La presidencia irlandesa del Consejo de la UE constata que la mayoría de los Veintisiete respalda recortar los costes de personal en el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034. Según el documento interno al que ha tenido acceso POLITICO, los sueldos de los funcionarios y los gastos de los edificios de las instituciones europeas se han convertido en la partida más expuesta a la tijera. Dublín, que este semestre pilota unas conversaciones marcadas por la escasez fiscal doméstica, ha identificado en los gastos administrativos el ahorro que todos los gobiernos pueden vender en casa.
La razón de fondo es una disputa sobre el tamaño del presupuesto común. Alemania encabeza a un grupo de países que reclama recortar varios cientos de miles de millones de euros a la propuesta de 2 billones presentada por la Comisión Europea en julio de 2025. Enfrente, un bloque rival que integran Italia y Polonia defiende destinar más dinero a la agricultura y a las regiones más pobres. La negociación, por tanto, no es solo técnica: es un pulso entre dos modelos de Europa.
El personal comunitario, la partida más fácil de recortar
El documento irlandés, que guía las conversaciones presupuestarias, admite que ‘se podrían aplicar reducciones, ya que muchos países cuestionan la justificación del aumento de personal propuesto’ en un momento en el que las capitales aplican recortes domésticos. El Ejecutivo comunitario quiere contratar 2.500 funcionarios adicionales durante los próximos siete años, una cifra que ha alimentado el descontento de nueve países liderados por Austria. Para esos gobiernos, no es coherente pedir más sacrificios a los ciudadanos mientras Bruselas amplía su plantilla.
Los costes administrativos previstos por Bruselas ascienden a 118.000 millones de euros entre 2028 y 2034, en torno al 6% del presupuesto total. Puede parecer un porcentaje menor, pero es una de las pocas líneas sobre las que los gobiernos pueden apuntar un ahorro visible ante sus opiniones públicas. Además, en la aritmética del marco financiero, cada punto porcentual son miles de millones que compiten con la PAC, los fondos regionales o la nueva agenda de defensa.
PAC y cohesión: la resistencia que frena el tijeretazo general
El consenso se rompe en cuanto se tocan las dos partidas que más territorio alimentan políticamente. La mayoría de las capitales se opone a reducir el gasto agrícola, y las transferencias regionales, que Dublín describe como su ‘prioridad más importante’. En la práctica, eso significa que el recorte brusco que pide Berlín no se aplicará sin pelea en el Consejo. Agricultura y cohesión son las llaves de la España interior, del sur italiano y de la Polonia rural.
El recorte del aparato burocrático es la coartada visible; el verdadero pulso se libra por la PAC y los fondos regionales, que cuestan más de la mitad del presupuesto.
La presidencia irlandesa admite, no obstante, que la combinación de la oposición a aumentar las contribuciones nacionales y la desconfianza hacia nuevos impuestos europeos apunta a una necesidad de reflexionar sobre el nivel de ambición del gasto. No es una rendición: es la constatación de que ningún Estado miembro se presenta voluntario para pagar más.
Este miércoles 16 de septiembre, Dublín sondeará a los 27 embajadores sobre qué partidas quieren reducir. La pregunta que circula en los pasillos del Consejo es simple: si nadie quiere pagar más y todos defienden los fondos agrícolas y de cohesión, ¿cuánto queda realmente para recortar?
El Eje del Poder Europeo
La negociación del MFP siempre ha sido un campo de minas, pero esta vez se abre con una novedad: el centro del debate no está en los fondos de cohesión ni en la defensa, sino en el tamaño del propio aparato comunitario. Alemania, con el respaldo de los países frugales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia—, intenta convertir el gasto administrativo en el símbolo de una UE más sobria. Es una posición que, en términos de imagen, resulta difícil de atacar desde el sur y el este. La UE que sale de estas negociaciones no será neutra; el presupuesto es la única política que convierte las prioridades en dinero contante.
Para España, la lectura es doble. Por un lado, el Gobierno español ha sido tradicionalmente defensor de la cohesión y de la PAC, dos líneas que la Comisión y el Parlamento consideran intocables en esta primera fase. Por otro, España sigue siendo uno de los principales beneficiarios netos de los fondos europeos, de modo que cualquier recorte global del MFP complicaría la planificación de inversiones ligadas a la transición ecológica y digital a partir de 2028.
El precedente inmediato es el MFP 2021-2027, que se aprobó con retraso, con el veto de Hungría y Polonia ligado al mecanismo de condicionalidad (la herramienta que permite congelar fondos a un Estado miembro por vulnerar el Estado de Derecho) y con el colchón excepcional de Next Generation. Ahora no hay un fondo de reconstrucción similar, y la presión fiscal de los Estados miembros es más aguda. Los márgenes para el acuerdo se estrechan.
La lectura a cinco o diez años es arriesgada. Si el próximo MFP nace congelado en términos reales, la UE financiará menos prioridades nuevas —defensa, ampliación, autonomía industrial— con un presupuesto que envejece. Si, por el contrario, se cede a las demandas de Berlín sin reformar los ingresos, la cohesión quedará expuesta a recortes en el siguiente ciclo. Lo que observamos es que la batalla por los funcionarios es solo la antesala: la verdadera negociación se juega en los ingresos, no en los gastos.
El próximo hito concreto es el sondeo de este miércoles 16 de septiembre en el Comité de Representantes Permanentes, donde se medirá la disposición de las capitales. De él saldrá el contorno real del MFP 2028-2034, no de los anuncios de pasillo.

