El Govern de Illa activó este miércoles un ES-Alert masivo en cinco comarcas de Catalunya que apenas sumaron 10 milímetros de lluvia. La previsión apuntaba a un temporal severo. Las restricciones se levantaron antes de lo previsto, mientras en el interior de Girona y el Ripollès caían granizadas sin el aviso telefónico masivo.
El ES-Alert que no encontró la lluvia
Las cinco comarcas con alerta máxima —Alt Penedès, Baix Penedès, Baix Llobregat, Vallès Occidental y Garraf— registraron acumulados discretos. Según el mapa de estaciones del Meteocat, la mayoría de los registros apenas supera los 10 milímetros. Mucho se jugaba en la franja litoral central. La realidad desmintió la alarma.
En paralelo, la Generalitat suspendió las clases en el segundo día de curso y pidió restringir la actividad sanitaria no urgente. Por la tarde, las restricciones ya se habían levantado en buena parte del litoral central. La sensación de exceso se instaló en ayuntamientos y redes.
La crítica de fondo no es meteorológica. Es de gestión. Pedro y el lobo, en versión meteorológica: la ciudadanía entiende la prudencia, pero cuesta de digerir la desproporción y la ausencia de proporcionalidad. Un usuario reclamó revisar los protocolos y los umbrales.
Eduard Pujol, diputado de Junts en el Congreso y candidato a la alcaldía de Vilafranca del Penedès, convirtió el desajuste en munición política. ‘El Penedès, confinado por lluvia y danas’, escribió en X. ‘Encuentra cinco comarcas sin una nube y tendrás cinco comarcas en alerta. Hemos pasado del hechos, no palabras al parecer que haces’.
La imagen era tan elocuente como incómoda: a las 10.00 horas, Meteocat mostraba cielos despejados en esas comarcas. La duda que queda es si se ha pecado de exceso en en el dispositivo. Muchos usuarios reclaman revisar los umbrales para que el sistema no pierda credibilidad.
El problema no es alertar. Es que cada previsión adversa se convierta en alerta máxima y el mensaje acabe gastándose el día que la emergencia sea real.
La consejera de Interior, Núria Parlon, defendió la decisión en una rueda de prensa marcada por la dimisión de Josep Lluís Trapero. Parlon calificó los avisos de ‘acertados’ y aseguró que respondieron a ‘criterios técnicos’ y no a una ‘valoración política’: ‘No podemos decir que nos parece políticamente que lloverá poco, porque las consecuencias, si son graves, son irreparables’.
La contradicción de las lluvias sin aviso masivo
Mientras el litoral central quedaba bajo alerta, el Ripollès, la Garrotxa, el Lluçanès y el Berguedà anotaban los acumulados más relevantes. Allí no se activó un ES-Alert, solo un aviso por tiempo violento que pedía extremar precauciones. El azar meteorológico hizo el resto. La diferencia de trato alimenta la percepción de que el dispositivo funciona peor en determinadas áreas.
El precedente de Tarragona y la erosión de la confianza
Hace apenas diez días, Tarragona vivió dos jornadas de aguaceros violentos con numerosos daños y dos víctimas mortales en Roda de Berà. Entonces no se envió ningún ES-Alert y la Generalitat recibió críticas por omisión. Ahora, la situación es la contraria: la crítica llega por exceso.
La consejera insiste en que proteger vidas justifica el coste de una alerta preventiva. La oposición, con Pujol al frente, ve oportunismo político. Analizamos que el verdadero riesgo no es una alerta concreta, sino la erosión de la confianza ciudadana: si todo es emergencia, el día que llegue la emergencia de verdad nadie reaccionará igual.
Es pronto para saber si este desgaste se traducirá en una revisión de protocolos. El Departament de Interior mantiene su posición. La pelota queda en el tejado del Govern.
