La Junta desactiva la alerta sísmica en Granada tras casi 2.700 terremotos en dos meses y medio

El Instituto Andaluz de Geofísica confirma un descenso sostenido de la energía liberada desde el 24 de octubre. Los expertos reclaman reforzar la norma sismorresistente en una provincia con actividad sísmica recurrente.

La Junta de Andalucía ha desactivado la alerta sísmica en Granada tras contabilizar 2.679 terremotos en dos meses y medio, con una magnitud máxima de 4,8.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Junta ha desactivado el Plan de Preemergencia por Riesgo Sísmico que mantenía activo desde el 14 de agosto.
  • ¿Dónde y quién? En la provincia de Granada, por decisión del gobierno autonómico a partir de los informes del Instituto Andaluz de Geofísica y del Instituto Geográfico Nacional.
  • ¿Qué supone para los ciudadanos? Vuelve la normalidad administrativa tras dos meses y medio de incertidumbre, con unos 330 seísmos sentidos y la vista puesta en el refuerzo de las edificaciones.

La decisión, comunicada el pasado 30 de octubre, se apoya en tres indicadores técnicos y cierra dos meses y medio de vigilancia permanente sobre el terreno. El plan se había activado el 14 de agosto, en plena secuencia de temblores, y desde entonces ha marcado el día a día de miles de vecinos del área metropolitana.

José Miguel Azañón, catedrático de la Universidad de Granada y miembro del Instituto Andaluz de Geofísica (IAG), ha explicado que los argumentos que sostienen la desactivación son una disminución progresiva de la actividad sísmica durante los últimos quince días, un descenso de la energía liberada desde el 24 de octubre y la ausencia de otros indicadores que apunten a una aceleración de la serie.

Publicidad

2.679 seísmos, 330 sentidos y una magnitud máxima de 4,8

El balance de la secuencia es elocuente. Las redes de vigilancia han registrado 2.679 terremotos desde el 14 de agosto, de los cuales alrededor de 330 fueron percibidos por la población. El mayor de todos alcanzó magnitud 4,8. No es una cifra excepcional en términos absolutos, pero sí lo es su concentración en un territorio tan poblado como el cinturón de Granada.

En las últimas dos semanas el ritmo ha caído de forma sostenida y la energía liberada se ha reducido desde el 24 de octubre, dos señales que los sismólogos leen como el final de la fase más intensa. La vigilancia, eso sí, no se apaga: las estaciones del IAG y del Instituto Geográfico Nacional siguen registrando cada movimiento.

Granada no es una provincia que pueda permitirse olvidar el suelo que pisa: la prevención sísmica es la única herramienta real ante el próximo temblor.

Azañón insiste en que la preparación es la única herramienta disponible. No se puede saber ni cuándo ni dónde se producirá el siguiente terremoto, de modo que la prioridad pasa por preparar y reforzar las edificaciones y por aplicar la norma sismorresistente con rigor. De la emergencia se sale con grúas y equipos de Protección Civil; de la prevención se sale con hormigón, acero y normativa bien escrita.

El tipo de suelo que amplifica los temblores y la altura de los edificios

Los datos recopilados por las estaciones del IAG y del IGN han revelado diferencias de aceleración notables entre unos puntos y otros de la misma zona. Es decir, un mismo temblor se siente y se sufre de forma distinta según dónde se esté. Conocer cómo se comporta cada lugar es clave para entender por qué en unas calles los daños son mayores que en otras.

En los puntos con un espesor importante de sedimento blando se han registrado episodios de amplificación que se han traducido en daños en edificios de determinada altura. El análisis se centrará ahora en identificar qué altura de construcción resulta más vulnerable cuando su periodo de oscilación se acopla al del terreno, un fenómeno de resonancia que, en los casos más extremos, termina por dañar y colapsar estructuras.

preemergencia sísmica

El objetivo es doble: aprovechar el volumen de datos para mejorar las normas de construcción sismorresistente y adaptar las futuras edificaciones a una provincia con actividad sísmica recurrente. El IAG ha subrayado que el material recogido permitirá extraer conclusiones útiles y trasladarlas al planeamiento municipal.

Publicidad

La Lectura Andaluza

Andalucía convive con el riesgo sísmico desde antes de que existiera la palabra normativa. El terremoto de 1884, con epicentro en la comarca de Alhama de Granada y Arenas del Rey, dejó cerca de un millar de muertos y obligó a reconstruir pueblos enteros. Aquella lección sigue presente en los planes de emergencia de la Junta, que mantiene el marco de coordinación con los municipios y con el 112 Andalucía para cualquier repunte de la actividad.

Para el lector de a pie, la desactivación significa algo muy concreto: los avisos dejan de llegar al teléfono y las familias del área metropolitana recuperan la rutina. Pero el valor de esta secuencia no está en los 2.679 temblores, sino en los datos que deja. La Vega de Granada ya vivió entre 2020 y 2021 otra serie de miles de seísmos, y entonces se aprendió lo mismo que ahora: el suelo manda más de lo que parece.

El cinturón metropolitano, con Atarfe y Santa Fe a un paso de la capital, concentra una densidad de población que multiplica cualquier exposición. La pelota queda ahora en el tejado de la normativa: los registros de esta serie alimentarán los trabajos del IAG y del IGN, que se traducirán en revisiones de la norma sismorresistente y en recomendaciones para el urbanismo de los ayuntamientos. Quien viva en Granada sabrá, al menos, que su suelo está hoy mejor medido que ayer.

window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({ mode: 'thumbnails-a', container: 'taboola-below-article-thumbnails', placement: 'Below Article Thumbnails', target_type: 'mix' });
window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({ mode: 'organic-thumbnails-a', container: 'taboola-organic-below-article-thumbnails', placement: 'Organic Below Article Thumbnails', target_type: 'mix' });