El desfile de catrinas de Madrid arrancó en la Plaza de Oriente a las 18.00 y terminó en la Plaza Mayor. Cientos de participantes recorrieron la calle de Bailén y la calle Mayor caracterizados como La Catrina, la figura esquelética de mujer con sombrero de ala ancha que se convirtió hace más de un siglo en el icono popular del Día de Muertos.
Detrás de la comitiva estaba la primera edición de Ánima Fest, un festival que echó a andar el 29 de octubre y que se prolonga hasta el martes 3 de noviembre. La celebración mexicana del 1 y 2 de noviembre ha caído este año en el puente de Todos los Santos, y esa coincidencia ha llevado al centro a miles de personas que no tenían previsto encontrarse con calaveras vestidas de gala.
De la Plaza de Oriente a la Plaza Mayor: el recorrido que siguió el desfile
El itinerario empezó junto al Palacio Real y descendió por Bailén antes de torcer hacia Mayor. La salida, a las 18.00, pilló el desfile con luz de atardecer en la primera mitad y con el cielo ya nocturno en el tramo final, el más fotografiado. El punto de llegada, la Plaza Mayor, quedó convertido en un improvisado plató para turistas y vecinos.
La participación era gratuita en los dos sentidos: quien quiso desfilar solo tuvo que caracterizarse, y quien prefirió mirar no pagó entrada. Lo mismo ocurre en el resto de actividades del festival. El recorrido no fue una pasarela cerrada, sino una marea de cientos de participantes que circuló entre el público y convirtió cada esquina en un escenario improvisado.
La cita se apoyó en la comunidad mexicana asentada en España, formada por miles de personas, que encontró en el recorrido una manera de celebrar lejos de casa. Ahí estuvo buena parte del mérito: el desfile no fue un espectáculo contratado, sino una quedada vecinal con maquillaje de catrina y mucho ensayo previo.
Para llegar a la salida, la estación más cercana es Ópera (líneas 2 y 5), a un paso de la Plaza de Oriente; el final, en la Plaza Mayor, queda a pocos minutos a pie de Sol y de Ópera. La recomendación fue clara: transporte público y llegar con antelación, porque el eje Bailén-Mayor se llena. El estado de las líneas se puede consultar en la web de Metro de Madrid.
La fiesta funcionó sin escenario ni taquilla: bastó con que cientos de vecinos se maquillaran de muerto y ocuparan la calle.
Qué queda en pie de Ánima Fest después del desfile

La parada era el plato fuerte, pero no el único. La Plaza Mayor, la Plaza de Chamberí, y el Círculo de Bellas Artes han sido los tres puntos de referencia del festival, con ofrendas, música y gastronomía mexicana repartidas durante todo el puente. Este lunes 2 de noviembre, Día de Muertos propiamente dicho, el programa sigue en marcha; el martes 3 es la última jornada.
Buena parte de la programación ha aterrizado en el Círculo de Bellas Artes, escaparate de una tradición que en Madrid se mira con curiosidad y cierta distancia. Los altares de muertos no forman parte del calendario católico local, pero funcionan como reclamo para un público joven que llena las actividades gratuitas del centro desde el jueves.
La Almudena y el Año Nuevo Chino: cómo se importa una fiesta a Madrid
En Madrid, el 1 de noviembre se ha pasado tradicionalmente en el cementerio. La Almudena, los floristas de la puerta y la comida familiar pesan más que cualquier disfraz. El Halloween de disfraces ha ido ganando terreno en la agenda escolar, y La Catrina se ha colado por la misma puerta: no sustituye la costumbre, convive con ella y le disputa la tarde a quien prefiere una calle llena de colores antes que un camposanto.
El precedente más claro está en Usera. El Año Nuevo Chino empezó como una celebración de comunidad, casi puertas adentro, y hoy es una cita del calendario municipal con calles cortadas y programación institucional. Ese recorrido —de la fiesta de colectivo a acontecimiento de ciudad— es el que Ánima Fest tiene por delante, y no se recorre en una sola edición.
Aquí llega el matiz incómodo. Un desfile gratuito en el eje Oriente-Mayor tiene un coste logístico que nadie factura: presión sobre el transporte, servicios de limpieza y una zona ya de por sí saturada un domingo de puente. La fiesta salió bien porque el centro de Madrid aguanta casi todo, no porque estuviera dimensionada para ello. Y la continuidad no está garantizada: la segunda edición, si llega, tendrá que resolver quién paga la estructura y cómo se reparte el recorrido.
El resto es logística.
Con todo, el balance de la tarde es difícilmente discutible. Un domingo de puente, sin entrada y sin grandes nombres en el cartel, el centro de Madrid se llenó de gente mirando calaveras.
Queda margen para comprobarlo. Ánima Fest cierra el martes 3 de noviembre, con el Día de Muertos aún reciente y las calles del centro en modo puente. Después, el calendario madrileño volverá a lo de siempre: la vista puesta en la Navidad, que arranca en semanas. Las catrinas, de momento, han cumplido.
