Lula ganó el balotaje por 4,4 millones de votos, pero la impugnación de Flávio Bolsonaro amenaza el acuerdo UE Mercosur. La noche del domingo dejó un ganador claro y un perdedor que no concede.
Los números son rotundos. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se impuso con el 51,78% de los votos válidos frente al 48,22% del senador Flávio Bolsonaro. Traducido: 64,2 millones de papeletas contra 59,8. Una diferencia de 4,4 millones de votos que duplica la de 2022. La abstención bajó al 19,21%, la más baja en veinte años. A sus 80 años —cumple 81 este martes—, Lula será el primer brasileño con cuatro mandatos y el primer candidato desde 1989 que gana una segunda vuelta después de perder la primera.
El problema no está en el escrutinio, sino en lo que ocurrió mientras se contaba. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Cristiano Zanin, exabogado de Lula y designado por él en 2023, ordenó prorrogar la votación hasta las 19:00 en todo el país. El Tribunal Superior Electoral había suspendido la difusión de resultados con apenas el 0,25% de los votos contados. Su presidente, Kassio Nunes Marques, reconoció la escasez de vehículos de transporte, pero no se pronunció sobre la prórroga. La Policía Federal abrió una investigación por presunta obstrucción del derecho al voto en Sergipe.
La jornada que terminó discutiéndose en los tribunales
Desde el búnker derrotado, Bolsonaro habló de anular. Sostuvo que las elecciones deberían ‘ser anuladas’ y cargó contra el magistrado: ‘Es inaceptable que un ministro de la Corte, que es abogado de Lula, haya firmado eso y cambie las reglas de juego a las 17:01’. Son palabras recogidas por La Nación. Su coordinador de campaña, Rogério Marinho, insistió en el vínculo entre Zanin y el presidente, y acusó al oficialismo de intentar alterar una elección que, según él, ya había perdido en las urnas.
Del otro lado, el presidente del PT, Edinho Silva, señaló la suspensión del transporte gratuito como una interferencia directa en el proceso. Y mientras los tribunales intercambiaban despachos, el mercado de apuestas de Polymarket daba a Bolsonaro un 82,3% al arrancar la jornada. Nunca llegó a bajar del 77,8%. Las casas de apuestas se equivocaron igual que las encuestadoras.
Cuatro millones y medio de votos de ventaja no han bastado para que el resultado brasileño se sienta definitivo.
Qué se juega España con el ruido brasileño
La impugnación no se queda en Brasilia. El presidente argentino, Javier Milei, acusó a Lula de querer ‘robar’ los comicios, según recogió el diario argentino. El pacto llega a su tramo decisivo con dos Gobiernos enzarzados: Brasil y Argentina son dos de los cuatro socios grandes del bloque y ambos afrontan la recta final de la negociación con Bruselas en plena bronca política.

Conviene recordar qué está exactamente pendiente. El acuerdo político se cerró en diciembre de 2024 en Montevideo, tras un cuarto de siglo de idas y venidas con el Mercado Común del Sur. Lo que falta ahora es la ratificación, es decir, el visto bueno del Consejo, el voto del Parlamento Europeo y, en las materias de competencia compartida, el de los parlamentos nacionales. La firma no basta: faltan Consejo, Eurocámara y cámaras nacionales.
Para España, el interés es de primer orden. Brasil es el principal socio comercial español en América Latina y el pacto abriría mercado a un tejido empresarial ya instalado allí: Santander, BBVA, Telefónica —con Vivo— e Iberdrola —con Neoenergia— figuran entre los grandes inversores europeos en el país. El sector agroalimentario mira con recelo la letra pequeña de las cuotas de carne de vacuno, azúcar y etanol, la misma que Francia, Irlanda y Polonia utilizan para frenar el texto en el Consejo.
Añádase el calendario político. Cuanto más se judicialice el resultado brasileño, más fácil será para los parlamentos reticentes aplazar la votación. Y aquí está la clave: el ruido electoral se convierte en argumento proteccionista. No hace falta que la impugnación prospere. Basta con que exista para dar coartada a quien ya buscaba una excusa.
El precedente de 2019: cuando el pacto se congeló por la política
Ya ocurrió. El acuerdo se anunció en junio de 2019, con Jair Bolsonaro en el Planalto, y quedó congelado en pocos meses: los incendios de la Amazonia y la resistencia del Parlamento Europeo bastaron para que el texto durmiera en un cajón. Hubo que renegociar el capítulo de desarrollo sostenible y esperar a diciembre de 2024 para volver a la casilla de salida. El segundo precedente es europeo. El CETA con Canadá se aplica de forma provisional desde 2017 y sigue sin ratificar por los parlamentos nacionales, después de que la región belga de Valonia lo bloqueara durante años. Nada garantiza que Mercosur corra mejor suerte. La diferencia es que ahora España y Alemania empujan en la misma dirección y el Ejecutivo comunitario ha impulsado la separación del pilar comercial del político para sustraer la parte arancelaria a las cámaras nacionales. Los próximos pasos pasan por el TSE brasileño, que debe resolver la impugnación, y por el Consejo, que todavía no tiene una mayoría cualificada cerrada. Conviene seguir la pista a ambos.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Lula se impuso en el balotaje brasileño del 25 de octubre, pero Flávio Bolsonaro no reconoce el resultado y pide anular la votación ante el TSE.
- Datos importantes: 51,78% frente a 48,22%, con 4,4 millones de votos de margen y una abstención del 19,21%. El pacto UE-Mercosur se cerró en diciembre de 2024 y sigue sin ratificar.
- Resumen: Cada impugnación en Brasil retrasa un pacto que interesa a España y a sus empresas, y da argumentos a los Gobiernos europeos que quieren frenarlo.

