La deuda de Francia escala al 119% del PIB y amenaza con contagiar a la eurozona

El diferencial del bono francés frente al alemán toca los 150 puntos básicos, su nivel más alto desde 2012. El BCE se enfrenta al dilema de pausar las subidas de tipos o estrenar el instrumento anticrisis para contener el contagio a España e Italia.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La deuda pública francesa ha escalado al 119% del PIB, más de 3,6 billones de euros, y el déficit superará el 5% este año. El diferencial entre el bono francés y el alemán ha tocado los 150 puntos básicos, máximos desde 2012.
  • ¿Quién está detrás? El Ejecutivo de Emmanuel Macron, con un paquete de recortes y subidas de impuestos de 43.000 millones que los inversores dudan que salga adelante antes de las elecciones de abril. El BCE de Christine Lagarde sigue la escalada sin nombrar a París.
  • ¿Qué impacto tiene? El contagio encarece la financiación de España y de la periferia, tensiona a la banca europea y abre la puerta a una pausa del BCE o a una intervención con el Instrumento para la Protección de la Transmisión tras diciembre.

Francia arrastra una deuda del 119% del PIB y el mercado la señala ya como el epicentro del próximo susto de la eurozona. El dato, correspondiente al segundo trimestre de 2026, equivale a algo más de 3,6 billones de euros: la mayor losa fiscal que ha soportado la segunda economía del euro en su historia reciente.

La tormenta perfecta: 119% de deuda, 5% de déficit y elecciones en abril

El déficit público va a superar el 5% del PIB este año, muy por encima del 3% que fija el Pacto de Estabilidad — la regla fiscal que Bruselas impone a los Estados miembros. El crecimiento se quedará en un 0,5%. Con ese cuadro, el diferencial entre el bono francés y el alemán ha alcanzado los 150 puntos básicos esta semana, el nivel más elevado desde 2012.

El coste de financiarse es ya la primera partida del gasto del Estado francés, por delante de la educación y de la defensa. Eso explica que los inversores vendan bonos galos a marchas forzadas.

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Emmanuel Macron lo intenta contener con un calendario político en contra. El primer ministro, Sébastien Lecornu, propuso un paquete de recortes y subidas de impuestos de 43.000 millones de euros, con medidas tan sensibles como frenar la revalorización de las pensiones. Los mercados no se lo creen: con elecciones en abril de 2027, pocos apuestan a que un Gobierno en precario apruebe ajustes de ese calibre antes de las urnas.

El centro de estudios parisino Rexecode ha bautizado la crisis con un acrónimo que duele: FROGS (French Oversized Government and Social Security). Es la réplica a los PIIGS que los mercados usaron contra Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España en 2008. Ahora el enfermo es uno de los acreedores históricos de la eurozona.

El país que dictaba disciplina fiscal en Bruselas es hoy el que la incumple, y la eurozona entera paga la factura en forma de prima de riesgo.

El problema, como siempre en el euro, es el contagio. Un informe de Goldman Sachs señala un ‘claro punto de contagio de los bonos franceses a la deuda de la periferia desde el 1 de octubre’. Lo que empieza en París se convierte en una subida del coste de financiación para España e Italia en cuestión de días. El euro ha caído hasta los 1,12 dólares.

riesgo fiscal Francia

El BCE, entre el rescate encubierto y la pausa que piden los mercados

En Fráncfort nadie ha pronunciado la palabra ‘rescate’. Pero todos la piensan. Christine Lagarde señaló esta semana, ante el Eurogrupo, que el Banco Central Europeo ‘tiene instrumentos para actuar contra dinámicas injustificadas y desordenadas de los mercados’. Es la fórmula ritual que abre la puerta al Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI), la herramienta creada en 2022 y nunca estrenada para contener primas de riesgo desbocadas.

El problema es que Francia no es Grecia. Su peso económico es tal que, según el analista de Natixis Patrick Artus, no es seguro que las condiciones del TPI fueran muy estrictas si París tuviera que recurrir a él. Traducción: la eurozona se enfrenta al dilema de rescatar a uno de sus miembros grandes sin los castigos que aplicó a los pequeños.

A eso se suma el debate sobre los tipos. Los mercados descuentan que el BCE detendrá su ciclo de subidas — o hasta lo revertirá — después de diciembre para aliviar la presión sobre los bonos. Los analistas de XTB lo critican sin rodeos: recuerdan que el banco central subió tipos en julio de 2008, meses antes de la caída de Lehman Brothers, y de nuevo en 2011, en plena crisis de deuda europea. ‘Creemos que el BCE se ha vuelto a equivocar’, escriben.

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El Eje del Poder Europeo

Lo primero que hay que decir es que este no es un problema de un solo país. Es el pulso fiscal que la eurozona lleva aplazando desde 2020. El eje franco-alemán — el motor histórico de la integración — funciona hoy en modo asimétrico: Berlín mira con frialdad cómo su socio se descarrila mientras la Comisión Europea activa el procedimiento de déficit excesivo contra París, algo impensable hace una década.

Los frugales del norte — Países Bajos, Austria, Dinamarca, y Finlandia — no tienen intención de aflojar la disciplina para cubrir a Francia. Tampoco el bloque de Visegrado. El sur, con España e Italia a la cabeza, observa la escena con incomodidad: si Bruselas se muestra flexible con París, resultará difícil justificar el rigor con Roma o con Atenas.

Impacto directo para España. Nuestro país arrastra una deuda cercana al 100% del PIB y se financia en los mismos mercados que penalizan a Francia. Cada punto básico que sube el bono galo se traslada, con retardo, al bono español. A eso se suma la exposición de la banca europea: a finales de 2025 las entidades del continente tenían más de 4 billones de euros en deuda pública, el 13% de sus activos, según la ABE.

La lectura a cinco o diez años resulta incómoda. Si Francia no corrige su déficit primario — que hoy roza el 3% del PIB y debería convertirse en un superávit del 3% solo para estabilizar la deuda —, la eurozona tendrá que elegir entre permitir que el BCE monetice de facto la deuda de un Estado grande o aceptar que la prima de riesgo se vuelva estructural. El ‘lo que haga falta’ de Mario Draghi en 2012 sirvió para ganar tiempo, no para resolver el problema. El próximo hito ya tiene fecha: el Eurogrupo de diciembre.