Diez demócratas de la Cámara, entre ellos Ocasio-Cortez y Ro Khanna, respaldan la prohibición de la superinteligencia artificial que impulsa Bernie Sanders.
El texto más duro del Capitolio: qué prohíbe y quién lo firma
Tiene dos firmas conocidas. En el Senado lo presenta Bernie Sanders, senador independiente por Vermont. En la Cámara lo empuja Greg Casar, congresista tejano. El texto define la superinteligencia artificial como todo modelo que supere el rendimiento y las capacidades cognitivas humanas en la mayoría de dominios o tareas.
Sobre esa definición se levantan dos mecanismos. El primero es una pausa en el desarrollo de los modelos de frontera hasta que exista un regulador federal capaz de vigilarlos. El segundo es la creación de un ‘Departamento de Inteligencia Artificial’ (en inglés, Department of Artificial Intelligence), con rango de gabinete, llamado a fijar las reglas del sector.
Junto a Ocasio-Cortez y Khanna firman el proyecto otras ocho voces demócratas: Analilia Mejia (Nueva Jersey), Yassamin Ansari (Arizona), Adelita Grijalva (Arizona), Val Hoyle (Oregón), Stephen Lynch (Massachusetts), Chuy García (Illinois), Chris Deluzio (Pensilvania) y Nydia Velázquez (Nueva York). Una de las propuestas más estrictas que han pasado por el Capitolio en materia de IA.
Por qué ahora: septiembre ha cambiado el debate en Washington

La iniciativa no cae del cielo. La conversación federal sobre la inteligencia artificial se aceleró este septiembre después de que el investigador de Anthropic Jacob Coxon dejara su puesto y advirtiera del riesgo existencial de la tecnología. A la discusión se sumaron, en cuestión de días, los responsables de los grandes laboratorios de modelos de frontera: Dario Amodei, de Anthropic; Sam Altman, de OpenAI; y Elon Musk, de xAI.
Los tres han pedido en público una desaceleración y una regulación federal. Sanders lo formuló esta semana con una imagen rotunda: ‘No podemos quedarnos sentados esperando a que la IA avanzada cause el próximo 11-S, o el próximo Chernóbil, o una pandemia global, o una crisis financiera, antes de actuar para proteger al pueblo americano y, por supuesto, al mundo’. Ansari añadió: ‘Tenemos que frenar y regular el avance de tecnologías de IA peligrosas que pueden descontrolarse y amenazar a la humanidad’.
Washington no regula la inteligencia artificial por miedo a la tecnología: la regula cuando su propia élite tecnológica pide que alguien ponga el freno.
Aun así, el respaldo es minoritario y muy localizado. Diez firmas, todas demócratas, no bastan para mover una ley por el Capitolio, y el proyecto convive con la incomodidad de una parte del propio Partido Demócrata, más cómoda con regular que con frenar. Regular la IA y prohibirla es la verdadera grieta abierta esta semana.
Tampoco hay unanimidad en Silicon Valley. Una parte de los laboratorios reclama reglas claras para poder invertir sin sobresaltos; otra lee la pausa como una ventaja cedida a China. Esa tensión, más que el texto en sí, es lo que mide el termómetro del debate.
La Lógica de Washington
Visto desde dentro, el proyecto de Sanders y Casar responde a una pregunta que el Capitolio lleva dos años sin resolver: quién pone las reglas de la IA más potente del planeta. La respuesta americana tradicional nunca ha sido prohibir primero y preguntar después.
Cuando la tecnología nuclear amenazó con escaparse de las manos, el Congreso aprobó la Ley de Energía Atómica de 1946 y concentró el control en una agencia federal, la Comisión de Energía Atómica. No se prohibió la física; se nacionalizó su mando. La pausa que ahora se propone rompe ese manual y prueba algo distinto: congelar el desarrollo hasta que exista el regulador.
La coalición que sostiene el texto es pequeña pero reconocible: el ala progresista de la Cámara, con Ocasio-Cortez y Khanna como altavoces, y un Sanders que lleva años señalando a las grandes tecnológicas. Choca de frente con la apuesta de la Casa Blanca por acelerar la IA para no ceder terreno frente a China, y también con el instinto de buena parte de su propio partido, que prefiere regular por capas antes que detener el reloj.
Para España, el movimiento importa aunque la ley no llegue a aprobarse. La UE ya tiene su propia norma, la ley de IA —el AI Act—, en plena aplicación desde agosto y construida sobre niveles de riesgo. Si Washington abriera una tercera vía, las empresas españolas que operan a ambos lados del Atlántico tendrían que convivir con dos regímenes distintos. Ahí están Telefónica, Santander, BBVA o Inditex, todas con proyectos de IA desplegados en Estados Unidos y sujetas, desde Madrid, al reglamento europeo.
El recorrido del proyecto, en el corto plazo, es limitado: necesita pasar por comisión y sumar una mayoría que hoy no tiene en en ninguna de las dos cámaras. La lectura estratégica es otra. Con diez firmas, Sanders y Casar han puesto sobre la mesa el marco más duro que se ha discutido en el Capitolio en materia de IA, y han obligado al resto del hemiciclo a posicionarse. Las próximas sesiones que las comisiones dediquen al asunto medirán si la pausa que piden se queda en gesto o se convierte en agenda.
Ficha del Caso
- El caso: Diez demócratas de la Cámara respaldan el proyecto de Bernie Sanders y Greg Casar para prohibir la superinteligencia artificial y crear un Departamento federal de IA.
- Datos clave: La norma define la superinteligencia como el modelo que supera las capacidades cognitivas humanas en la mayoría de tareas, pausa el desarrollo de los modelos de frontera hasta que exista un regulador y suma solo diez firmas, todas demócratas.
- Para España: De aprobarse, abriría un tercer marco regulatorio distinto al AI Act europeo, con impacto en Telefónica, Santander, BBVA o Inditex, que ya operan con IA a ambos lados del Atlántico.

