4Copias vs. originales: qué dice la ley europea de marcas sobre vender ‘inspiraciones’ a 11 euros
El aroma no está protegido. Ni la pirámide olfativa ni el olor de un perfume son una obra amparable por derecho de autor: el Tribunal de Justicia de la UE exigió en la sentencia Levola Hengelo (13 de noviembre de 2018) que una creación tenga una expresión «objetivamente identificable» y descartó el sabor —y, por extensión, el olor— porque depende de la percepción de quien lo prueba. La patente solo alcanza moléculas concretas y caduca a los 20 años, y la directiva europea de secretos comerciales (2016/943) permite analizar por cromatografía un frasco comprado legalmente. Con ese marco, formular una fragancia propia que recuerde a otra y venderla por 11 euros cuando el original se mueve entre los 80 y los 160 no es, en sí, infracción.
El límite lo pone la marca, no la nariz. Está prohibido usar el nombre ajeno, su logo o la silueta del frasco, y sobre todo presentarse como imitación: en el asunto L’Oréal contra Bellure (18 de junio de 2009) el TJUE declaró ilícitas las listas de equivalencias que emparejaban cada clon con su original, incluso sin riesgo de confusión, por aprovecharse sin contraprestación del prestigio del rival. Mercadona no publica esas tablas: las construyen medios, creadores de contenido y usuarios. Esa distancia, que parece cosmética, es el escudo. En España, la Ley 17/2001 de Marcas y la Ley 3/1991 de Competencia Desleal castigan el parasitismo y la publicidad engañosa, no la coincidencia de notas. Si el supermercado anunciara «huele igual que Coco Mademoiselle» o calcara el envase, el litigio estaría servido; mientras el parecido lo certifique TikTok, el producto vive en una zona gris pero defendible.

