EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Ejército yemení, con fuego aéreo y artillería de la coalición saudí, asegura haber roto la ofensiva houthi en la frontera entre Lahij y Taiz y haber pasado a la contraofensiva sobre sus líneas de suministro.
- ¿Quién está detrás? Ansar Allah (los houthis), respaldados por Irán, frente al Gobierno internacionalmente reconocido y Riad. El movimiento zaidí controla desde septiembre Mocha, Dhubab y la isla de Perim.
- ¿Qué impacto tiene? El Bab el-Mandeb sigue en disputa y la ruta Suez-Mar Rojo, por la que pasa cerca del 12% del comercio mundial, no recupera condiciones de seguridad para el transporte marítimo.
El Ejército yemení asegura haber frenado la ofensiva de los houthis en el Bab el-Mandeb. La contraofensiva llega después de perder Mocha y Perim en septiembre.
La afirmación no está verificada de forma independiente. Ni la ONU ni ninguna misión de observación ha confirmado el repliegue del movimiento zaidí en la frontera entre Lahij y Taiz, y ambas partes sostienen versiones incompatibles sobre el mismo tramo de terreno. En esta redacción la tratamos como lo que es: una reivindicación de guerra difundida por medios próximos a la coalición saudí, no un parte de situación.
Qué se ha movido en el terreno y con qué medios
Según el diario Asharq Al-Awsat, de vínculos reconocidos con la familia real saudí, los houthis lanzaron una ofensiva a lo largo de la línea que separa las gobernaciones de Lahij y Taiz a finales de la semana pasada. La respuesta gubernamental combinó fuego de artillería, ataques aéreos de la coalición y una maniobra terrestre dirigida contra los corredores logísticos del movimiento. El resultado, siempre según esa versión, fue la ruptura del avance y la recuperación de posiciones intermedias.
El dato que no ha cambiado es el cerco de Taiz. La tercera ciudad del país sigue rodeada, con las fuerzas leales al Gobierno internacionalmente reconocido atrapadas dentro y sin corredor humanitario estable desde hace meses. Taiz vale menos por su valor militar que por lo que simboliza: es la última gran capital del norte que no está en manos de Ansar Allah, y su caída reordenaría por completo el mapa de la guerra.
En el norte, las versiones se cruzan sin remedio. El Gobierno anunció el sábado la recuperación de posiciones en la gobernación de al-Jawf, limítrofe con Arabia Saudí, mientras los houthis aseguraban haber rechazado esos mismos avances en al-Jawf y en la vecina Marib. Cuando los dos bandos reivindican la misma colina el mismo fin de semana, el dato utilizable no es quién la tomó, sino que la línea de frente se ha vuelto a mover tras dos años de congelación.
En Yemen no gana quien toma la colina, sino quien sostiene el puerto: esta guerra se decide en los muelles, no en los mapas.
El frente saudí es el otro tablero. El portavoz militar houthi, Yahya Saree, confirmó en X una campaña de misiles y drones contra instalaciones estratégicas en territorio saudí: la refinería de Ras Tanura, el aeropuerto internacional Rey Khalid en Riad, el aeropuerto internacional Rey Fahd en Dammam y una instalación militar en la región de Najrán. Saree vinculó los ataques a los bombardeos de la coalición y advirtió de que continuarán hasta que Riad ponga fin a su ‘agresión’ y levante el bloqueo sobre el país vecino.
Por qué el Bab el-Mandeb pesa más que el territorio perdido
El estrecho de Bab el-Mandeb —enlace del Mar Rojo con el golfo de Adén y, por tanto, con Suez— mide unas 18 millas náuticas en su punto más angosto, divididas por la isla de Perim en dos canales. Por ese embudo pasa en torno al 12% del comercio mundial y cerca de un tercio del tráfico de contenedores. Controlar Perim no es controlar una roca: es controlar la puerta de entrada y salida de la ruta más corta entre Asia y Europa.
Desde que los houthis se hicieron con Mocha, Dhubab y Perim en septiembre, las primas de riesgo de las aseguradoras marítimas han vuelto a subir y varias navieras han recuperado el desvío por el cabo de Buena Esperanza, que se traduce en en una factura adicional de entre diez y catorce días de travesía. Egipto vuelve a perder ingresos de canal y los fletes de la ruta Asia-Mediterráneo amenazan con trasladar presión a los precios industriales europeos en el primer trimestre de 2027.
Para España el problema no es abstracto. El cuartel general de la operación Atalanta de la UE sigue en la base de Rota, y la Armada mantiene desde 2024 una fragata integrada en la operación Aspides, la misión naval europea del Mar Rojo. Cada escalada en el estrecho alarga el despliegue, encarece el sostenimiento del buque y añade horas de vuelo a los helicópteros embarcados. A eso se suma la dependencia energética: buena parte del gas natural licuado que llega a las regasificadoras españolas desde el golfo Pérsico atraviesa exactamente ese pasillo.
Equilibrio de Poder
Washington sigue tratando el expediente yemení como un asunto subalterno dentro de su prioridad Indo-Pacífico. La lógica es transaccional: contención naval suficiente para que el comercio fluya, sin compromiso terrestre ni negociación política de fondo. Moscú, por su parte, no necesita ganar en el Bab el-Mandeb; le basta con que el estrecho siga inestable. Cada desvío de buques encarece el transporte de las exportaciones energéticas de sus competidores del Golfo y cada crisis en el Mar Rojo resta atención y recursos al flanco este de la OTAN. Es un dividendo estratégico barato.
Bruselas, mientras tanto, sostiene una paradoja conocida: despliega misiones navales de perfil bajo bajo bandera europea mientras compra seguridad marítima a la Quinta Flota. Para España la lectura es directa. La frontera sur no se limita al Estrecho de Gibraltar, Marruecos o el Sahel: se extiende hasta el índice del Mar Rojo, porque de allí dependen el coste de la cesta de la compra, el suministro eléctrico y la presión migratoria sobre Canarias cuando el colapso económico yemení empuja a nuevos desplazamientos hacia el Cuerno de África.
El precedente de 2023 y 2024 es el que mejor mide el riesgo actual. Entonces, la crisis del Mar Rojo se resolvió con una coalición liderada por Washington, el Operación Guardián de la Prosperidad, y con una misión europea paralela que nunca llegó a coordinar del todo sus reglas de enfrentamiento. Aquella duplicidad no se ha corregido; simplemente, la atención se desplazó. Si los houthis consolidan Perim y Mocha, el patrón se repetirá con un coste mayor, porque esta vez el movimiento zaidí tiene puertos, no solo lanchas.
Lo que observamos con fuentes de Defensa consultadas por este medio es un cálculo incómodo en Moncloa: la exposición comercial española al pasillo del Mar Rojo es alta, pero la capacidad naval dedicada es marginal y el debate público sobre defensa gira en torno a porcentajes del PIB, no a rutas. La próxima ventana crítica es la renovación del mandato de Aspides, prevista para febrero de 2027, y el informe que el enviado especial de la ONU para Yemen presente ante el Consejo de Seguridad. Si para entonces Mocha y Perim siguen en manos houthis, Europa estará pagando una misión permanente para gestionar una derrota que no ha reconocido.

