València supera los 12.000 residentes ucranianos y abre la primera librería ucraniana con libros de Polonia

El padrón municipal sitúa a los ucranianos como tercera nacionalidad de València, con 12.509 personas y un crecimiento del 262% desde 2022. El local que cumple un año funciona también como oficina de trámites para los recién llegados.

La primera librería ucraniana de València abre con 5.000 libros llegados vía Polonia y una comunidad de más de 12.500 personas.

Valeria huyó de Kyiv el mismo día en que las primeras explosiones la despertaron a las cinco de la mañana. Recuerda el atasco hacia el oeste, la gasolina escasa, la certeza de que no habría cama. «Era como la típica película del fin del mundo, pero era real», dice en un español que todavía pule en clase. Salió del país con su hermano; su pareja ya estaba fuera, y eso le ahorró un destino de reclutamiento. Israel, Croacia, Montenegro, Francia, Italia. Después, España.

Primero Barcelona. El alquiler era prohibitivo. Consultó grupos de chat de ucranianos y eligió València por su comunidad activa. Tres años y medio después, matiza, aquí los precios también se han disparado.

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De 3.447 a 12.509: la comunidad que creció un 262% en cuatro años

El último informe de población extranjera del Ayuntamiento de València, cerrado a finales de septiembre, sitúa a los ucranianos como tercera nacionalidad del padrón municipal, con 12.509 personas. Solo Colombia e Italia quedan por delante. Venezuela ha quedado atrás.

El ritmo es la parte llamativa: un 22,6% más en el último año, el mayor crecimiento entre los colectivos numerosos. Desde 2022, cuando empezó la invasión rusa, la cifra pasó de 3.447 a 12.509 residentes. Un 262% más en cuatro años.

Los datos del padrón son una foto administrativa, no un censo de intenciones. Detrás hay decisiones pequeñas: colegios, empadronamientos, contratos de alquiler, papeles. Y un efecto secundario que Valeria menciona sin rodeos: la vivienda. La comunidad que llegó buscando refugio compite ahora por los mismos pisos que el resto de la ciudad, en un mercado que ya venía tensionado.

Doce mil quinientas personas no caben en una estadística: caben en aulas, en contratos de alquiler y en una librería que hace las veces de oficina.

En ese mapa se explica Booklya. Valery, de 38 años, salió de Ucrania con su mujer y su hijo —entonces tenía nueve años— tres semanas antes de las primeras bombas. Los dos son programadores, pero la pasión por los libros pudo más: abrieron primero en Castellón, donde residen, y después cruzaron a la capital.

Los libros viajan desde Polonia y en Ucrania se destruyó el 70%

residentes ucranianos València

El local acaba de cumplir su primer año en València. Reúne más de 5.000 ejemplares y juegos de mesa típicos, todos impresos en Ucrania: autores nativos y traducciones de obras internacionales. La ruta no es un detalle menor. «Los sacamos vía Polonia y luego vienen por carretera», explica el dueño. El catálogo de un país se transporta como una medicina.

Valery denuncia que Rusia ha destruido este año el 70% de los libros de Ucrania. De ahí que la librería no sea solo un negocio: es un punto de encuentro donde se resuelven trámites, se buscan pisos, y se ordenan documentos. El café ayuda. La sonrisa de Valeria, también.

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La integración tiene dos velocidades. Los jóvenes se adaptan sin fricción; los mayores, no siempre. El hijo de Valery está en el instituto y no entra en sus planes volver. «Nos gusta España, su tiempo y su gente», resume el padre. Los padres de Valeria siguen en Ucrania cuidando de una abuela de más de 90 años. No se ven con fuerzas de emigrar. Otros, cuenta, salieron y regresaron: no se adaptaron a este mundo nuevo.

El Escenario Valenciano

La foto del padrón no es neutra en clave política. La inmigración se ha convertido en uno de los ejes de fricción del pacto entre PP y Vox en la Generalitat (el gobierno autonómico valenciano), y la llegada de población ucraniana —acogida bajo el régimen europeo de protección temporal activado en 2022— obliga a distinguir entre refugio y migración económica, dos marcos que el discurso político tiende a mezclar. El Consell gestiona vivienda, educación y servicios sociales; el Ayuntamiento, el padrón y la acogida municipal.

En Madrid, el debate es otro y condiciona el de aquí. La política migratoria del Gobierno de Pedro Sánchez y la respuesta del PP nacional fijan el tono de cada comparecencia autonómica, mientras los datos de integración laboral y escolar pesan más que los titulares. El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, heredó un mapa demográfico que cambió sin decreto: cuatro años de llegadas constantes y una red comunitaria que se organiza sola.

La proyección se mide con dos fechas. El próximo informe de población extranjera dirá si el 22,6% anual se modera o se repite; el curso escolar dirá si las aulas absorben lo que el padrón ya anticipa. Mientras, Booklya seguirá haciendo de oficina de trámites con estanterías, en el cap i casal (como se conoce a València en la tradición valenciana).

Ficha del Caso

  • El caso: La comunidad ucraniana de València supera las 12.500 personas y estrena una librería en su idioma, con fondos impresos en Ucrania y distribuidos a través de Polonia.
  • Datos importantes: 12.509 residentes ucranianos en el padrón a finales de septiembre de 2026, tercera nacionalidad de la ciudad; un 22,6% más en el último año y un 262% desde 2022 (de 3.447 a 12.509). Booklya reúne más de 5.000 ejemplares y cumple su primer año en València.
  • Resumen: El dato demográfico sostiene un negocio cultural y, a la vez, tensiona la vivienda y el debate político sobre inmigración en la Comunitat Valenciana.
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