La fotovoltaica flotante supera los 9,6 GWp de potencia instalada en el mundo en 2024 y se consolida como la alternativa que evita competir por suelo agrícola y natural, según el análisis sectorial publicado por Ethic.
Las plantas solares convencionales ocupan terrenos que también pueden tener usos agrícolas, industriales o naturales. A medida que crece la demanda de electricidad renovable, esa competencia deja de ser un matiz y se convierte en una limitación real. Colocar módulos sobre estructuras flotantes y anclarlos en embalses o balsas artificiales cambia la ecuación. El agua, además de soportar los paneles, contribuye a refrigerarlos y mejora su rendimiento.
Un estudio de 2023 que reunió 422 evidencias sobre efectos en sistemas de agua dulce encontró que la reducción de la evaporación era el efecto con mayor número de evidencias. En regiones con estrés hídrico, producir electricidad y conservar parte del agua del embalse es un doble dividendo. Otro estudio de 2026 identifica la conservación del agua y las sinergias con la hidroelectricidad entre los posibles beneficios de esta tecnología.
Un mapa solar que no compite por la tierra
La potencia acumulada de 9,6 GWp no es una cifra anecdótica, pero su valor no se mide solo en megavatios. Mide una decisión distinta: aprovechar masas de agua que ya existen, en lugar de abrir nuevos frentes sobre terrenos fértiles. Esa lógica encaja con la planificación energética que busca minimizar el conflicto con la agricultura y con los espacios naturales protegidos. No se trata de abrir nuevas superficies, sino de dar un segundo uso a infraestructuras que ya prestan servicio hídrico o energético.
Al evitar la ocupación de suelo, la fotovoltaica flotante se integra en la transición energética como un recurso complementario. No sustituye a los grandes parques terrestres, pero sí aporta una capa adicional de generación limpia. El agua refrigera los paneles y, en climas cálidos, puede mantener su rendimiento. En España, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y Red Eléctrica mantienen el foco en la integración de nueva capacidad renovable, aunque la flotante todavía no es una figura dominante del parque nacional.
La transición ya no necesita elegir entre suelo fértil y electricidad limpia: el agua aporta una segunda superficie sin expulsar usos previos.
La clave no está solo en cuánta potencia flotante se instale, sino en qué masas de agua se utiliza. Un embalse con usos hidroeléctricos, riego o abastecimiento puede ganar una capa adicional de generación sin renunciar a su función original. El reto de fondo es otro: medir qué ocurre debajo de la superficie cuando una parte deja de recibir luz directa.
Un objetivo de potencia no basta si no se mide qué ocurre bajo el panel: la transición también se juega en el ecosistema que queda en sombra.
La letra pequeña que vive bajo la superficie
Una masa de agua no es una superficie vacía. La luz que llega hasta ella condiciona la temperatura y la producción primaria acuática, mientras que el viento y la circulación del agua intervienen en procesos como la oxigenación y en la la distribución de nutrientes. Cuando una instalación cubre una parte de esa superficie, introduce una nueva estructura en un ecosistema que ya funcionaba antes de su llegada.
Otro análisis publicado en 2023 sobre los posibles efectos ecológicos en lagos señala que una elevada cobertura puede reducir la llegada de luz, la velocidad del viento y la temperatura del agua. También puede modificar la oxigenación y otros procesos ecológicos. Los autores subrayan que las consecuencias dependen de las características de cada instalación y de cada masa de agua, y todavía faltan estudios capaces de determinar sus efectos a largo plazo.
Un estudio distinto publicado en 2024 identifica entre los posibles impactos el efecto sombra, las modificaciones en el intercambio gaseoso agua-atmósfera, las variaciones en la hidrodinámica, las alteraciones en las comunidades bentónicas y el impacto sobre las especies móviles. Las propias estructuras pueden proporcionar nuevos sustratos para algunos organismos, pero eso no significa que una instalación mejore automáticamente la biodiversidad.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Potencia instalada: 9,6 GWp acumulados en el mundo a cierre de 2024, según el análisis sectorial.
- Evidencia sólida: La reducción de la evaporación es el efecto con mayor respaldo en un estudio que reunió 422 evidencias.
- Sinergia clave: Compatibilidad con embalses hidroeléctricos y ahorro de agua en regiones con estrés hídrico.
- Impacto ecológico: Depende del porcentaje de cobertura, la ubicación y la circulación del agua; los efectos a largo plazo no están resueltos.

El porcentaje de superficie cubierta, la ubicación de los módulos, la profundidad, la circulación del agua y los usos ya existentes pueden determinar sus efectos. La fotovoltaica flotante no convierte por sí misma un embalse en un ecosistema más saludable ni permite considerar cualquier superficie acuática como un territorio disponible para la transición energética. Pero sí plantea la posibilidad de que una infraestructura destinada a producir electricidad desempeñe otras funciones: reducir la presión sobre el suelo y conservar agua.
El reto no es flotar, es aprender dónde y cómo
La fotovoltaica flotante llega a la conversación energética con una ventaja clara: evita la disputa por el terreno. Sin embargo, su expansión no puede tratarse como una solución mecánica. La misma Agencia Internacional de la Energía y otros organismos como IRENA insisten en que la planificación renovable debe integrar criterios de biodiversidad y uso compartido de los recursos. El dato de 9,6 GWp debe leerse en ese contexto: es un despegue, no la prueba de que el agua sea un solar sin dueño.
El precedente de la solar terrestre ofrece una lección. Allí donde la concentración de proyectos chocó con la agricultura o con la protección del paisaje, la aceptación social se resintió. La flotante puede esquivar ese conflicto, pero solo si los estudios ecológicos acompañan a los proyectos. La letra pequeña importa: no es lo mismo cubrir un 10% de un embalse que un 60%, y no produce los mismos efectos un lago profundo que una balsa de riego.
Lo que está en juego no es únicamente la potencia. Es la manera de producir energía renovable sin tratar los ecosistemas como espacios de disponibilidad absoluta. En el caso de la fotovoltaica flotante, eso significa recordar que el territorio que se está utilizando no termina en la superficie del agua, sino que también empieza debajo de ella. La transición será limpia si aprendemos a medir lo que deja a la sombra.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 9,6 GWp de potencia solar sin ocupar suelo agrícola ni natural, con reducción adicional de la evaporación en embalses.
- Modelo que cambia: La generación solar deja de disputar la tierra y se integra en masas de agua ya existentes, con sinergias hidroeléctricas y de abastecimiento.
- Para las próximas generaciones: Electricidad limpia que conserva suelo fértil y obliga a entender los ecosistemas acuáticos antes de ocuparlos.

