso ante la memoria histórica alemana. El calendario concreto lo marca el verano de 2027, cuando la producción de vehículos debe cesar y el centro de defensa tendrá que demostrar que el tránsito no es solo retórica industrial. Cosas que pasan en 2026.