Zuckerberg amenaza con irse de California por el impuesto al patrimonio y Meta le ofrece un incentivo

El fundador de Meta condiciona su residencia al resultado de la consulta de noviembre, que grava con un 5% el patrimonio milmillonario. La compañía creará una nueva clase de acciones para que venda sin perder el control.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Meta ha reconocido en un formulario remitido a la SEC (el regulador bursátil de EE. UU.) que su consejero delegado evalúa fijar su residencia fuera de California si prospera el impuesto a los milmillonarios que se vota en noviembre.
  • ¿Quién está detrás? Mark Zuckerberg, el comité especial del consejo de Meta y una papeleta impulsada por el movimiento favorable a gravar las grandes fortunas del estado.
  • ¿Qué impacto tiene? La medida plantea un pago único del 5% sobre el patrimonio milmillonario. Meta advierte de una factura de ‘varios miles de millones’ y ofrece a su fundador vender más acciones sin perder el control.

Meta ha admitido por escrito que Mark Zuckerberg podría abandonar California si los votantes aprueban en noviembre el impuesto a los milmillonarios.

Un formulario ante la SEC y una mudanza que ya tiene precio

La compañía lo pone negro sobre blanco en un documento remitido al registro de la SEC, en el que reconoce que su fundador sopesa una mudanza y que cualquier paso en esa dirección sería público. Incluso la venta de sus casas en California acabaría comentada por empleados e inversores.

El texto, del que informó primero Politico, recoge una conversación que un consejo rara vez presencia: el hombre que controla la empresa avisando de que puede marcharse. Zuckerberg trasladó al comité especial que evaluaba llevar su residencia principal fuera del estado. La respuesta fue explícita: el objetivo es que siga dirigiendo Meta desde California y cerca de Meta Superintelligence Labs, el laboratorio de inteligencia artificial con el que la compañía se juega el futuro.

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De ahí nace el incentivo. Meta creará una nueva clase de acciones que permitirá a Zuckerberg vender hasta la mitad de su participación económica sin perder el control de voto, que descansa en los títulos especiales que ya posee. Las restricciones se levantarán de forma gradual durante los próximos ocho años y el beneficio queda condicionado a que siga al frente y con base en Silicon Valley.

El control no está en venta.

El impuesto del 5% y la factura de miles de millones

La motivación fiscal es confesa. En el mismo documento, Meta advierte de una factura de ‘varios miles de millones de dólares’ si la papeleta sale adelante. La medida que votarán los californianos en la consulta de noviembre establece un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de los milmillonarios, incluido el valor de las acciones que no han vendido. Para un fundador con la riqueza concentrada en un solo valor, eso es una liquidación en especie.

Meta no está organizando una mudanza: está poniendo precio a la permanencia de su fundador, y lo ha dejado por escrito ante el regulador.

Nadie dijo que saliera gratis.

El sector no habla con una sola voz. Sergey Brin, cofundador de Google, el inversor Ron Conway, el consejero delegado de DoorDash Tony Xu —que además se sienta en el comité especial de Meta— y el magnate del cripto Chris Larsen han financiado con millones la campaña contra la tasa. En la acera opuesta, Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha dicho que no le importaría pagarla.

El argumento más sólido de los críticos no es el tipo, sino la base. Dylan Field, cofundador de Figma, señala que la tasa gravaría beneficios sobre el papel —participaciones en empresas que aún no cotizan— sin que el contribuyente tenga liquidez para pagarla, y que a la plusvalía latente se sumaría después la factura de la venta. Añade el efecto rebaño: ‘las startups de Silicon Valley siguen al rebaño’, y basta con que unas cuantas compañías respetadas se muevan para que el resto imite el gesto.

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Meta California

La Lógica de Washington

Conviene empezar por una rareza del sistema americano que explica por qué este debate se libra en Sacramento y no en Washington. La Constitución limita el impuesto directo sobre el patrimonio: el Tribunal Supremo tumbó en 1895 un impuesto federal sobre la renta (caso Pollock) y solo la Enmienda 16, ratificada en 1913, abrió la puerta al sistema actual. Gravar la riqueza acumulada y no la renta realizada sigue siendo terreno minado. En 2024 el Supremo esquivó cerrar la puerta en el caso Moore, pero tampoco la abrió de par en par. El resultado es que los estados actúan como laboratorios fiscales.

California tiene tradición propia, y no siempre en esta dirección. La Proposición 13 de 1978 congeló la escalada del impuesto sobre la propiedad y alumbró la revuelta fiscal que acompañó el ascenso de Ronald Reagan. Casi cincuenta años después, el estado gobernado por los demócratas ensaya el movimiento contrario con un electorado que en noviembre también renueva el Congreso. El debate ya ha entrado en en la campaña. La coalición del sí une a activistas y a votantes asfixiados por la vivienda; la del no, a fundadores y capital riesgo, un bloque tradicionalmente demócrata al que esta papeleta parte por la mitad.

La lectura desde España no es abstracta. Aquí convive desde 2023 el impuesto de solidaridad de las grandes fortunas, que grava patrimonios netos superiores a tres millones de euros, con una Comunidad de Madrid que bonifica al 100% el impuesto sobre el patrimonio desde 2008. Ese mosaico autonómico funciona como un experimento parecido: el debate lleva años girando en torno a si el domicilio fiscal se mueve cuando el tipo sube. La respuesta más visible fue el traslado de la sede de Ferrovial a Países Bajos en 2023. El capital no discute la tasa, cambia de dirección postal.

A eso se suma el interés del ahorrador español: los planes de pensiones y los fondos indexados mantienen posiciones en Meta dentro de sus carteras globales, de modo que cualquier sacudida en el gobierno corporativo de la tecnológica llega también a España.

Silicon Valley no es un estado de ánimo.

Queda la incógnita de qué ocurre si la papeleta sale adelante. Un impuesto sobre plusvalías no realizadas abre un flanco judicial evidente y Meta ya ha avisado de que el pago sería ‘significativo’. La próxima ventana clave es la noche electoral de noviembre: si gana el sí, el comité especial deberá decidir si ejecuta el plan de acciones; si gana el no, el incentivo seguirá vivo ocho años. En cualquiera de los dos escenarios, la compañía ha reconocido por escrito algo que hasta ahora era especulación de pasillo.

Ficha del Caso

  • El caso: Meta reconoce ante la SEC que Zuckerberg evalúa fijar su residencia fuera de California si el impuesto a los milmillonarios sale adelante en noviembre, y diseña un incentivo accionarial para retenerlo.
  • Datos clave: impuesto único del 5% sobre el patrimonio milmillonario; nueva clase de acciones para vender hasta la mitad de su participación sin perder el control de voto; restricciones levantadas en ocho años; aviso de un pago fiscal de ‘varios miles de millones de dólares’.
  • Para España: el ahorrador español tiene exposición a Meta vía fondos globales y planes de pensiones, y el pulso californiano se leerá como espejo del debate entre el impuesto de solidaridad de las grandes fortunas y la bonificación madrileña.