Teherán promete mostrar al líder supremo de Irán en público: los rumores sobre Mojtaba Khamenei se disparan

Un alto mando de la Basij anuncia la difusión de imágenes en la calle para acallar especulaciones sobre la muerte o incapacidad del ayatolá. La ausencia de Khamenei desde marzo y un vídeo de 12 segundos de dudosa actualidad mantienen la crisis de liderazgo en Irán.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un alto mando de la milicia Basij iraní ha prometido este domingo la difusión de imágenes del líder supremo, el ayatolá Mojtaba Khamenei, en público, tras meses de rumores sobre su estado de salud tras los bombardeos del pasado febrero.
  • ¿Quién está detrás? El régimen iraní, a través de Qasem Qoraishi, vicejefe de la organización paramilitar Basij, en un intento de desmentir especulaciones sobre una posible muerte o incapacidad del nuevo líder.
  • ¿Qué impacto tiene? La prolongada ausencia de Khamenei debilita la imagen de autoridad del régimen y podría acelerar luchas de poder internas. Una crisis de sucesión en plena guerra con Israel y EE.UU. tendría repercusiones en el suministro de petróleo y la estabilidad regional.

Irán ha prometido este domingo difundir «pruebas documentales» de que el ayatolá Mojtaba Khamenei, su nuevo líder supremo, está vivo y al mando, después de casi cinco meses de ausencia que han alimentado los rumores sobre su muerte o desfiguración en los bombardeos estadounidenses e israelíes del pasado febrero.

El líder supremo ‘desaparecido’ desde el ataque que mató a su padre

El pasado 28 de febrero, la primera oleada de ataques de precisión de Estados Unidos e Israel sobre Teherán acabó con la vida del entonces líder supremo Alí Khamenei y de varios altos mandos militares. En medio del caos, su hijo Mojtaba, de 56 años, fue designado como sucesor en marzo. Sin embargo, desde entonces no se ha dejado ver en público.

La versión oficial sostiene que Khamenei participa activamente en la toma de decisiones, pero la ausencia de imágenes verificables ha dado pábulo a todo tipo de conjeturas, desde que resultó herido o desfigurado en el mismo ataque que mató a su padre, hasta que habría fallecido y el régimen oculta el vacío de poder. El anuncio de este domingo por parte de la milicia Basij busca, precisamente, contrarrestar esas narrativas.

Publicidad

“Las imágenes y las pruebas documentales que se difundirán en el futuro, mostrando al estimado líder y comandante en jefe, el ayatolá Mojtaba Khamenei, entre la gente, en las calles y barrios, y en reuniones con mandos de las Fuerzas Armadas, deshonrarán una vez más a los enemigos y malintencionados de la nación iraní”, declaró Qasem Qoraishi, vicejefe de la organización paramilitar Basij, según la agencia Mehr.

El vídeo de 12 segundos que no convence a nadie

Mojtaba Khamenei

Como parte de esta operación informativa, la televisión estatal iraní difundió ayer un vídeo de apenas doce segundos en el que se ve a Mojtaba Khamenei sentado en círculo con varios dirigentes. La agencia Mehr lo presentó como un fragmento inédito, pero no especificó la fecha de grabación. Diversos analistas externos han señalado que podría haber sido grabado antes de la guerra.

La ausencia de pruebas creíbles de que el líder supremo está en activo, unida a un vídeo propagandístico de origen dudoso, mina la autoridad del régimen en una coyuntura en la que la percepción de fuerza lo es todo.

Casi en paralelo, Qasem Qoraishi, ‘número dos’ de la milicia paramilitar Basij —dependiente de la Guardia Revolucionaria—, anunció la futura difusión de «imágenes, y pruebas documentales» en las que se mostrará al líder paseando entre la gente y reuniéndose con mandos militares. Qoraishi pidió a la población que «se mantenga vigilante» ante los «enemigos que siembran discordia».

Equilibrio de Poder

La prolongada ausencia de Mojtaba Khamenei llega en un momento de extrema debilidad para Irán. El país está inmerso en una guerra abierta con Israel —que ha lanzado cientos de ataques contra posiciones de Hezbolá y objetivos nucleares— y bajo la presión constante de Washington, cuyo presidente, Donald Trump, ha calificado a los líderes iraníes de “escoria” y ha advertido de que podrían ser blanco de nuevas operaciones selectivas si Teherán no acepta sus condiciones.

La última vez que Irán se enfrentó a una transición de líder supremo fue en 1989, tras la muerte del ayatolá Jomeini. Entonces, Alí Khamenei fue designado de forma relativamente rápida y sin crisis significativas. Ahora, sin embargo, el país está en guerra, sancionado y con las élites internas divididas entre quienes apuestan por la confrontación total y quienes buscan una salida negociada.

La figura del líder supremo es el pilar sobre el que se sustenta todo el sistema político iraní. Si Khamenei está muerto o incapacitado, la lucha por sucederle podría abrir fracturas irreparables entre las distintas facciones del régimen: los ayatolás más tradicionales, la Guardia Revolucionaria y el aparato de seguridad. Un Irán acéfalo representaría un riesgo sistémico para toda la región, desde el Levante hasta el Golfo Pérsico, y desestabilizaría los mercados energéticos.

Publicidad

Para España, el conflicto tiene implicaciones tangibles. Cualquier interrupción del flujo de petróleo por el estrecho de Ormuz dispararía el precio del crudo de forma inmediata, con un impacto directo en la inflación y en los costes de transporte. Además, Irán mantiene una larga relación de apoyo al Frente Polisario, cuyo rearme en los últimos años ha sido posible gracias a la asistencia logística y militar de Teherán. Un Irán debilitado podría ver recortada su capacidad de proyectar influencia en el Magreb, lo que beneficiaría a Marruecos, socio estratégico de España, pero también podría desencadenar una mayor inestabilidad en el Sahel si los grupos armados pierden a uno de sus valedores y buscan nuevos patrocinadores.

En una perspectiva de cinco a diez años, la crisis de liderazgo en Irán añade una capa de imprevisibilidad a un escenario ya volátil. La posible aceleración del programa nuclear por parte de un clero asediado, o el colapso del control estatal y la fragmentación del país, son dos hipótesis contrapuestas que los servicios de inteligencia occidentales siguen con atención. La próxima cumbre de la OTAN y las decisiones de la Administración Trump sobre los contingentes en Irak y Siria marcarán la temperatura del conflicto. Mientras, la legitimidad del régimen iraní se mide en su capacidad para mostrar a un líder vivo.