Tanquem Cofrents exige en las Torres de Serrans el cierre de la central de Cofrents tras 42 años de actividad

La plataforma reclama cierre inmediato y prohibición más allá de 2030, una fecha que sitúa en los planes de Iberdrola. La autorización de la planta depende del Estado y no de la Generalitat.

Una decena de activistas exige en Valencia el cierre de la central de Cofrents con pancartas de calaveras y 42 años en marcha.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Una decena de activistas de Tanquem Cofrents y Marfull-Acció Ecologista-Agró despliegan una pancarta contra la central nuclear en las Torres de Serrans de Valencia.
  • ¿Quién está detrás? La plataforma ciudadana, sindicatos y entidades civiles; enfrente, Iberdrola, propietaria de la instalación, que suma 42 años de actividad.
  • ¿Qué impacto tiene? Piden cierre inmediato y prohibición más allá de 2030, pero la autorización depende del Estado y no de la Generalitat.

Calaveras, energía «zombi» y un mensaje: «Terror nuclear, cierre ya»

La protesta se desplegó el domingo 1 de noviembre frente a las Torres de Serrans, junto al cauce viejo del Turia, y reunió a miembros de Tanquem Cofrents y de Marfull-Acció Ecologista-Agró con representantes de sindicatos y de otras entidades civiles. El mensaje de la pancarta era una consigna corta: «Terror nuclear, cierre ya».

Varias personas llevaban maquillaje y máscaras de calavera. La escenografía no era casual: coincidía con la resaca de Halloween y servía para presentar la nuclear como una energía «zombi», un sistema que sigue caminando cuando, a juicio de la plataforma, ya debería estar enterrado. El «auténtico terror», advirtieron, sería un accidente nuclear.

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El eje del argumento es la edad de la instalación. La central acumula 42 años de funcionamiento y, según la entidad, ha superado ampliamente las bases de diseño con las que fue construida. La organización señala a Iberdrola como responsable de mantener en explotación un activo que considera amortizado.

Las paradas de octubre y septiembre que la plataforma pone sobre la mesa

El expediente técnico que Tanquem Cofrents puso encima de la mesa tiene dos entradas recientes: la central estuvo parada cuatro días a partir del 6 de octubre y, entre el 5 y el 9 de septiembre, funcionó a una potencia «muy reducida». Para la plataforma, esa sucesión no es rutina de operación sino síntoma de deterioro y de una cultura de seguridad insuficiente. Un «riesgo inasumible», en sus palabras.

Cada año extra de operación, sostiene la entidad, «aumenta exponencialmente el riesgo de un accidente grave», y ese deterioro se traduce en más averías y más problemas técnicos. Frente a ese escenario, defienden alternativas que consideran más seguras, más limpias, más baratas y y más favorables a la soberanía energética: la solar y la eólica.

El debate sobre Cofrents no es solo energético: es una discusión sobre quién asume el riesgo y quién se queda con la factura.

La reclamación concreta tiene dos velocidades. La primera es el cierre inmediato. La segunda, un suelo legal: que la planta no funcione más allá de 2030, una fecha que, según la plataforma, ya figura en los planes de la compañía. La autorización no depende del Consell: la otorga el Estado, con informe preceptivo del Consejo de Seguridad Nuclear —el organismo que vigila la seguridad de las instalaciones— y del Ministerio para la Transición Ecológica.

El Escenario Valenciano

El Consell de Pérez Llorca, sostenido por PP y Vox, no tiene la llave de la vida útil de Cofrents. Sí controla el suelo, la protección civil y el despliegue de renovables que la plataforma pone como alternativa, y ahí la pelea autonómica se vuelve tangible: por cada mes que la central sigue conectada, la Generalitat debe decidir qué ocupa su hueco en la red. Vox defiende públicamente la nuclear como parte de la solución energética y el PP convive con ese debate abierto sin romper la coalición. La oposición de PSPV y Compromís tiene terreno cómodo para marcar perfil ecologista, aunque el expediente se resuelva a 350 kilómetros de las Torres de Serrans.

La dimensión estatal es la que decide. El calendario de cierre de las nucleares españolas se fijó en el séptimo Plan General de Residuos Radiactivos, que sitúa el apagón de Cofrents en 2030. El precedente más cercano está en Santa María de Garoña, que dejó de generar en diciembre de 2012 después de 41 años de operación. Cada cierre abre el mismo debate: qué pasa con el empleo local y con la seguridad del suministro.

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La proyección inmediata no está en las Corts Valencianes, sino en la renovación de autorizaciones y en el pulso entre la compañía y el regulador. Queda saber si el cierre se ejecutará en el calendario previsto o si la instalación buscará una extensión, como ha ocurrido en otros parques europeos. Mientras tanto, el reloj de Cofrents sigue sumando años.

Ficha del Caso

  • El caso: Una decena de activistas de Tanquem Cofrents y Acció Ecologista-Agró protestan en Valencia contra la central nuclear y exigen su cierre tras 42 años de actividad.
  • Datos importantes: Pancarta en las Torres de Serrans el domingo 1 de noviembre; parada de cuatro días desde el 6 de octubre y potencia reducida entre el 5 y el 9 de septiembre; demanda de cierre inmediato y prohibición más allá de 2030; Iberdrola como propietaria.
  • Resumen: La protesta no decide nada por sí sola, porque la autorización es estatal, pero instala el debate sobre la vida útil de la nuclear valenciana.
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