El fondo de despidos de Argentina arranca en noviembre y obligará a aportar a todas las empresas del país, también a las filiales españolas. No es una contribución nueva ni una subida de cotizaciones: es un cambio de destino. Las sumas que hasta ahora ingresaba la Administración Nacional de la Seguridad Social pasarán a una cuenta privada invertida en el mercado de capitales. Y quien no registre esa cuenta se expone a una multa.
Qué es el FAL y qué cambia a partir de noviembre
El Fondo de Asistencia Laboral nació dentro de la ley de reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei y su reglamentación acaba de cerrarse. La autoridad fiscal, ARCA —la antigua AFIP, hoy Agencia de Recaudación y Control Aduanero—, ha publicado los últimos detalles: cómo abrir la cuenta, qué identificador necesita cada empleador y qué ocurre con quienes no lo hagan.
La mecánica se explica en dos líneas. Cada empleador, desde la pyme de barrio hasta la multinacional, aportará un porcentaje —el 2,5 % para las pymes y el 1 % para el resto— que hasta ahora iba al sistema previsional y que a partir de ahora irá a una entidad administradora elegida por la propia empresa. Ese dinero queda identificado con un número propio: el ID FAL.
Los fondos deberán invertirse en bonos o acciones argentinas para no perder poder de compra, con un menú acotado que en la práctica apunta a los bonos del Ministerio de Economía. El pago se hará ante ARCA con el mismo procedimiento que el resto de obligaciones sociales: declaración jurada y volante electrónico de pago. El trámite, en apariencia sencillo, se convierte en una obligación con calendario.
Por qué la medida golpea a las filiales españolas
Argentina es uno de los mercados donde la empresa española más kilómetros tiene recorridos. La banca, las aseguradoras, las energéticas, las concesionarias y las hoteleras mantienen filiales con plantillas que se cuentan por miles. Para todas ellas el FAL no eleva la factura, pero sí añade gestión: abrir una cuenta, elegir administradora y registrar un identificador ante el fisco.
La multa por no informar ese identificador es la parte que ninguna filial quiere descubrir por sorpresa. La reglamentación fija una sanción del 5 % de las remuneraciones sujetas a aportes del mes anterior al requerimiento, con un suelo equivalente al 10 % de un salario mínimo y un techo de 15 salarios mínimos. Por si fuera poco, la falta de pago devenga intereses del 2,75 % mensual.
El FAL no sube lo que paga la empresa: cambia a dónde va el dinero y quién lo administra.
Hay un matiz que rebaja el ruido y otro que lo dispara. El primero: no hay coste adicional, solo un cambio de destino de fondos que ya se aportaban. El segundo: si el empleador no comunica su ID FAL, ARCA lo traslada a la Comisión Nacional de Valores para que asigne una administradora de oficio, y las sumas quedan retenidas sin invertir.
La huella española en el país es antigua y ancha. Telefónica acordó en 2024 la venta de su filial argentina a Telecom Argentina, pero los costes laborales del mercado argentino siguen apareciendo en los balances de los grupos españoles con presencia estable en banca, energía, infraestructuras, seguros y turismo. Para todos ellos, la cita de noviembre es una tarea administrativa con reloj.

Lo que enseñan los precedentes de Austria y de España
Los fondos de despido con dinero invertido en el mercado no son una invención argentina. Austria los puso en marcha en 2003 con la llamada Abfertigung neu —la indemnización austríaca reformada—: el empleador ingresa cada mes un porcentaje del salario en una cuenta individual gestionada por entidades privadas. El trabajador se lleva esa cuenta consigo cuando cambia de empresa, y el modelo se cita en media Europa como ejemplo de indemnización portable.
España tiene la otra mitad de la película. El Fondo de Garantía Salarial, nacido al calor del Estatuto de los Trabajadores, cubre desde 1980 las indemnizaciones cuando la empresa no puede pagarlas y se financia con aportaciones empresariales.
La diferencia con el FAL argentino es de fondo: aquí el dinero se reparte entre todos los que caen; allí se acumula en la cuenta de cada empresa para lo que pueda venir. En 2020, el debate sobre la mochila austríaca —acumular en una cuenta individual los derechos por despido— llegó a las mesas de negociación españolas y quedó aparcado.
Conviene mirar también la letra pequeña fiscal. El proyecto de Presupuesto 2027 cifra en casi el 0,2 % del PIB lo que el sistema previsional argentino dejará de ingresar, y contempla que hasta finales de 2027 los fondos FAL absorban hasta el 2 % de los vencimientos en pesos del Tesoro. Traducido: al principio es un actor pequeño del mercado, pero cada mes que pasa engorda.
Para las empresas españolas con plantilla en Argentina, la cuenta atrás es operativa: identificar la administradora, abrir la cuenta y obtener el ID FAL antes del primer vencimiento de noviembre. Quien llegue tarde no tendrá una sanción automática —ARCA requiere primero—, pero sí aportes retenidos y un problema de gestión. La próxima cita será la primera liquidación posterior al arranque.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Argentina pone en marcha en noviembre el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un mecanismo que desvía parte de los aportes patronales a cuentas privadas invertidas en el mercado.
- Datos importantes: El 2,5 % de los aportes para las pymes y el 1 % para el resto; multas del 5 % de la nómina, con techo de 15 salarios mínimos, e intereses del 2,75 % mensual.
- Resumen: Las filiales españolas en banca, energía, seguros y turismo deberán adaptar su gestión para no quedar expuestas a sanciones ni a fondos retenidos sin rentabilidad.
