España refuerza sus peñones frente a Marruecos por temor a un nuevo Perejil

Los enclaves, situados frente a la costa marroquí, permiten a España mantener presencia, vigilancia y capacidad de respuesta ante cualquier intento de alterar el statu quo.

Los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas y las islas Chafarinas vuelven al primer plano de la defensa española ante la creciente presión de Marruecos. Un hecho que preocupa al Ministerio de Defensa, que dirige a Margarita Robles, y que ha pasado desapercibido para gran parte de la clase política española y de su sociedad, que en muchos caso no conoce, ni sitúa geográficamente estos islotes o islas.

La decisión del Gobierno de reforzar la presencia militar española en los peñones e islas de soberanía situados frente a las costas de Marruecos no responde únicamente a una cuestión simbólica. En plena escalada de tensión alrededor de Ceuta y Melilla, estos pequeños territorios adquieren un valor estratégico que va mucho más allá de sus reducidas dimensiones.

En este sentido, Margarita Robles, supervisó recientemente el despliegue militar en estos enclaves, una señal especialmente relevante en un momento en el que Marruecos ha vuelto a poner sobre la mesa sus reivindicaciones sobre territorios españoles del norte de África.

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España mantiene presencia militar permanente en las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y las islas de Alhucemas, territorios que forman parte de las denominadas plazas de soberanía. Su existencia permite a las Fuerzas Armadas mantener una presencia avanzada a escasa distancia del litoral marroquí y, sobre todo, impedir que estos espacios queden convertidos en un vacío estratégico.

Peñón bajo soberanía española en Alhucemas. Foto: Wikipedia
Peñón bajo soberanía española en Alhucemas. Foto: Wikipedia

Una cadena de posiciones españolas frente al litoral marroquí

La importancia de estos territorios procede, en primer lugar, de su propia ubicación. Vélez de la Gomera se encuentra aproximadamente a medio camino entre Ceuta y Melilla, mientras que Alhucemas y las Chafarinas se sitúan frente al litoral mediterráneo marroquí.

No son grandes bases militares ni cuentan con el peso de Ceuta o Melilla. Su función es diferente. Son puntos avanzados de presencia española en el mar de Alborán, integrados en el dispositivo de vigilancia y defensa del norte de África.

El Ministerio de Defensa considera que estas posiciones mantienen un valor relevante para la seguridad nacional. En 2024, durante una visita a Vélez de la Gomera y Alhucemas, Robles destacó precisamente que la guarnición de Vélez constituía una «presencia muy adelantada de España».

Esa expresión resume buena parte de su utilidad actual. El valor militar de estos territorios no reside tanto en la cantidad de soldados desplegados como en el hecho de que España mantiene físicamente su soberanía sobre ellos y dispone de unidades capaces de reaccionar ante incidentes.

Los antecedentes históricos explican también su existencia. Las posiciones españolas del norte de África fueron utilizadas durante siglos para controlar las comunicaciones marítimas, proteger las costas y proyectar la influencia española en el litoral mediterráneo africano. Un estudio publicado por Defensa recuerda que Melilla, Vélez, Ceuta, Alhucemas y posteriormente las Chafarinas formaron parte de una cadena de posiciones destinadas, entre otros objetivos, a controlar el Estrecho y las rutas entre el Mediterráneo y el Atlántico.

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La clave está en no abandonar la presencia militar

En términos estratégicos, uno de los principales valores de estos enclaves es mucho más sencillo: estar allí.

La presencia militar permite acreditar de manera permanente el ejercicio de la soberanía española. En unas zonas donde Marruecos mantiene reclamaciones territoriales, retirar las guarniciones supondría asumir un coste político y estratégico considerable.

El Ejército de Tierra explica que las guarniciones de estas plazas tienen como misión principal mantener la soberanía nacional mediante la presencia militar.

Esta cuestión adquiere todavía más importancia en un escenario de guerra híbrida, en el que la presión sobre un Estado no tiene por qué comenzar con una operación militar convencional. Migración, desinformación, presión diplomática, incidentes marítimos, ciberataques o acciones destinadas a poner a prueba la capacidad de respuesta pueden formar parte de una estrategia de zona gris.

Precisamente los servicios de inteligencia españoles han advertido recientemente de la posibilidad de nuevas acciones encubiertas o de presión sobre Ceuta y Melilla, aunque descartan una intervención militar marroquí a corto o medio plazo.

En ese contexto, los peñones funcionan como pequeños puntos de anclaje de la presencia española. No están concebidos para enfrentarse por sí solos a una operación militar de gran escala, sino para evitar que la zona quede sin vigilancia y para proporcionar una primera capacidad de respuesta ante determinados incidentes.

Militares españoles recuperan la Isla de Perejil ante la invasión de Marruecos en 2002. Foto Europa Press
Militares españoles recuperan la Isla de Perejil ante la invasión de Marruecos en 2002. Foto Europa Press

Miedo a repetir un nuevo ‘Caso Perejil’

El precedente de Perejil en 2002 es uno de los elementos que ayuda a entender por qué España concede tanta importancia a mantener una presencia permanente en sus peñones y plazas de soberanía. Aquel episodio demostró que incluso un pequeño territorio deshabitado podía convertirse en cuestión de máxima tensión entre Madrid y Rabat. El 11 de julio de 2002, un grupo de gendarmes marroquíes desembarcó en el islote, instaló tiendas y colocó banderas de Marruecos. España respondió con medios navales y de la Guardia Civil y, seis días después, las Fuerzas Armadas españolas ejecutaron la Operación Romeo-Sierra, que permitió recuperar el control del peñón sin que se produjeran disparos.

La crisis terminó con la retirada española y la desmilitarización de Perejil, mediante un acuerdo facilitado por Estados Unidos que permitió regresar al statu quo anterior a la ocupación. Sin embargo, para los responsables de la defensa española aquella experiencia dejó una enseñanza evidente: un vacío de presencia puede generar una oportunidad para que otro actor intente modificar la situación sobre el terreno. De hecho, durante aquella crisis el Gobierno español llegó a reforzar simultáneamente los mecanismos de defensa de Ceuta, Melilla y de las islas y peñones de soberanía.

Dos décadas después, Perejil continúa siendo un precedente incómodo para Madrid. No significa que España considere inminente una operación similar ni que el refuerzo actual de los peñones responda a la expectativa de una nueva ocupación, pero sí explica la importancia concedida a evitar cualquier situación de hecho consumado. Mantener guarniciones, vigilancia y capacidad de reacción permite que cualquier incidente sea detectado desde el primer momento y evita que una posición española pueda quedar temporalmente fuera del control efectivo del Estado. En un escenario de creciente presión sobre Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía, la lección de Perejil es sencilla: cuando el territorio está físicamente ocupado y existe una presencia española permanente, el coste de alterar el statu quo aumenta considerablemente.

Vigilancia del mar de Alborán y apoyo al dispositivo español

El segundo gran valor de estas posiciones es su contribución al conocimiento del entorno marítimo. La Armada mantiene operaciones de presencia, vigilancia y disuasión alrededor de Ceuta, los peñones de Vélez y Alhucemas y otros espacios estratégicos del Estrecho y el mar de Alborán.

El patrullero Isla de León, por ejemplo, ha realizado operaciones destinadas a mejorar el conocimiento del entorno marítimo, controlar el tráfico naval y prevenir actividades ilícitas en aguas de interés nacional.

Esta función resulta especialmente importante en una zona donde coinciden rutas comerciales, tráfico marítimo, actividades pesqueras, inmigración irregular y tráficos ilícitos.

Los peñones no deben interpretarse, por tanto, como simples fortificaciones aisladas. Forman parte de un sistema más amplio en el que intervienen unidades terrestres, Armada, medios aéreos, vigilancia marítima y los dispositivos desplegados en Ceuta y Melilla.

Además, su posición permite disponer de puntos desde los que reforzar el conocimiento de lo que ocurre en un área especialmente sensible para España: el espacio marítimo situado entre el Estrecho de Gibraltar, el litoral norteafricano y el mar de Alborán.

Vehículos del Ejército de Tierra patrullan por la carretera de El Tarajal en Ceuta. Foto: Europa Press
Vehículos del Ejército de Tierra patrullan por la carretera de El Tarajal en Ceuta. Foto: Europa Press

Un mensaje político y militar dirigido también a Marruecos

Existe, finalmente, una dimensión que trasciende la estrictamente militar. Mantener tropas españolas en estos territorios es también una señal política.

Marruecos no reconoce la soberanía española sobre Ceuta, Melilla y las plazas menores del norte de África. En las últimas semanas, las reivindicaciones sobre estos territorios han recuperado protagonismo coincidiendo con una grave crisis migratoria en Ceuta.

Por eso el refuerzo de los peñones tiene un componente de disuasión. No significa que España esté preparándose para una guerra inmediata con Marruecos, sino que pretende demostrar que cualquier presión sobre estos territorios encontrará una respuesta y que las plazas de soberanía forman parte del dispositivo nacional de defensa.

La Estrategia de Seguridad Nacional ya contempla la necesidad de desarrollar un plan integral de seguridad para Ceuta y Melilla, dentro de una política preventiva basada en la alerta temprana y la capacidad de respuesta ante crisis.

El mensaje es especialmente importante porque estos territorios constituyen una especie de primera línea adelantada. Ceuta y Melilla concentran la dimensión urbana, económica y humana; los peñones y las islas aportan profundidad territorial y presencia militar avanzada.

Su tamaño puede hacer que parezcan irrelevantes sobre el mapa. Sin embargo, su posición explica por qué España continúa manteniendo guarniciones allí después de varios siglos. En una región marcada por la rivalidad estratégica, el control del Mediterráneo occidental y las tensiones entre España y Marruecos, abandonar esos puntos tendría un significado mucho mayor que los pocos kilómetros cuadrados que representan.

Por eso, el actual refuerzo debe interpretarse como una combinación de soberanía, vigilancia, presencia avanzada y disuasión. Los peñones no son una línea defensiva capaz de detener por sí sola una ofensiva, pero sí piezas de un tablero mucho mayor en el que España busca mantener bajo control su flanco sur y evitar que cualquier cambio sobre el terreno pueda convertirse posteriormente en un hecho consumado.