Meloni exige a von der Leyen flexibilizar las reglas fiscales UE ante la crisis energética

Italia y Grecia reclaman más margen fiscal mientras la inflación repunta en la eurozona. El ECOFIN de la semana próxima y el Consejo Europeo de octubre serán los primeros testigos de si Bruselas cede o mantiene la regla de gasto.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Meloni ha escrito a von der Leyen para pedir que Bruselas flexibilice la regla de gasto ante el encarecimiento de la energía. Quiere que se trate en el ECOFIN de la semana próxima y en el Consejo Europeo de octubre.
  • ¿Quién está detrás? Italia y Grecia mueven ficha casi a la vez. Atenas reclama más espacio fiscal y rechaza el discurso del ahorro energético. Los frugales del norte preparan su resistencia.
  • ¿Qué impacto tiene? España, con una deuda cercana al 100% del PIB, figura entre los que ganarían con un margen extra, aunque Moncloa evita liderar el pulso con Berlín.

Meloni redobla la presión sobre las reglas fiscales UE con una carta a von der Leyen por el precio de la energía. La primera ministra italiana reclama margen para sostener a familias y empresas y quiere que el asunto aterrice ya en el ECOFIN.

La dirigente italiana lo anunció en un encuentro con medios. ‘Ante el aumento de la inflación por los altos precios de la energía, es necesario conceder a los Estados miembros flexibilidad adicional para apoyar a hogares y empresas’, declaró. La factura energética se ha convertido en el factor que desestabiliza las cuentas de medio continente.

El detonante está fuera de Europa. El encarecimiento de la energía, agravado por la guerra en Irán, empuja los precios al alza y amenaza con frenar el crecimiento. En septiembre, la inflación repuntó en las principales economías de la eurozona. En Italia, según los datos preliminares del instituto estadístico nacional, escaló del 3,2% al 4,1%. Casi un punto en un mes.

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La gasolina lleva semanas siendo el gran problema político de Roma. El calendario aprieta: Italia celebra elecciones nacionales el año que viene y los partidos ya están en campaña. Para Meloni, pedir flexibilidad no es solo una cuestión técnica.

La carta va a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. ‘Escribo a la presidenta von der Leyen para que el asunto se aborde en el Ecofin de la semana que viene en Luxemburgo y luego, por supuesto, en el próximo Consejo Europeo, que es en dos semanas’, dijo.

Meloni no pide romper la regla de gasto: pide que Bruselas mire hacia otro lado mientras la energía siga cargando el recibo de los ciudadanos.

El argumento incomoda en el Berlaymont. Italia incumple los objetivos fiscales: su gasto supera sus ingresos en más del 3% del PIB, el umbral del Pacto de Estabilidad. El Ejecutivo de Meloni promete cumplirlo el año que viene, después de fallar este. Y varios socios navegan cerca de ese límite, lo que convierte a Roma en punta de lanza de un grupo mayor.

Qué pide Meloni a Bruselas y por qué lo hace ahora

Conviene precisar el vocabulario. La regla de gasto es el límite anual que Bruselas impone al aumento del gasto público nacional, la pieza central del marco fiscal reformado en 2024. Meloni no pide derogarla. Pide que, al calcular los objetivos y el déficit permitido, se tenga en cuenta la inflación disparada de este periodo.

‘Ya hemos planteado en el Ecofin la necesidad de tener en cuenta la mayor inflación al calcular los objetivos y el déficit permitido’, recordó. Se refiere al ECOFIN (la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de los Veintisiete), que se celebra la semana próxima en Luxemburgo.

La trampa es evidente. Aceptar la petición italiana abriría la puerta a que cada capital recalculase a su gusto el punto de partida del ajuste.

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Grecia se suma al frente del sur y el ECOFIN se convierte en campo de batalla

Meloni no está sola. El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, escribió también a von der Leyen, al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y al presidente del Eurogrupo. En su carta rechaza el llamamiento a consumir menos energía y reclama más espacio fiscal. Atenas y Roma dibujan el mismo mapa: el sur quiere margen, no sermones.

regla de gasto

El frente del sur no es nuevo. Es la versión fiscal de la geometría variable de la crisis del euro, cuando el Mediterráneo reclamaba flexibilidad frente a la austeridad de Berlín y sus aliados frugales. Cambia el motivo: entonces era la deuda; hoy es la energía.

La pelota está en el tejado de la Comisión. Von der Leyen podría conceder margen sin reabrir el reglamento, con una interpretación generosa del cálculo inflacionario. El coste político sería asumible en Bruselas y visible en La Haya o Viena.

El Eje del Poder Europeo

Aquí se mide el pulso real. El eje franco-alemán llega dividido. Alemania no quiere aparecer como el país que aprieta a los socios del sur, pero tampoco financiará la relajación. París, ahogada por su propio déficit, tiene un incentivo incómodo para alinearse con Roma: si Bruselas afloja para Italia, afloja para Francia. Los frugales —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia— mantienen su doctrina: reglas iguales, y ningún precedente que se pueda citar.

Para España, el cálculo es delicado. La deuda sigue cerca del 100% del PIB y Moncloa mira con simpatía cualquier margen extra si la energía vuelve a dispararse. Pero evita ponerse al frente: liderar el frente del sur junto a Meloni endurece la negociación con Berlín por los fondos y por la reforma fiscal pendiente. Que se queme Roma.

No es la primera vez que Italia marca la agenda fiscal. En 2018, el primer Gobierno de coalición entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga abrió un pulso con Bruselas por el presupuesto, y la Comisión llegó a rechazar el borrador italiano. Roma sabe convertir una cifra técnica en disputa política.

La derivada a medio plazo es clara. Si cada pico de inflación abre una negociación sobre la regla de gasto, el marco fiscal que la UE tardó años en acordar se vuelve elástico de facto. Y un marco elástico beneficia a los que más gastan y más deuda acumulan.

La próxima prueba llega en días. El ECOFIN de Luxemburgo calibrará cuántos ministros respaldan la petición italiana; el Consejo Europeo de mediados de octubre decidirá si el asunto escala o se enfría. Hasta entonces, papel mojado.