Mercadona liquida hoy 3 lotes de perfumería premium a 11€ (y las marcas de lujo enfurecen)

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La estrategia de Mercadona en perfumería: quién fabrica, cuánto margen deja y por qué liquida ahora

Hombre anciano oliendo cuidadosamente un tubo de ensayo entre utensilios de laboratorio que indica un experimento químico.

Detrás de los frascos de entre 8 y 12 euros que Mercadona coloca en su sección de Perfumería no hay una multinacional del lujo, sino RNB Cosméticos, laboratorio de La Pobla de Vallbona (Valencia) que la cadena incorporó como proveedor en 1994 y que en sus propias comunicaciones figura como «proveedor totaler». La dependencia es mutua y muy concentrada: entre el 75% y el 80% de la facturación de RNB sale de Mercadona, lo que en 2024 equivalía a entre 186 y 198 millones de euros. La empresa cerró 2025 con 301 millones de ventas y 1.200 empleados, y ejecuta un plan de inversión de más de 100 millones hasta 2030 para duplicar capacidad. El margen del fabricante es estrecho —248 millones de facturación y unos 10 millones de beneficio en 2024—, mientras la cadena se queda el tramo que en la perfumería convencional absorben intermediarios, escaparates y promociones. No es el único proveedor: lotes como Sugared Blossom se elaboran en Rafelbunyol por Jesús Gómez.

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El motivo de que esos lotes aparezcan y desaparezcan del lineal es estructural, no una rebaja improvisada. Mercadona los lanza como ediciones de «unidades limitadas» atadas al calendario —Navidad, Día de la Madre— con nombres como Rose Nude, Borealia Shine, ComoTú Gold, Elección o Soplo, y no sostiene una política de descuentos estacionales: cuando se agota la producción, la referencia se retira. Ese carácter efímero explica que packs con perfume de 100 ml, gel, crema y un neceser o joyero se queden en 11 o 11,50 euros y no se repongan. El marco es un surtido corto de rotación alta con el que ya controla el 16,2% de la belleza y perfumería española, según Worldpanel by Numerator, por delante de Druni (8,9%) y Primor (7,8%). En paralelo ha ido sacando marcas de fabricante del pasillo —Brummel, de Puig, tras dos décadas— para quedarse con el precio. A las firmas de lujo les queda poco recorrido legal: inspirarse en un aroma no es falsificar mientras no haya confusión de marca.

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