3Aldi frente a Roomba: qué significa ‘plantar cara’ en la práctica
Plantar cara a Roomba, en la práctica, no significa ganarle en prestaciones, sino disputarle al cliente que nunca se había planteado gastar cientos de euros en un robot. La oferta de Aldi pone un aspirador autónomo en 59 euros, mientras que la gama de entrada de iRobot arranca en 249 euros con el Roomba 115, que sube a 349 si se quiere la base de autovaciado, y deja el Roomba 105 Combo en torno a los 299. La distancia es de cuatro a cinco veces, así que el pulso real no se libra en el laboratorio de succión, sino en la caja: por lo que cuesta el Roomba más básico se compran cuatro unidades de supermercado. Ese es el sentido práctico de «plantar cara», trasladar la limpieza robotizada a un presupuesto que antes quedaba fuera de su alcance y forzar a la marca de referencia a defender su escalón más barato.
Lo que separa a ambos no es el envoltorio, sino la tecnología que hay dentro. El robot de Aldi se mueve con trayectorias aleatorias, sin mapeo, sin conexión a aplicación y sin mando a distancia, con unos 0,35 kPa de succión, un depósito de 350 ml y entre 60 y 80 minutos de autonomía. El Roomba 115, en cambio, declara hasta 15.000 pascal, navegación LiDAR y memoria de varias plantas. La diferencia de succión es de decenas de veces, y eso explica que el barato cumpla para polvo, migas y pelos ligeros, pero no para alfombras gruesas ni suciedad exigente. Donde sí compite de tú a tú es en lo esencial: sensores anticaída, un accesorio de mopa y tres años de garantía, detalles que hace no tanto no estaban garantizados en la gama más económica.

