El error con tu abrigo de invierno al volante que le dará a la DGT la excusa perfecta para multarte con 200 euros en los próximos días.

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El abrigo y el airbag: por qué el peligro no es la multa, sino el ‘efecto submarino’

man on driver seat

El abrigo no resulta peligroso por lo que abriga, sino por lo que separa. Un plumas o un chaquetón acolchado interponen dos o tres centímetros entre el cuerpo y la banda del cinturón, y ese es justo el margen que un sistema de retención no tiene. La cinta debe apoyarse sobre la pelvis —hueso, no abdomen— y sobre la clavícula; con ropa gruesa queda alta, sobre tejido blando, y el pretensor, que tensa el cinturón en milisegundos al detectar una deceleración brusca, se encuentra con una holgura que ya no puede recuperar. En una colisión frontal el cuerpo se desplaza hacia delante y acaba deslizándose por debajo de la banda abdominal: es el llamado efecto submarino, el mismo que provoca viajar demasiado reclinado. Las lesiones típicas son abdominales y pélvicas, con roturas del fémur y hemorragias internas que no se ven a simple vista. Y el airbag, calculado para desplegarse sobre un ocupante que el cinturón ya ha empezado a sujetar, pasa entonces a golpear a un cuerpo colocado en la peor posición posible.

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La multa, en comparación, es la anécdota. Ni el Reglamento General de Circulación menciona los abrigos ni existe un grosor máximo medible: lo que exige el artículo 18.1 es libertad de movimientos, campo de visión y atención permanente, y el 17.1, capacidad de controlar el vehículo en todo momento. Por eso todo queda en manos del agente, que puede quedarse en los 80 euros de una infracción leve o subir hasta 200 si entiende que la prenda derivó en una conducción negligente, sin pérdida de puntos en ese supuesto. La cosa cambia cuando el volumen impide colocar bien el cinturón: ahí la infracción es grave, con 200 euros y cuatro puntos. Conviene tenerlo presente porque el cinturón reduce entre un 45% y un 50% el riesgo de muerte en las plazas delanteras, y esa eficacia depende de que vaya pegado al cuerpo. El remedio es tan poco heroico como quitarse la capa pesada al arrancar, guardarla en el asiento de al lado y poner la calefacción: con el habitáculo entre 19 y 21 grados basta un jersey fino. El ahorro de combustible que muchos buscan al no encenderla se paga, en el peor escenario, con algo más que una sanción.