Alojamientos de urgencia de Barcelona: las familias duplican su estancia media en cinco años

El Ayuntamiento de Barcelona eleva el presupuesto de esta red a 43 millones en 2025, un 26% más que en 2023. El 76% de los casos supera ya el medio año de estancia.

Los alojamientos temporales de urgencia (ATU, del catalán allotjaments temporals d’urgència) de Barcelona han dejado de funcionar como un paréntesis. La estancia media de las familias se ha duplicado en cinco años: 103 días en 2020 y un crecimiento posterior del 96%, según los últimos datos del Ayuntamiento de Barcelona.

De respuesta temporal a un servicio básico

El balance municipal, recogido a partir de datos facilitados a la Agencia Catalana de Noticias, muestra que entre 2020 y 2025 el total de personas alojadas en algún momento en un ATU pasó de 4.660 a 5.886, un 26,3% más. La capacidad real, en cambio, se sitúa en torno a las 3.000 plazas.

El presupuesto municipal destinado a esta red ha crecido de 34 millones de euros en 2023 a 43 millones en 2025, un incremento de de un 26% en apenas dos ejercicios. Más de la mitad de las entradas en un albergue o pensión de urgencia responde a la pérdida de una sola habitación.

Publicidad

La comisionada de Acción Social, Sònia Fuertes, reconoce que los datos reflejan ‘todas las dificultades’ para acceder o mantener una vivienda. En declaraciones a la Agencia Catalana de Noticias, advierte de que los ATU nacieron para dar una respuesta temporal a una urgencia, pero han acabado funcionando como un ‘servicio básico’.

La cronificación ya no es una sospecha: más del 76% de los casos alojados supera los seis meses de estancia. Una parte relevante encadena más de un año y un 5% lleva más de cinco años viviendo en un alojamiento de urgencia.

Más niños y más tiempo en la misma habitación

En enero de 2026 había 3.433 personas alojadas; en mayo de 2026, 3.279 repartidas en 1.087 unidades de convivencia. La demanda, por tanto, se mantiene por encima de la capacidad estructural del servicio.

La emergencia habitacional ya no es un episodio agudo: es una condición estructural que se instala en familias enteras durante años.

Entre 2020 y 2025, los menores atendidos pasaron de 1.705 a 2.515, un 47,5% más. En 2025 representaban el 42,7% del total de personas alojadas, frente al 36,6% de 2020.

El dato de menores tiene una lectura inmediata: la infancia es la que más tiempo arrastra esta inestabilidad. Mishel, la hija menor de María, acaba de graduarse de la ESO pese a vivir en una habitación compartida.

María Magdalena vive en un albergue de Badalona con sus hijas Allison, de 22 años, y Mishel, de 16. Llegó derivada por los servicios sociales de Barcelona después de pasar por las oficinas de vivienda en un momento de desesperación. Las tres comparten una misma habitación y baño; la cocina es de uso común.

Publicidad

‘No me puedo quejar’, asegura María, agradecida por tener un techo y un lugar donde comer, ducharse y guardar sus cosas. Sin embargo, admite que el espacio reducido genera tensión y estrés, y que echa en falta más intimidad.

Qué revela esta tendencia sobre la crisis de vivienda en Barcelona

La pérdida de una habitación como principal puerta de entrada al sistema confirma que el problema ya no es solo el desahucio de una vivienda completa, sino la fragilidad extrema del alquiler compartido y de las pensiones. La red de urgencia se ha convertido en una solución habitacional de larga duración para miles de personas, con niños entre las más expuestas.

Los datos también interpelan al Ayuntamiento y a la Generalitat. Aumentar el presupuesto sin reducir la dependencia de los alojamientos temporales significa gestionar la emergencia, no resolverla. La comisionada Fuertes ya lo verbaliza al admitir que los servicios sociales trabajan ‘fuera de sus posibilidades’.

La próxima negociación presupuestaria municipal y la actualización de los planes de vivienda serán la prueba de si esa tendencia se revierte. Por ahora, las cifras de 2026 no han cerrado la brecha: seguían por encima de la capacidad.