Carné de los servicios de inteligencia de la Guardia Civil de Jean Pierre Cherid.

Seguir la vida de Jean Pierre Cherid es conocer cómo nacieron y evolucionaron las cloacas del Estado. La actividad en España de Cherid comenzó en 1970, fue amigo del torturador Billy el Niño, participó en varios atentados contra etarras y murió finalmente en una explosión en 1984. En el camino, el misterioso papel que pudo tener en el 23-F.

La vida de Jean Pierre Cherid, contada en el libro de la periodista Ana María Pascual junto con su viuda, Teresa Rilo, Cherid, un sicario en las cloacas del Estado de El Garaje Ediciones, saca a la luz la actividad de uno de los mercenarios de la guerra sucia llevada a cabo por el Estado desde el franquismo hasta la democracia, con los GAL.

A través de la trayectoria de Cherid, la periodista asegura que la guerra sucia del Estado no comenzó en 1976, después de la muerte de Franco, sino ya en 1970, cuando este trabajaba en una empresa tapadera en Pamplona como guardaespaldas.

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Pero hay más. La noche del intento de golpe de Estado del 23-F de Antonio Tejero, Jean Pierre Cherid, mercenario al servicio de las cloacas del Estado, cogió sus armas y salió por la puerta de su casa junto con otros compañeros. Su viuda fue testigo. El papel que jugaron estas unidades irregulares del Estado en esa intentona es uno de los interrogantes que deja en el aire el libro sobre la vida de este sicario.

Cherid fue amigo de Billy El Niño y murió en la explosión de un coche en el sur de Francia. Una investigación sobre Antonio González Pacheco, Billy El Niño, fue precisamente lo que llevó a la periodista Ana María Pascual a contactar con Teresa Rilo, la viuda de Cherid. A partir de sus confidencias, con las que se quedó fascinada, descubrió que en la vida de este mercenario de origen francés se reúnen muchas claves para entender la guerra sucia de las cloacas del Estado.

Pascual tuvo acceso a documentos inéditos en los archivos del Ministerio del Interior sobre estas actividades y del propio Cherid. A partir de ahí, el libro se escribe a dos voces: la de la viuda del mercenario, en primera persona, y la de la periodista, que basa su relato en sus descubrimientos. Así, por ejemplo, saca a la luz que Cherid había matado a un policía en un atraco, cosa que su viuda desconocía.

Cherid guerra sucia
Portada del libro sobre Jean Pierre Cherid

El protagonista del libro es un francés nacido en Argelia, un pied-noir (con este apodo se conocía a los franceses que nacieron en el país africano) que con la guerra de independencia combate como soldado y luego se incorpora a la OAS (Organización del Ejército Secreto), las fuerzas de extrema derecha que no aceptan la creación del Estado argelino y que se convirtieron en el primer grupo terrorista de extrema derecha en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Tras el fracaso de esta organización en Argelia, vuelve a Francia donde participa en varios atracos para recaudar fondos para financiar atentados contra el presidente De Gaulle. Finalmente, en 1962 se fuga a España, donde consigue ser protegido por el régimen franquista, como a otros miembros de la OAS.

CHERID EN LA GUARDIA CIVIL

Aunque fue detenido en Alicante, donde comenzó a vivir, y pasó tres meses en la cárcel, a su salida ya pasó a trabajar, por ejemplo, para los servicios de inteligencia de la Guardia Civil, del que se conserva su carné. Cuando se traslada a Madrid, lo hace con un historial penal limpio, a pesar de sus antecedentes.

Es entonces cuando pasa a estar al servicio del Gobierno de Carrero Blanco para realizar las primeras acciones para desestabilizar a ETA en el sur de Francia. Cherid realizó sus acciones bajo la tapadera de una empresa ubicada en Pamplona. En la Semana Santa de 1970 es cuando Teresa Rilo conoce a Jean Pierre Cherid. Entonces ya trabajaba en esta empresa como guardaespaldas de los ejecutivos.

Cherid guerra sucia
Jean Pierre Cherid posa armado como mercenario.

La autora del libro desvela que entre las personas con las que trabajó se encuentra Yves Guerin-Ferac, que fue su maestro y jefe de batallón de los paracaidistas en Argelia, al que relaciona con numerosos atentados neofascistas en Europa. Así le conecta con la red Gladio, la estructura clandestina de los países europeos occidentales para evitar que los partidos comunistas llegaran al poder, aunque fuera a través de las urnas, como temían que ocurriera en Italia.

Cherid participó en el atentado en el que murió José Miguel Beñarán, Argala, uno de los principales dirigentes de ETA, en 1978. Argala fue uno de los autores del atentado que acabó con la vida de Carrero Blanco, presidente del Gobierno con Franco, en diciembre de 1973.

Pero no fue el único atentado en el que participó, ya que se le atribuyen también los asesinatos de Enrique Álvarez Gómez, Korta; Jon Lopategi Carrasco, Pantu; Joaquín Etxeberría; Esperanza Arana y José Martín Sagardía Zaldua, Usurbil. Además, estuvo presente en los que hirieron a Xabier Agirre Unamuno y a Ángel Iturbe Abasolo, además del intento de secuestro de Arantxa Sasiaín.

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El mercenario siguió trabajando al servicio del Estado después de 1978, con la democracia en marcha tras la aprobación de la Constitución. Cherid continuó participando en la guerra sucia del Estado, en la que estuvo implicado desde que empezó a operar en 1970, según el testimonio de su viuda, Teresa Rilo.

De esta forma, Jean Pierre Cherid fue uno de los fundadores del Batallón Vasco Español, el primer grupo de guerra sucia contra ETA, hasta que se crea el GAL. Su muerte se produce en Biarritz, en 1984.

Las circunstancias no están claras. La versión más extendida es que le estalló la bomba que estaba destinada a matar a un grupo de terroristas. Pero su viuda, Teresa Rilo, cree que pudieron ser los propios GAL, grupo que pretendía abandonar tras muchos desacuerdos. Cherid ya tenía planes para marcharse a Suráfrica como mercenario.

La explosión que lo mató al abrir la puerta del coche iba a ser su último trabajo. La periodista Ana María Pascual señala la importancia de que no hubiera investigación oficial en Francia. Igualmente llamativo fue el control que Billy el Niño realiza sobre Teresa Rilo tras la muerte de Cherid para que no hablara. Todavía entonces no se relacionaba la actividad del GAL con el Gobierno del PSOE.

La autora destaca también cómo el testimonio de la viuda retrata lo que llama “la banalidad del mal”. Un hombre de carácter amable que luego era capaz de ametrallar a una pareja en Venezuela. Teresa Rilo no lo sabía. Fue enterándose de estas acciones poco a poco, por boca de las mujeres de otros mercenarios. Ella creía que Cherid sólo se dedicaba a labores de información, aunque luego supo que había algo más. Algo que ha terminado de descubrir casi cincuenta años después de conocerle.

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