El precedente de Juan Carlos y Sofía en Ceuta: el riesgo diplomático con Marruecos que marca la ausencia de Felipe VI

El catedrático Carlos Vidal recuerda que la última visita de un monarca a la ciudad autónoma, hace más de veinte años, desencadenó un roce con Rabat. El refrendo del Gobierno es imprescindible para que Zarzuela programe un desplazamiento de esta naturaleza.

La última visita de un Rey a Ceuta, protagonizada por Juan Carlos y Sofía, provocó un incidente diplomático con Marruecos. Dos décadas después, aquel episodio explica la ausencia de Felipe VI de la ciudad autónoma, una decisión que trasciende la voluntad del monarca y se asienta en el refrendo gubernamental.

El catedrático de Derecho Constitucional, Carlos Vidal, ha recordado en ‘La Mañana de Fin de Semana’, de COPE, el peso que aquel viaje de Juan Carlos y Sofía a Ceuta y Melilla dejó en la gestión de la diplomacia española. Según su análisis, estos desplazamientos no son simples actos de agenda: afectan de lleno a la política exterior y obligan a una coordinación estricta con el Gobierno. La advertencia llega en un momento en el que la Casa Real vuelve a estar bajo el foco por su papel institucional.

Un precedente incómodo en la relación con Marruecos

Vidal ha señalado que ‘la última vez que fue un rey, fue Juan Carlos hace veintitantos años y hubo un incidente diplomático con Marruecos’. La mención no es casual; remite a la doctrina asentada en Zarzuela de evitar movimientos en territorios cuya reivindicación territorial vecina pueda interpretarse como provocación.

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La visita original dejó una lección que atraviesa décadas de acuerdos entre Ejecutivos del PP y del PSOE. No se trata de una cuestión de color político, sino de responsabilidad de Estado. Ningún monarca viaja a Ceuta por iniciativa propia. La decisión exige el acuerdo del Gobierno, tal y como recordó el jurista.

El refrendo del Gobierno que condiciona la agenda de Zarzuela

La advertencia constitucional de Vidal es clara: ‘Si el rey Felipe VI no va, no es porque no quiera ir, es porque el Gobierno no lo ha visto adecuado’. Este matiz responde a las críticas expresadas el pasado 31 de agosto por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien reprochó a la Corona no haber visitado las ciudades autónomas.

A juicio del catedrático, equiparar la figura del jefe del Ejecutivo, con la del jefe del Estado supone ‘una deslealtad institucional’. Además, subrayó la necesidad de que en los viajes de Felipe VI le acompañe siempre un miembro del Gobierno, no únicamente un secretario de Estado, como ha ocurrido en algunas salidas recientes. La ausencia de refrendo político no es un formalismo.

La autorización del Gobierno no es un trámite: es el blindaje constitucional de cualquier acto de representación exterior.

Por qué Ceuta es un caso de prueba para la Corona

Ceuta ejerce, en la práctica, como un espejo de los equilibrios que rigen la política exterior española. Marruecos observa con atención cualquier gesto ceremonial que se produzca en las ciudades autónomas. La Corona es consciente de ese escrutinio; no puede operar como un actor autónomo en este escenario.

Melilla comparte lógica fronteriza, pero Ceuta concentra una simbología particular por su tamaño y su proximidad a Rabat. Cualquier presencia de la Corona en la ciudad amplifica su lectura internacional. La diplomacia exige cálculo. Por eso la agenda de Zarzuela distingue entre visitas operativas, como las de ámbito militar, y visitas de representación civil, que requieren un consenso político aún mayor.

Zarzuela no contestó al reproche del presidente del Gobierno. La Casa del Rey suele mantener un silencio institucional ante este tipo de críticas: responde con hechos, no con titulares. Sin embargo, el episodio evidencia la necesidad de renovar los mecanismos de coordinación entre Presidencia y monarquía.

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Conviene recordar que el mando supremo de las Fuerzas Armadas recae de manera simbólica en el monarca, pero la dirección política es del Gobierno. Vidal se mostró sorprendido, además, por la ausencia del jefe del Estado en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional relacionadas con Ceuta. Su papel, explicó, no es dar órdenes, sino estar informado.

La hoja de ruta de Zarzuela sigue siendo pragmática: prioriza los consensos y evita convertir la institución en un campo de batalla partidista. El riesgo, y esto conviene no ocultarlo, es que los reproches públicos de Sánchez hayan abierto un debate de desgaste sobre la cooperación entre Presidencia y Casa del Rey. La monarquía parlamentaria se sostiene sobre esa cooperación. Si falla, falla el Estado. La visita a Ceuta volverá a la agenda cuando la política exterior lo permita, no antes.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La última visita de un Rey a Ceuta, con Juan Carlos y Sofía, generó un roce diplomático con Marruecos que aún condiciona los desplazamientos de la Corona.
  • El detalle de protocolo: Todo viaje oficial del monarca exige refrendo del Gobierno; sin ese aval, Felipe VI no puede programar una visita a la ciudad autónoma.
  • Próximos pasos: La Casa del Rey no ha confirmado ningún acto en Ceuta, mientras el debate institucional sobre el refrendo continúa abierto.