Feijóo marca distancias con Abascal: el PP activa su perfil institucional para ensanchar la suma de la derecha antes del 29-N. En la dirección popular trasladan que nadie puede competir con ellos en gestión y confían en movilizar a los abstencionistas que deciden en la recta final. La lectura de Vox es distinta: la suma solo se consolida si cada partido ocupa su casilla sin parecerse al otro.
El argumentario de Vox: tres ofertas diferenciadas frente al espejo del PP
La tesis que se defiende en la sede nacional de Vox cabe en una frase: ‘Debe haber tres ofertas diferenciadas’. No es una consigna de cartel. Es la condición que la formación de Santiago Abascal pone a cualquier suma posterior al 29-N y explica por qué mira con distancia el giro institucional del PP. Con dos ofertas solapadas, añaden, el electorado de derechas pierde referente y la movilización se resiente.
El diagnóstico lo ha verbalizado el propio Abascal al repasar la campaña de 2023. Entonces, sostiene, el PP no facilitó la suma: prefirió ‘demonizar’ a Vox y ‘competir’ con la formación antes que construir un espacio común. Ese reproche, formulado sin estridencias, es hoy el eje del argumentario. La conclusión que extrae la dirección es que la suma no se fabrica por mimetismo, sino por contraste.
De ahí el reparto de registros que Vox considera natural y que el PP vive como competencia directa. Un perfil gestor para quien decide con la cartera; otro de protesta para quien no acepta que la crítica se aparque. Vox reclama el segundo sin ambages. Y avisa: si el PP ocupa ese tono, no gana votantes nuevos, los descoloca.
La suma de 200 escaños y la bolsa del millón de indecisos
Los cálculos que manejan los partidos sitúan en más de un millón los electores indecisos capaces de inclinar el resultado. Es la bolsa a la que apeló Pedro Sánchez antes del accidente de Urda con el relato de la remontada y la alegría. Todas las encuestas coinciden: la derecha suma 200 escaños en el Congreso de los Diputados.
A eso se suma el pulso por el voto limítrofe. En Vox veían con recelos el tono combativo que el PP desplegó en los primeros compases de la precampaña, sobre todo en la red social X, por temor a que ambas propuestas acabaran mimetizándose y eso penalizara la suma. El PP no renuncia a esos perfiles —Miguel Tellado, Ester Muñoz, Cayetana Álvarez de Toledo o Xavier García Albiol—, pero coloca en el escaparate el perfil presidenciable de Alberto Núñez Feijóo.
Dos ofertas que se parecen no amplían la suma: la difuminan. Ese es el aviso que Vox traslada al PP a tres semanas del 29-N.
La derecha, eso sí, contiene las expectativas. Tanto PP como Vox rebajan los sondeos cocinados justo después de la tragedia, conscientes de que la situación emocional del país puede contaminarlos. Nadie quiere vender una victoria que aún no existe.
El PSOE aparece con 95 escaños y la idea de vender que puede superar al PP se antoja cada vez más difícil, aunque nadie descarta un rebote conforme avance la campaña. El accidente de Urda, segundo siniestro ferroviario en nueve meses según el relato de los partidos, ha obligado a rehacer el guion de todos.
La lectura: cuándo la suma se cobra en abstinencia
El precedente de 2023 pesa más de lo que aparenta. Aquel año el PP y Vox compitieron por el mismo flanco, la suma se quedó corta y el resultado se cobró en abstinencia y en escaños prestados. La ruptura de los gobiernos autonómicos de coalición añadió ruido a ese flanco y dejó una lección que en la sede nacional de Vox repiten: sin ofertas nítidas, el votante de derechas se queda en casa.
Miércoles 4 de noviembre. Ese día quedó un retrato nítido de los dos registros. Feijóo dijo que, ‘por responsabilidad’, él sigue subiéndose a los trenes y defiende que los españoles puedan usarlos, porque se presenta como candidato a presidir el país. Abascal respondió con la misma fórmula invertida: ‘Por responsabilidad, hasta no conocer el estado de la red yo no puedo defender que la gente se siga subiendo a los trenes.
Ahí está la diferencia que Vox quiere rentabilizar en las tres semanas que restan hasta el 29-N: dos partidos que se reclaman gestores, pero solo uno que no renuncia a la protesta. La campaña entra en su tramo decisivo con el PP cuidando el tono y con Vox reivindicando el contraste como forma de sumar. La suma, sostienen en la formación, no se pide: se construye con ofertas que no se confundan.
