El error con tu abrigo de invierno al volante que le dará a la DGT la excusa perfecta para multarte con 200 euros en los próximos días.

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Qué hacer si tienes que conducir con frío: capas finas, asientos calefactables y dónde dejar el abrigo

woman driving vehicle during daytime

El gesto que evita el disgusto cuesta medio minuto y se hace con el motor todavía apagado: quitarse el chaquetón antes de arrancar. La alternativa al abrigo no es pasar frío, sino sustituirlo por capas finas —una camiseta térmica, un jersey, una sudadera— que sumen aislamiento sin crear volumen entre el cuerpo y la correa. Ahí está el problema real, más allá de la multa: un plumas o un anorak acolchado dejan un colchón de aire que impide que el cinturón apoye sobre la clavícula y la pelvis, y en una frenada brusca o un impacto el cuerpo tiende a deslizarse por debajo de la banda abdominal, el conocido como efecto submarino. La norma que se aplica es el artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación, que obliga a mantener «la libertad de movimientos» y el campo de visión; de ahí salen sanciones de 80 euros si se considera leve y hasta 200 si el agente aprecia neglicencia, y hasta 200 euros con cuatro puntos si el cinturón va mal colocado.

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Con el abrigo fuera del cuerpo, el calor lo pone el coche. Calefacción encendida uno o dos minutos antes de salir, con el vehículo parado y en un lugar donde la detención esté permitida, basta para dejar el habitáculo en una temperatura confortable, en torno a los 20 grados. Los asientos calefactables, y el volante si lo lleva, calientan por contacto en menos tiempo del que tarda el aire en templarse, y son la mejor excusa para conducir con una capa ligera. En trayectos cortos conviene resistir la tentación de arrancar abrigado «solo un momento». También ayuda cuidar el resto del equipo: guantes finos que permitan agarrar bien el volante, bufanda sin extremos sueltos que puedan engancharse y calzado de suela delgada para notar los pedales. Conviene además no fiarse de la sensación de calor: ir demasiado abrigado en un habitáculo cálido favorece la fatiga y la somnolencia.

El abrigo tiene que viajar, pero no encima de ti ni estorbando. El sitio natural es el asiento del copiloto o el maletero, y en trayectos con acompañantes, el asiento trasero. Lo importante es que la prenda quede tumbada y sujeta, sin tapar la luneta trasera, sin colgar sobre el respaldo del asiento del acompañante —ahí se come buena parte de la visión del ángulo muerto— y sin acumularse sobre la bandeja posterior, donde se convierte en un proyectil en caso de frenazo. Tampoco debe quedar cerca de los pedales ni de la palanca de cambios. Si viajan niños, el protocolo es el mismo y más importante: quitarles el abrigo grueso antes de ajustar el arnés de la silla, porque la ropa abultada genera holgura entre el cuerpo y las correas y reduce su eficacia. Un último detalle práctico: si el abrigo queda en el asiento, comprueba antes de arrancar que no se ha activado el testigo del cinturón del copiloto por el peso de la prenda.

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