Coalición de Voluntades Ucrania: 2.800 militares de 11 países ensayan en Polonia el despliegue

Reino Unido y Francia lideran el ejercicio KOALICJA 26.2 hasta el 22 de noviembre, con Turquía probando el barrido de minas en Estambul. España figura en la lista de participantes sin que se haya detallado su contingente.

La Coalición de Voluntades para Ucrania ensaya desde este lunes el despliegue de posguerra: 2.800 militares de once países en Polonia.

El ejercicio se llama KOALICJA 26.2, arranca este lunes 9 de noviembre y se prolonga hasta el 22. Lo lideran conjuntamente Reino Unido y Francia, y se reparte entre Polonia, Francia y Turquía bajo el brazo militar de la coalición, la Multinational Force-Ukraine (MNF-U). Conviene fijar un detalle desde la primera línea: Estados Unidos no participa. La fuerza es europea o no será.

España está en la lista. También Bélgica, Estonia, Francia, Alemania, Lituania, Países Bajos, Suecia, Turquía, Reino Unido, y Polonia como anfitrión. Once banderas, tres teatros de operaciones y un objetivo declarado: comprobar si esa fuerza multinacional sabe moverse, protegerse y abastecerse antes de que exista un país al que llegar.

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Quién pone qué: de los Desert Rats a las minas del Bósforo

Reino Unido aporta 300 efectivos, entre ellos soldados de la 7ª Brigada Mecanizada Ligera del Ejército británico, conocida como los Desert Rats, para ensayar movimientos logísticos. Francia envía ‘cientos’ de militares, incluida una unidad equipada con medio centenar de drones de contacto, la segunda de ese tipo después de la desplegada en Rumanía. Turquía no manda tropas a Polonia: levanta el componente marítimo de la MNF-U en Estambul y prueba allí el barrido de minas que debería devolver el tráfico comercial a los puertos ucranianos.

Polonia gestionará el movimiento de la MNF-U cuando la guerra acabe, pero no enviará a sus propios soldados a Ucrania. Casi 2.000 militares polacos participan junto a los extranjeros, según el ministerio de Defensa de Varsovia. Es la vieja doctrina polaca: facilitar el paso, no cruzar el umbral que Moscú considera motivo de guerra.

España figura en el comunicado británico sin más precisiones. Ni Londres ni París detallan el tamaño del contingente español ni las capacidades que aporta, y el Ministerio de Defensa no ha detallado por ahora el alcance de la contribución. Para un país que lleva cuatro años compaginando el flanco este con la vigilancia del Sahel y del Estrecho, la pregunta no es retórica: cada compañía que mira a Ucrania es una compañía que no mira a la frontera sur.

Europa prepara la posguerra antes de que exista la paz, y ese desfase cronológico es toda la apuesta política del ejercicio.

La MNF-U no tendrá mandato de mantenimiento de paz ni de verificación de ceses del fuego, y no operará bajo mando de la OTAN. Entrará en Ucrania solo después de un alto el fuego y a petición de Kiev. ‘Verificar un alto el fuego sería una tarea distinta de la de la fuerza multinacional, cuyo objetivo es otro por naturaleza: apoyar la capacidad del Ejército ucraniano para ganar músculo’, explicó el exembajador francés en Ucrania Gaël Veyssière. La distinción no es semántica: una fuerza de paz necesita el visto bueno ruso; una fuerza de apoyo, no.

Vladímir Putin ha rechazado cualquier presencia militar extranjera en Ucrania y en septiembre de 2025 advirtió de que las tropas occidentales desplegadas allí serían objetivos legítimos. Esa línea roja explica por qué el ensayo se hace en Polonia y no en Leópolis. El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, resumió el propósito: ‘No es un plan hipotético; es una fuerza real, lista para ayudar a Ucrania cuando cesen los combates’.

El tamaño final de la fuerza sigue sin decidirse. Londres y París dijeron a principios de año que estaban dispuestos a aportar unos 5.000 militares cada uno. Un cálculo del Center for Strategic and International Studies sitúa en 10.000 a 25.000 efectivos el mínimo para una presencia de disuasión creíble, y el investigador del RUSI Ed Arnold recuerda que, como solo un tercio de cualquier fuerza está listo para primera línea, las rotaciones disparan la cifra. Falta el permiso ruso y falta el volumen.

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Por qué Washington se queda fuera y qué se juega en Abu Dabi

Que Washington no ponga botas no significa que haya soltado el timón. El calendario manda: el enviado especial Steve Witkoff anunció que negociadores estadounidenses, rusos y ucranianos se verán en Abu Dabi los días 10 y 11 de noviembre, justo cuando el ejercicio entre en su fase de mayor exigencia. La cita cierra un año tumultuoso para las conversaciones de paz, atascadas desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar Irán en febrero y reactivadas en septiembre, cuando Witkoff y Jared Kushner visitaron Moscú y viajaron después a Kiev.

La lectura estratégica es otra: la administración Trump delega en Europa el coste político y militar de la posguerra ucraniana mientras se reserva la mesa de negociación. Es la misma lógica transaccional que aplica al reparto del gasto en la OTAN. Y deja una consecuencia incómoda para Bruselas: la MNF-U nace fuera del mando aliado, sin el paraguas del artículo 5 y sin la arquitectura de planeamiento de la Alianza. Si algo se tuerce en el oeste de Ucrania, la respuesta será bilateral, no colectiva.

Equilibrio de Poder

En Moscú, el ejercicio se leerá como lo que es: una prueba logística de una fuerza que, si llega, llegará con la guerra ya congelada. El problema para el Kremlin no son los 2.800 hombres en Polonia, sino el precedente de una Ucrania armada y respaldada por estructuras europeas permanentes, capaz de limpiar de minas el mar Negro y de proteger su cielo sin pasar por la OTAN. Ahí está la grieta que Moscú quiere evitar.

Para España, el cálculo tiene tres frentes. El primero es presupuestario: el 2% del PIB comprometido en la cumbre de Madrid de 2022 ya compite con Sanidad y Educación, y una fuerza permanente en Ucrania exige rotaciones sostenidas, no una fotografía. El segundo es el flanco sur. Con Marruecos rearmándose y el Sahel convertido en corredor yihadista tras las salidas francesas, el Ejército de Tierra no puede estirarse de forma indefinida entre el Báltico y el Estrecho, y las bases de Rota y Morón siguen siendo la pieza sobre la que se sostiene la relación con Washington. El tercero es político: Moncloa respalda el pilar europeo de defensa sin explicar cuántos soldados españoles estarían dispuestos a quedarse en Ucrania bajo un mandato que no es de la OTAN.

El precedente más útil no está en los Balcanes, sino en 2003. Una coalición de voluntades liderada por Washington y apadrinada desde Madrid en la cumbre de las Azores dividió Europa, se construyó sin mandato explícito del Consejo de Seguridad y acabó pasando factura política a quien la había respaldado. La diferencia de 2026 es el signo: ahora es Europa quien arma la coalición y asume el desgaste. La similitud es el método: fuerza ad hoc, fuera de la OTAN y con la comunicación política por delante del planeamiento.

Analizamos KOALICJA 26.2 como un ensayo de doctrina, no como un gesto. Y la doctrina muestra dos grietas. La primera es el tamaño: con 2.800 hombres en maniobra y un mínimo estimado de 10.000 a 25.000 para resultar creíble, la fuerza está en fase de semilla. La segunda es el permiso: sin alto el fuego no hay despliegue, y sin despliegue la garantía de seguridad es papel mojado. Eso lo resolverá la diplomacia o no lo resolverá nadie.

La próxima ventana está fechada. Abu Dabi, 10 y 11 de noviembre, con el ejercicio todavía en marcha y Zelenski apretando desde Kiev para que las garantías de posguerra sean de hierro. El 22, los 2.800 hombres volverán a casa con datos de logística, mando y control. Lo que se haga con esos datos durante el invierno dirá más que cualquier comunicado de prensa.