Cuidado con la calefacción este noviembre: el ajuste térmico habitual que está levantando tu suelo de parqué

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Por qué el parqué se mueve en noviembre y no en enero: el daño ocurre en el arranque de la calefacción

El parqué no se mueve en enero porque en enero ya se ha movido. La madera es higroscópica: cede o capta agua del aire hasta equilibrarse con la humedad de la estancia, y ese equilibrio lo altera la calefacción. Un salón a 20 °C con un 60-70 % de humedad relativa en verano deja la tabla en torno al 11 % de humedad interna; con los radiadores en marcha, ese mismo aire puede caer al 30-35 % y la madera tiende a un 7-8 %. En roble, cada punto de humedad perdido encoge la tabla un 0,26 %, así que el salto entre el régimen estival y el invernal se salda con cerca de un 0,8 % de contracción. Lo decisivo es la velocidad: el mayor desnivel entre el agua que tiene la tabla y la que le pide el ambiente se produce en las primeras semanas de calefacción, cuando el aire pasa de otoñal a seco de golpe. Ahí aparecen las juntas abiertas, las microfisuras y el tuilado, antes de que el suelo se asiente en su nuevo equilibrio.

De ahí que la factura se cobre en el arranque y no en pleno invierno. La madera tarda meses en reajustar su humedad al clima interior, pero buena parte del recorrido se concentra en ese primer tramo; cuando llega enero, el suelo ya está aclimatado al aire seco y sigue cediendo décimas muy despacio. Lo que se ve entonces es el resultado acumulado: juntas que no vuelven a cerrar del todo, barniz cuarteado en las testas y crujidos al pisar. Conviene saber que la norma UNE 56810 admite juntas de hasta el 4 % del ancho de la tabla —media inferior al 2,5 %, y 1 mm en zonas visibles—, de modo que reclamar por rendijas menores rara vez prospera: un juzgado alemán ya falló en 2010 que el clima interior es responsabilidad del usuario. La prevención cabe en tres gestos: un higrómetro, subir el termostato por tramos en lugar de encender a tope y humidificar si el aparato baja del 40 %.

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