Red Eléctrica moviliza más de 108 millones en obras para cerrar el déficit eléctrico de Granada

La subestación de Saleres 220 kV arranca sus obras este mes tras tres años bloqueada en la tramitación ambiental. El plan completo, con las líneas de 400 kV, supera los 108 millones hasta 2029.

Red Eléctrica moviliza más de 108 millones de euros en obras para cerrar el déficit eléctrico de Granada.

El punto de inflexión tiene nombre técnico: la subestación de Saleres 220 kV. El proyecto llevaba tres años encallado en la tramitación ambiental y ahora arranca su construcción, según ha adelantado Ideal. La infraestructura estará en obras este mismo mes de noviembre y tiene que entrar en servicio en un año si nada más se tuerce.

No es una actuación menor. La subestación garantizará el suministro del sur de Granada, descargará la subestación de Órgiva —hoy colapsada— y permitirá sacar adelante proyectos empresariales de miles de millones de euros que hasta ahora estaban bloqueados por falta de energía.

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La subestación que alimentará al acelerador de partículas

La lista de proyectos que dependen de este enchufe es larga y pesada. La nueva infraestructura alimentará a la Citai de Escúzar y garantizará la energía para el acelerador de partículas del Ifmif-Dones, el mayor proyecto científico de España. A eso se suma el macrocentro de datos que Alto Infrastructure ha comenzado a construir en la provincia. Tres polos de actividad que llevaban años esperando un cable.

Junto a la subestación se levantará la nueva línea aérea Saleres–Íllora, de 46 kilómetros, que cierra el circuito de 220 kV. Ambas obras forman parte de un plan más amplio: la línea Baza-Antas de 400 kV y el aumento de capacidad del eje que va desde el Tajo de la Encantada, en Málaga, hasta Almería. Los tres proyectos suman una inversión superior a los 108 millones de euros y deben estar operativos en el horizonte de 2029.

El delegado regional de Red Eléctrica (Redeia) para Andalucía y Extremadura, Jorge Jiménez, detalla que la tramitación de estas actuaciones acumula una media de 4,5 años de espera. Las líneas de 400 kV dependen del Gobierno central; la de 220 kV, de la Junta de Andalucía. Con Saleres ya aprobada, los proyectos parecen encarrilarse y saltar al terreno de las obras.

Granada lleva años con proyectos de miles de millones sobre la mesa y sin un enchufe donde conectarlos; Saleres es el primero que rompe esa paradoja.

El tercer frente es técnico y silencioso, pero decisivo. La actuación en el eje Tajo de la Encantada-Almería, presupuestada en más de tres millones de euros, ya tiene autorización y aprovechará el trazado existente de 278 kilómetros. Los conductores podrán funcionar a 85 °C y elevarán la capacidad de transporte hasta 1.829 megavoltamperios, un 30% por encima de la actual. Para mantener las distancias de seguridad reglamentarias se elevarán algunos apoyos sin cambiar su ubicación.

El anillo eléctrico que cerrará el mapa en 2029

inversión eléctrica Granada

El último proyecto fundamental es la finalización de la línea de 400 kV que se inauguró en 2022 y que cerrará el anillo Caparacena-Baza-Antas, aún en tramitación. Es la infraestructura llamada a dar energía al Corredor Mediterráneo y el reto de Red Eléctrica es tenerla operativa en 2029. Tendrá dos circuitos, 212 apoyos y más de 102 kilometros de longitud; de ellos, 62 apoyos y 34 kilómetros se situarán en Granada, en los municipios de Baza y Cúllar.

La puesta en marcha de la línea entre Caparacena y Baza supuso ya un giro de 180 grados en una zona que era un desértico energético. Cerrar el trazado conforma un anillo, lo que realmente aporta seguridad y estabilidad al sistema, en palabras del delegado regional. La infraestructura también reducirá las limitaciones de transporte que hoy obligan a recortar la producción renovable y facilitará el aprovechamiento de las instalaciones existentes y futuras.

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La Lectura Andaluza

Lo que ocurre en Granada resume un debate que atraviesa toda Andalucía. La comunidad genera cada vez más energía renovable, pero la red llamada a evacuarla y repartirla se queda corta en los nudos del interior. El reparto de competencias explica por qué cada proyecto se juega en dos ventanillas: el transporte primario de 400 kV corresponde al Gobierno central y el secundario de 220 kV, a la Junta de Andalucía. Cuando las dos administraciones coordinan los trámites, el calendario avanza y las obras llegan al terreno. Andalucía no necesita más promesas: necesita torres, cable y subestaciones.

Para quien vive en el Valle de Lecrín o en el Altiplano, el impacto se mide en cosas concretas. Una subestación que deja de estar colapsada significa menos riesgo de incidencias en el suministro doméstico y, sobre todo, la posibilidad de que se instale industria donde hoy solo hay campo. El Ifmif-Dones y la Citai de Escúzar no son siglas: son empleo cualificado, jóvenes que no tienen que marcharse y un interior que deja de perder población. Ese es el valor real de los 108 millones.

El calendario que maneja Red Eléctrica marca dos hitos. El primero, la entrada en servicio de Saleres a lo largo de 2027; el segundo, el cierre del anillo en 2029. El precedente invita al optimismo: en 2022, la línea Caparacena-Baza transformó un desértico energético en una zona conectada. Ahora toca rematar la costura. Granada deja de ser un agujero en el mapa eléctrico andaluz, y eso, en una tierra que aspira a fabricar lo que el mundo necesita, es mucho más que una obra.

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