El ECOFIN pacta reforzar a la ESMA como supervisor europeo de mercados pese al rechazo de Bruselas

Cuatro centros de negociación, tres cámaras de contrapartida y dos depositarios quedan fuera del paraguas directo de la ESMA. La pelota pasa ahora al Parlamento Europeo, que puede endurecer el texto en el trílogo.

El ECOFIN refuerza a la ESMA como supervisor europeo de mercados, pero deja fuera a Deutsche Börse y a BME. Los Veintisiete han cerrado este viernes en Bruselas los elementos clave de su posición sobre el paquete MISP, un texto ya rebajado respecto a lo que había pedido la Comisión Europea y que abre un pulso con la Eurocámara.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El ECOFIN cierra su posición sobre el paquete MISP: la ESMA pasará a vigilar directamente grandes plataformas de negociación, cámaras de contrapartida, depositarios de valores y proveedores de criptoactivos.
  • ¿Quién está detrás? El acuerdo lo pilota la presidencia irlandesa del Consejo con el respaldo de los Veintisiete. La Comisión Europea y el BCE lamentan la pérdida de ambición.
  • ¿Qué impacto tiene? Quedan fuera del paraguas directo cuatro centros de negociación, tres cámaras y dos depositarios, entre ellos Deutsche Börse y BME. La CNMV gana peso; ahora decide el Parlamento Europeo.

Qué entra en el paraguas de la ESMA y qué se queda fuera

El acuerdo, pilotado por la presidencia irlandesa, amplía las competencias de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), con sede en París, para vigilar directamente a los grandes centros de negociación, a las cámaras de contrapartida central, a los depositarios de valores y a los proveedores de criptoactivos. La lógica que defienden sus promotores es sencilla: cuanto mayor es un operador, más daño hace su caída y menos sentido tiene dejar su vigilancia en manos de un supervisor nacional con recursos limitados.

El problema es el perímetro. El pacto que recoge la posición del Consejo excluye a cuatro centros de negociación, tres cámaras de contrapartida y dos depositarios de valores que sí figuraban en la propuesta de Bruselas. También limita los controles sobre criptoactivos a los proveedores más grandes y retoca los criterios para clasificar al resto de firmas como significativas. Traducido: habrá menos entidades bajo vigilancia directa de la ESMA de las que pretendía la Comisión.

Publicidad

La comisaria europea de Servicios Financieros, la portuguesa Maria Luís Albuquerque, no ha disimulado el enfado. ‘Lamentamos profundamente que el compromiso que se encuentra ahora sobre la mesa se quede muy por debajo del nivel de ambición necesario para alcanzar los objetivos del paquete’, ha señalado, antes de advertir de que el resultado ‘desincentiva que los operadores alcancen una dimensión suficiente a escala europea’. El comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, ha rebajado el tono: ‘Nos hubiera gustado un resultado más ambicioso, pero el acuerdo de hoy es un paso importante en las negociaciones.

A la lista de decepcionados se ha sumado la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, que comparte las ‘preocupaciones’ del Ejecutivo comunitario. No es un detalle menor. El BCE lleva años advirtiendo de que la fragmentación de la supervisión encarece la financiación de las empresas europeas frente a sus competidoras estadounidenses.

La paradoja incomoda en Bruselas: los Veintisiete dicen querer una unión de mercados de capitales, pero cada vez que se discute quién manda, los Gobiernos recuperan el mando.

Cuerpo vota a favor y la CNMV se blinda como supervisor de proximidad

ESMA

El ministro español de Economía y vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, ha respaldado el acuerdo y lo ha descrito como un paso en la ‘buena dirección’, aunque habría preferido más ambición. Su voto resume la posición española: Madrid sale del Consejo con menos supervisión europea sobre sus mercados y con más poder para la CNMV, que tendrá un papel relevante en la futura junta de supervisores y podrá pedir ser consultada antes de las decisiones importantes.

Para BME, el holding de la Bolsa española en manos del grupo suizo SIX desde 2020, la letra pequeña es un alivio a corto plazo: seguirá bajo el paraguas de la CNMV y no rendirá cuentas directamente en París. A medio plazo, la pregunta es otra. Si el mercado europeo de capitales se integra de verdad, los operadores medianos que se queden fuera de la primera división competirán con una desventaja de escala difícil de compensar.

Las empresas cotizadas y las pymes que buscan financiación notarán el efecto por la vía del coste. Una supervisión armonizada se traduce en menos duplicidades y precios más ajustados para salir a bolsa o emitir deuda; una supervisión fragmentada hace exactamente lo contrario. España, con con un mercado de capitales pequeño en relación a su PIB y un tejido empresarial muy dependiente de la banca, es comprador neto de cualquier avance en esa dirección. Comprador neto, por tanto.

El Eje del Poder Europeo

El acuerdo es un mapa de la geometría de poder en Bruselas. Alemania ha protegido a su campeón nacional: Deutsche Börse y su filial de derivados quedan fuera del radio directo de la ESMA, algo que Berlín presenta como defensa de la competitividad y sus socios leen como blindaje de un interés privado. Francia tiene la sede de la ESMA en París y gana peso regulatorio con cada competencia que asume la autoridad, aunque su sector financiero tampoco aplaudía todas las exenciones del texto.

Publicidad

Los frugales y los nórdicos —Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Finlandia— han jugado la carta de siempre: los supervisores nacionales conocen mejor sus mercados y la competencia entre reguladores es sana. Los Estados del sur y buena parte de los socios del este, con mercados pequeños y supervisores con menos músculo, miran a la ESMA como escudo frente a Londres y Nueva York. Cosas de la geometría europea.

La secuencia histórica ayuda. La Comisión lanzó la unión de mercados de capitales en 2015 y el resultado sigue siendo un mosaico de veintisiete regímenes nacionales sin converger. En 2024, los informes de Enrico Letta y Mario Draghi volvieron a reclamar la centralización de la supervisión para movilizar el ahorro europeo: el texto de Draghi cifró en torno a 800.000 millones de euros anuales la inversión adicional necesaria, en su mayoría privada.

Lo que observamos es un patrón conocido desde la creación de las tres autoridades europeas de supervisión en 2011. Cada intento de concentrar poder se topa con el mismo muro: los Gobiernos ceden competencias de forma nominal y conservan la llave de las decisiones sensibles. La contradicción es difícil de sostener a diez años vista, cuando el bloque necesita capital propio para financiar su rearme y su transición energética.

El siguiente hito está en el Parlamento Europeo. La comisión de Asuntos Económicos y Monetarios debe fijar su ponencia y la Eurocámara ya ha dejado caer que puede ser más dura que los Estados miembros. Después llegará el trílogo, la negociación a tres bandas entre Eurocámara, Consejo y Comisión que decide la versión final de cada reglamento europeo. Ahí se sabrá si la ambición perdida en el ECOFIN regresa por la puerta del Parlamento. Hasta entonces, nada está cerrado.