EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, calificó de ‘desproporcionada’ la decisión de Sánchez de restablecer controles a viajeros procedentes de Italia, en respuesta a la suspensión italiana de Schengen con España.
- ¿Quién está detrás? El Gobierno de Meloni, que justificó la medida por el riesgo de una nueva entrada masiva en Ceuta el 15 de agosto y la alerta yihadista.
- ¿Qué impacto tiene? Abre una crisis diplomática en pleno corazón de la UE que debilita la confianza en el espacio sin fronteras y afecta a España como socio clave de Schengen.
La semana pasada, la entrada de decenas de miles de personas a través del espigón del Tarajal en Ceuta desencadenó una respuesta italiana sin precedentes: Roma suspendió el acuerdo Schengen con España, invocando el riesgo de que esos inmigrantes —especialmente los subsaharianos— cruzaran después a su territorio, el más expuesto, según el ministro de Exteriores, Antonio Tajani.
Este domingo, en una entrevista con La Stampa, Tajani elevó el tono y tachó la reacción de Pedro Sánchez de ‘desproporcionada’. El presidente español había respondido restableciendo controles fronterizos a viajeros italianos, en lo que Roma lee como una represalia. Italia, aseguró, actuó conforme a los tratados comunitarios, que permiten suspensiones temporales ante amenazas extraordinarias.
El argumento de la seguridad y la sombra yihadista
Para Tajani, el verdadero peligro no eran los marroquíes que entraron en Ceuta, sino los ciudadanos del África subsahariana sin nacionalidad marroquí. ‘Ese colectivo supone una amenaza yihadista’, afirmó. El ministro añadió que, según información del Gobierno español —transmitida por el portavoz ceutí Alejandro Ramírez—, existe un llamamiento en redes para una nueva incursión masiva el 15 de agosto.
‘Existe riesgo de una nueva ola a mediados de agosto: no levantar nuestra medida es una precaución, pero esperamos hacerlo pronto, en cuanto el riesgo haya desaparecido’, declaró. De ahí que endurezca su crítica a Madrid: la política de ‘todos entran y se regularizan’ lanza un mensaje negativo que, en su opinión, ‘pone en riesgo la seguridad de todos’.
La oposición italiana se revuelve
Lejos de un apoyo unánime, la decisión de la primera ministra Giorgia Meloni ha provocado una fractura en la política italiana. El líder de Alianza Verde e Izquierdas, Nicola Fratoiani, calificó la gestión de ‘cínica propaganda’ y alertó de un ‘bumerán que los italianos pagarán caro’. Para la diputada demócrata Laura Boldrini, ‘la jugada no podía haber salido peor’ y la tachó de ‘gol en propia puerta’.
Giuseppe Conte, ex primer ministro y líder del M5S, fue igualmente duro: ‘Propaganda estéril de un gobierno que ha fracasado en los desembarcos y las repatriaciones’. La unanimidad que Meloni suele exhibir en asuntos migratorios se quiebra en esta ocasion, con una oposición que le acusa de haber provocado una crisis diplomática sin fundamento.
La fractura entre Roma y Madrid se produce en un momento en el que Schengen ya afronta presiones por el repunte de controles internos: esta disputa bilateral puede convertirse en el pretexto perfecto para que otros países sigan el mismo camino.
El Eje del Poder Europeo
La escalada entre Italia y España es un síntoma de un mal mayor: la erosión acelerada del espacio Schengen cuando dos socios fundadores de la UE se acusan mutuamente de deslealtad. La Comisión Europea observa con preocupación pero sin herramientas reales: legalmente, la suspensión de Schengen por razones de seguridad está prevista en el artículo 25 del Código de Fronteras Schengen, y tanto Roma como Madrid pueden esgrimir sus respectivas medidas como ajustadas a derecho.
Sin embargo, el fondo es político. Italia aísla a España en un momento en que el gobierno de Sánchez busca proyectar solidez en la gestión migratoria tras la crisis de Ceuta. Para Meloni, en cambio, exhibir dureza frente a Madrid tiene rédito interno: refuerza su relato de que Italia está sola defendiendo las fronteras exteriores, aunque en este caso la frontera exterior sea española. La lectura estratégica es inquietante: si dos Estados del sur, tradicionalmente aliados en las negociaciones migratorias, se enfrentan, el frente común que reclama solidaridad a los países del norte se fragmenta.
Para España, el coste no es menor. La suspensión italiana del acuerdo Schengen sienta un precedente peligroso: cualquier crisis migratoria en un país puede ser utilizada por otro para erigir barreras temporales que, en la práctica, se cronifican. Y la respuesta de Sánchez —que es legal y simétrica— corre el riesgo de escalar una crisis que podría haberse desactivado con una llamada diplomática. La cita clave es el 15 de agosto: si se confirma una nueva entrada, la tensión se disparará y Bruselas se verá obligada a mediar en una disputa que pone en jaque los principios fundacionales del proyecto europeo.

