Dmitri Peskov ha agradecido a Washington la invitación para que Putin asista al G20 de Miami en diciembre. El portavoz del Kremlin ha trasladado que Moscú valora el gesto y ha confirmado que la decisión final sobre la asistencia del presidente ruso se canalizará por vía diplomática.
El gesto que el Kremlin llevaba meses esperando
El portavoz de la Presidencia rusa ha sido explícito: Rusia se muestra ‘agradecida y reconocida’ por la invitación cursada desde Washington. Lo ha dicho a RIA Novosti la noche del miércoles, horas después de que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, confirmara públicamente que la Casa Blanca había extendido la invitación formal al presidente ruso. Rubio añadió que espera que Putin la acepte: ‘Hay una oportunidad en diciembre si eso ocurre’.
No es un movimiento aislado. Trump ya había expresado en abril su deseo de ver a su homólogo ruso en la cumbre: ‘Si viniera, probablemente sería muy útil’. Y a comienzos de septiembre el presidente estadounidense defendió la presencia de una delegación rusa de alto nivel en la reunión preparatoria del G20, pese a las protestas de responsables europeos que se negaron a posar junto al ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, en la tradicional ‘foto de familia’.
Trump ejercerá de anfitrión en su propio complejo, el Doral, en Miami. La cita está fijada para el 14 y 15 de diciembre, un calendario que deja poco margen para la diplomacia previa. Que la invitación se haya hecho pública ahora, a menos de tres meses de la cumbre, indica que la Casa Blanca quiere marcar el ritmo y no esperar a que Moscú mueva ficha primero. El formato del G20, pensado como foro económico, vuelve a convertirse en escenario de la gran política.
Por qué Putin no pisa un G20 desde 2019
El presidente ruso no ha asistido en persona a una cumbre del G20 desde 2019. Primero fue la pandemia; después, la escalada del conflicto en Ucrania a partir de febrero de 2022 cerró cualquier posibilidad de presencia física. Moscú ha estado representado desde entonces por delegaciones de segundo nivel o por su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, cuando las circunstancias lo permitían.
Peskov, en todo caso, ha evitado comprometerse. La decisión ‘se tomará y se comunicará por los canales diplomáticos habituales’, ha dicho. La ambigüedad es deliberada: Moscú quiere mantener abiertas las dos opciones, acudir o no hacerlo, en función de cómo evolucione el frente ucraniano y de lo que ofrezca Washington en las semanas previas. Veremos.
Rusia no necesitaba un deshielo real para volver al G20: le bastaba con que Washington le abriera la puerta delante de todos.
Nada es casual. El precedente más cercano es 2019, cuando Putin viajó a Osaka y participó en el pleno de la cumbre. Aquel formato se rompió por la pandemia y, después, por la guerra. Recuperarlo en 2026, con el conflicto ucraniano todavía abierto, envía la señal de que el aislamiento diplomático de Moscú tiene fecha de caducidad. La pregunta de fondo es si eso debilita la posición europea o si abre una vía real de negociación que hasta ahora no existía.
Equilibrio de Poder
La invitación a Putin es algo más que un gesto protocolario. Reordena el tablero de tres bloques a la vez. La administración Trump apuesta por una diplomacia transaccional que pasa por sentar a Rusia en la misma mesa que los aliados europeos, incluso a costa de incomodar a Bruselas. Moscú, por su parte, mide cada palabra: aceptar sin condiciones le regalaría a Trump una victoria simbólica; rechazar de plano cerraría una ventana que llevaba años buscando. Y la UE asiste a la escena sin capacidad de vetar una invitación que no controla.
Para España, la lectura tiene varias capas. Bruselas ya mostró su malestar en septiembre, cuando varios responsables europeos se negaron a compartir plano con Siluanov. Si Putin termina cruzándose en Miami con los socios europeos, o si la UE decide directamente no acudir, la foto institucional del bloque quedará todavía más erosionada de lo que ya está. Moncloa se juega aquí su margen de maniobra: alinearse con Washington en la normalización con Moscú tiene coste político interno; quedarse fuera de la conversación tiene un coste estratégico mayor.
Hay un detalle que conviene no perder de vista. La fuente que ha confirmado el agradecimiento del Kremlin es la agencia estatal rusa RIA Novosti, recogida por RT, sin verificación independiente por el momento. La confirmación de Rubio sí procede de declaraciones públicas del Departamento de Estado, pero el contenido exacto de la invitación y sus condiciones no se ha hecho público. En geopolítica, la forma en que se filtra un gesto importa tanto como el gesto. Cosas de la diplomacia transaccional.
A medio plazo, estamos ante un ensayo de lo que podría ser una arquitectura de seguridad europea sin la OTAN en el centro. Si el G20 de Miami se convierte en un foro donde Washington, Moscú, y Bruselas negocian por encima de Kiev, la UE pagará la factura en credibilidad y perderá el papel de garante que reclama desde la invasión de 2022. El hito a seguir es doble: la confirmación oficial de la asistencia de Putin, a más tardar en noviembre, y el Consejo Europeo previo a la cumbre, donde se decidirá si los Veintisiete acuden en pleno o envían una representación mínima. La ventana está abierta. El reloj corre.

