Solo tres jefes de Estado del mundo pueden cruzar una frontera sin pasaporte, y Felipe VI no está entre ellos. La nómina es corta: el rey Carlos III del Reino Unido y los emperadores de Japón, Naruhito y Masako. Ni la reina Camila, ni el príncipe Guillermo, ni el resto de la Familia Real británica disfrutan de esa prerrogativa. Tampoco la Casa de S.M. el Rey.
La curiosidad circula estos días a partir de la información difundida por El HuffPost, que repasa las excepciones del protocolo internacional en materia de documentación. Porque hay papeles que arruinan un viaje antes de empezar: el DNI, la tarjeta de embarque, y ese librito que casi nadie encuentra en el cajón. Para tres personas en el mundo, ese trámite sencillamente no existe.
La lista cerrada: Carlos III, Naruhito y Masako
El caso británico tiene una paradoja deliciosa. Carlos III no necesita pasaporte porque el pasaporte británico se expide, precisamente, en nombre del soberano. La propia Casa Real británica lo confirma: el monarca carece de documento propio, mientras que todos los demás miembros de la familia —incluidas la reina Camila y el príncipe Guillermo— sí disponen de él.
La primera página del pasaporte del Reino Unido incluye una petición formulada en nombre de Su Majestad para que se permita al titular circular libremente y recibir la asistencia necesaria. Dicho de otro modo: resultaría extravagante que el propio rey tuviera que presentar ante un puesto fronterizo un documento que se emite invocando su autoridad. La prerrogativa está ligada al soberano y a nadie más.
La excepción japonesa es todavía más peculiar. El emperador Naruhito y la emperatriz Masako pueden realizar desplazamientos oficiales al extranjero sin pasaporte personal. El precedente se remonta a la visita internacional de Hirohito en 1971, cuando el Gobierno japonés consideró que no correspondía someter al emperador a los trámites ordinarios de pasaporte y visado. Aquel viaje quedó registrado por el Ministerio de Exteriores nipón como un acontecimiento destacado de su diplomacia.
Conviene precisar una cosa. No se trata de de saltarse los controles fronterizos. Los desplazamientos de estas tres personas se gestionan por canales diplomáticos, con coordinación previa con las autoridades del país que visitan. La excepción no es un privilegio turístico: es la consecuencia de una posición institucional concreta.
Solo hay tres personas en el planeta que cruzan una frontera sin enseñar un pasaporte, y ninguna de ellas vive en La Zarzuela.
Por qué la Corona española no entra en la excepción
Aquí aparece el dato que descoloca. Felipe VI viaja con pasaporte. También lo hicieron sus antecesores en la etapa democrática, y ninguna norma exime al jefe del Estado español de disponer del documento. El motivo no es un olvido del legislador, sino una diferencia de construcción jurídica.
En el Reino Unido, el pasaporte emana del soberano; en España, es un documento que expide la Administración a cualquier ciudadano, incluido el Rey. La Corona española es un órgano constitucional, no la fuente de la que brota la documentación oficial. De ahí que la comparación con Londres y Tokio se quede, en rigor, sin base.
Tampoco conviene leer la excepción británica o japonesa como un signo de mayor rango. Es una cuestión técnica de Derecho interno, no una jerarquía entre coronas. Eso sí, la anécdota tiene valor divulgativo: explica de un plumazo cómo se organiza la jefatura del Estado en cada país y qué papel juega la Administración en cada modelo.

El protocolo como espejo de la jefatura del Estado
Las tres excepciones dicen menos del rango de sus protagonistas que de la arquitectura institucional que los sostiene. En el Reino Unido, el pasaporte es una emanación de la Corona; en Japón, la Casa Imperial se sitúa en un plano ceremonial blindado por la Administración desde 1971; en España, el Rey es un órgano del Estado sometido a las mismas reglas documentales que cualquier ciudadano, con la salvedad del tratamiento protocolario y de la seguridad. Son tres maneras distintas de ordenar la jefatura del Estado.
Ahí está también el riesgo de la comparación fácil. Presentar la lista como un ranking de coronas con más o menos privilegios distorsiona el fondo: no existe una escala de dignidad entre monarquías, sino tres ordenamientos jurídicos distintos. La anécdota es jugosa, pero conviene no confundir el detalle con la jerarquía.
La Casa de S.M. el Rey mantiene una agenda internacional densa y publica cada desplazamiento en su agenda oficial, donde constan los viajes de Estado, las recepciones y las visitas de trabajo. Cada uno de esos movimientos se prepara por vía diplomática, con acreditaciones y coordinación previa, exactamente igual que cualquier otro jefe de Estado europeo. La diferencia con Carlos III o con Naruhito empieza y termina en un documento: uno que ellos no necesitan y que el Rey de España lleva consigo.
El próximo desplazamiento internacional de Felipe VI, con su fecha concreta, se confirmará en los canales habituales del protocolo. Ahí se verá, una vez más, que la Corona española viaja como viajan las democracias: con los papeles en regla y sin excepción que la distinga.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: la excepción documental de Carlos III y de los emperadores de Japón es un asunto de Derecho interno, no una medida de rango entre coronas. Sirve para explicar cómo se organiza cada jefatura del Estado.
- El detalle de protocolo: el pasaporte británico se expide invocando la autoridad del soberano y la Casa Imperial japonesa gestiona sus viajes por vía diplomática desde el precedente de 1971. Ninguna de las dos fórmulas tiene equivalente en el ordenamiento español.
- Próximos pasos: la Casa de S.M. el Rey publica en su agenda oficial cada desplazamiento del monarca. Las próximas citas internacionales se anunciarán con la antelación que marca el protocolo.
