EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? António Costa, presidente del Consejo Europeo, ha reclamado al presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, que restablezca la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, detenga los ataques a países vecinos y reanude la cooperación con el OIEA.
- ¿Quién está detrás? El Consejo Europeo y la UE, el régimen de los ayatolás y la administración de Donald Trump, en una guerra que se acerca a los siete meses.
- ¿Qué impacto tiene? La gasolina supera los 1,9 euros por litro en España, Países Bajos y Dinamarca lideran los precios europeos con 2,43 euros y Bruselas avisa a Washington del daño de vetar el diésel.
El bloqueo de Ormuz dispara la gasolina por encima de 1,9 euros en España, y el Consejo Europeo mueve ficha. El presidente de la institución, António Costa, ha exigido a Teherán que reabra el estrecho y frene su ofensiva regional.
La conversación, celebrada este jueves en los márgenes de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, fue, según el propio Costa, ‘franca y sustancial’. El portugués trasladó al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, tres exigencias concretas: restablecer la libertad de navegación en Ormuz, detener los ataques contra países vecinos y reanudar la cooperación con el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica).
Qué ha pedido Costa a Teherán y por qué ahora
No es un gesto menor. Costa habla como presidente del Consejo Europeo, pero también como interlocutor de una UE que quiere marcar perfil propio entre la línea dura de Washington y la necesidad de no cerrar del todo la puerta a Teherán. ‘El diálogo es la única vía para resolver conflictos y garantizar una paz duradera’, escribió en la red social X, acompañando el mensaje con una fotografía de ambos líderes.
La guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero está a punto de cumplir siete meses. Washington no ha logrado su objetivo declarado —derrocar al régimen de los ayatolás— y acumula intentos frustrados de negociar un final del conflicto. El resultado es un empate incómodo que nadie quiere reconocer.
A eso se suma el factor electoral. Trump afronta una presión creciente ante el riesgo de que la ofensiva pase factura a los republicanos en las elecciones legislativas del 3 de noviembre. El encarecimiento de la gasolina, consecuencia directa del bloqueo de Ormuz, se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción. Desde el inicio de la guerra, la mayoría de los países de Oriente Medio que albergan bases o legaciones estadounidenses han sufrido ataques de Irán, que obstaculiza el transporte marítimo mediante golpes puntuales contra barcos y buques.
Los carburantes europeos ya lo notan. La gasolina supera los 1,9 euros por litro en España y el diésel se acerca a esa barrera, según los precios recogidos esta semana. En el conjunto de la UE, Países Bajos y Dinamarca encabezan la lista de los más caros, con 2,43 euros por litro tras el último escalón. Poco consuelo para el bolsillo.
Cada barril que no cruza Ormuz se convierte en un céntimo más en el surtidor: la geopolítica deja de ser una abstracción cuando entra en la cartera.
El aviso de Bruselas a Washington por el diésel
En paralelo, la Comisión Europea ha advertido a Estados Unidos de que prohibir la exportación de diésel perjudicaría a ambas partes. El plan, aún sin confirmar oficialmente, formaría parte de la respuesta de Washington al bloqueo del estrecho y golpearía de lleno a un mercado europeo muy dependiente de las importaciones estadounidenses de gasóleo.

España es especialmente sensible a ese flujo. El parque de turismos y vehículos industriales diésel sigue siendo uno de los más grandes de Europa, y buena parte del gasóleo que consume el transporte de mercancías, la agricultura, y la industria llega de refinerías estadounidenses. Un veto al diésel tensionaría todavía más unos precios ya de por sí altos y trasladaría el golpe a los sectores que mueven la economía.
Y no es un escenario remoto. La Comisión ya ha dejado claro que la medida, de concretarse, dejaría a Bruselas sin margen para responder sin dañarse a sí misma. Eso sí, todo depende de una decisión que la Casa Blanca no ha confirmado. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
El Eje del Poder Europeo
El pulso tiene varios tableros. En el europeo, el Consejo Europeo busca una voz propia entre la línea dura de Washington y la necesidad de mantener abierto un canal con Teherán. Alemania y Francia miran de reojo el coste energético, pero evitan cualquier gesto que pueda leerse como debilidad frente a Irán. Los frugales del norte —Países Bajos y Dinamarca a la cabeza— cargan con los precios más altos del continente y son los primeros en pedir medidas de choque. Los estados del sur, con España e Italia a la cabeza, reclaman alivio fiscal antes de que el descontento social se traduzca en votos.
Para España, el efecto es doble. En el plano energético, la subida de los carburantes se cuela en la cesta de la compra y encarece el transporte de mercancías, la agricultura y la pesca, tres sectores con peso directo en el PIB y en el empleo. En el plano político, Moncloa queda atrapada entre su alineamiento con Bruselas y con Washington y la presión de los transportistas, que ya advierten de nuevas movilizaciones si el precio sigue escalando. Cabe recordar el precedente de 2022, cuando el paro de los camioneros obligó al Gobierno a aprobar un paquete de rebajas al carburante en plena crisis por la invasión de Ucrania.
La lectura estratégica es otra. Irán sabe que el bloqueo de Ormuz le da una baza desproporcionada frente a las potencias militares que no ha logrado doblegar en el campo de batalla. Un estrecho cerrado vale más que cualquier contraataque. Y Europa, que no está en guerra pero paga sus consecuencias, comprueba que su autonomía estratégica sigue siendo un eslogan sin músculo suficiente para garantizar el suministro a precio razonable.
El siguiente hito será político. El Consejo Europeo volverá a abordar la situación en su próxima cita, y Bruselas deberá decidir si acompaña la vía diplomática de Costa con un plan de choque para los precios o si deja que cada capital se apañe. Hasta entonces, cada nuevo ataque en Ormuz se traducirá en un céntimo más en el surtidor español. Y eso sí que se nota.

