Abascal se distancia de Feijóo en el accidente de Urda: ve «irresponsable» pedir confiar en el sistema

El líder de Vox descarta subirse al AVE tras los siniestros de Adamuz y Urda y reclama una auditoría completa de las vías. En la misma entrevista aplaude el acuerdo con el PP en el Senado como un 'gesto mutuo' y defensivo.

Santiago Abascal marca distancias con Feijóo en el pulso por el tren. El líder de Vox no se subiría al AVE tras los siniestros.

Qué defiende Abascal y por qué no se subiría al tren

El presidente de Vox descartó este miércoles, en una entrevista en Onda Cero, que fuera a subirse a un tren de alta velocidad después de los accidentes de Adamuz y Urda, y situó la discrepancia con el Partido Popular en el terreno de la responsabilidad. Lo irresponsable es decirle a la gente que el sistema merece confianza cuando no lo merece’, afirmó, después de que Alberto Núñez Feijóo hubiera trasladado que él sí se subiría al AVE.

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Tiró de hemeroteca para ilustrar su postura. El presidente de Vox recordó el baño de Manuel Fraga en Palomares después de que cuatro bombas termonucleares cayeran al mar en un accidente entre dos aviones de Estados Unidos. ‘Si el señor Feijóo quiere bañarse en Palomares, como hizo el señor Fraga en su momento, pues bueno, él sabrá. Pero yo la verdad que prefiero optar por la prudencia’, remachó.

La propuesta va más allá de la anécdota. Vox plantea que la primera decisión de un Gobierno suyo sea una auditoría completa de las infraestructuras ferroviarias, con revisión de la inversión de los últimos años y comprobación del estado real de las vías. El objetivo declarado es saber por qué se han producido los siniestros de Adamuz y Urda, registrados este año, y exigir responsabilidades técnicas antes de pedir a los ciudadanos que confíen. La desconfianza, según dijo, se extiende a la red eléctrica, al sistema sanitario y a ‘todo lo que se está degradando en España’.

El líder de Vox denunció además la colocación de personas ‘no formadas’ en puestos técnicos y subrayó que el problema viene de lejos. ‘Antes de Puente estaba Ábalos, y en ADIF estaba Koldo, y en las contratas estaban las señoritas de compañía. Ha sido algo verdaderamente dantesco’, sentenció. El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) y las empresas contratistas quedan, en su relato, en el centro de la cadena de responsabilidad.

La seguridad del tren se convierte en un test de responsabilidad: quien pide confianza sin datos asume, sostiene Vox, un riesgo que no puede justificar.

Qué margen deja la dimisión de Puente al PP

La crisis ferroviaria ha dejado ya una salida política: la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, vinculada a los siniestros. Abascal eludió valorarla y la equiparó con otras del Gobierno de Pedro Sánchez ‘de Cerdán, de Ábalos, de Koldo, del fiscal general del Estado, del delegado del Gobierno en Madrid, del delegado del Gobierno en Ceuta, de la mujer, del hermano. ‘Todas esas personas envueltas en distintos actos de corrupción, condenados o procesados o imputados y que siempre son el parapeto que utiliza Sánchez’, denunció.

El contraste deja al PP ante un dilema incómodo. Avalar la versión oficial sobre el estado de la red o asumir el relato de la degradación que sostiene Vox: cada comparecencia sobre el AVE se convierte en un test de credibilidad para Alberto Núñez Feijóo, obligado a sostener la confianza en el sistema sin avalar la gestión del Ministerio de Transportes.

El calendario aprieta. Las elecciones del 29-N han entrado en su tramo decisivo y Abascal lo dijo sin rodeos: está ‘bastante ocupado’ con la cita española. La seguridad de las infraestructuras, la gestión de lo público y la pugna entre los partidos de la derecha se cruzan en una campaña en la que Vox quiere rentabilizar su papel de denuncia.

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Por qué el PP ya no esparce el miedo a Vox

Hay un segundo mensaje en la entrevista que en la dirección de Vox se considera estratégico. Abascal se congratuló de que el PP no esté ‘colaborando en esparcir el miedo a Vox’, una tarea que, reprochó, sí cumplió antes ‘activamente’ y con la que ‘contribuyó a la demonización’ del partido ‘con todos los medios’.

El acuerdo en el Senado, que Vox interpreta como un entendimiento con los populares, es la prueba de ese giro. Lo calificó de ‘gesto mutuo’ y ‘defensivo’ para ‘garantizar que el cambio que se produce en España es total’.

La traducción política es relevante. Si el PP deja de agitar el miedo a Vox, a Pedro Sánchez le queda un argumento menos, porque, según el análisis de Abascal, ‘no tiene la ayuda del PP’. Basta mirar atrás para entender el cambio de fase: desde la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos en 2024, ambos partidos han competido por el mismo espacio y han vuelto a entenderse cuando el cálculo les ha convenido. Cada gesto defensivo refuerza la tesis de Vox de que el cambio solo es posible con su concurso.

La agenda internacional completa el cuadro. Esta noche se verá en Madrid con el presidente argentino, Javier Milei, y a lo largo del día tiene previsto un almuerzo con el presidente de Chile, José Antonio Kast, en el marco de la XXX Cumbre Iberoamericana. ‘Todos estamos también manteniendo contactos con nuestros aliados’, dijo. Con la vista puesta en el 29-N, Vox proyecta imagen de red internacional y discurso propio. La próxima estación es la campaña.

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