La Universidad de Chicago pone cifras a una sospecha que inversores y reguladores arrastran desde hace años: los informes de sostenibilidad corporativos ganan páginas pero no transparencia. Un análisis de más de 15.000 reportes de 2.100 grandes empresas muestra que el exceso de narrativa genérica y la falta de indicadores cuantitativos lastran su utilidad para la toma de decisiones.
Más páginas, menos sustancia: la radiografía del estudio
La investigación, liderada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, desmenuza el contenido de informes ESG publicados entre 2015 y 2026. Utiliza un modelo de lenguaje avanzado para clasificar miles de declaraciones en función de su especificidad. El resultado es demoledor: a medida que crece la adopción de estándares como GRI, SASB o CDP, aumenta también la proporción de mensajes cálidos pero huecos. “Construir un futuro mejor” o “liderar la transformación del sector” funcionan como reclamo, pero no ofrecen ni un solo dato que permita medir el progreso real.
El volumen no garantiza calidad. Los investigadores observan que las compañías con más trayectoria en el reporting eliminan algo de ruido, aunque el avance en la inclusión de cifras y lenguaje concreto es limitado incluso entre las más experimentadas. La paradoja es que un informe más grueso puede esconder menos información útil que uno breve y bien estructurado.
El estudio sugiere que los marcos voluntarios necesitan orientaciones mucho más precisas sobre qué evidencias deben acompañar a cada afirmación. De lo contrario, la sostenibilidad se convierte en un ejercicio de marketing donde las promesas no sometidas a verificación son la regla, no la excepción.
Un informe no es más transparente por tener más páginas; su valor depende de los datos materiales y verificables que contiene.
La letra pequeña de los estándares: por qué un sello no garantiza rigor
La adopción de marcos reconocidos —GRI, SASB, el CDP— creció de forma exponencial desde 2015. Pero el estudio de Chicago constata que utilizar un estándar no equivale a una divulgación rigurosa. Muchas empresas rellenan los indicadores con aproximaciones narrativas y omiten los datos cuantitativos que sí permitirían comparar su desempeño con el de sus pares.
Maximilian Müller, experto en contabilidad financiera de la Universidad de Colonia, añade un matiz clave: “Las empresas también necesitan explicar sus metodologías, alcances y criterios de medición. El problema surge cuando ese contexto impide localizar los datos relevantes”. La frontera entre contextualizar y camuflar es fina, y cada vez son más los inversores que lo señalan en sus procesos de due diligence ESG.
La próxima entrada en vigor de la Directiva CSRD en Europa obligará a reportar con un nivel de detalle sin precedentes. Quienes sigan apostando por las generalidades corren el riesgo de enfrentar preguntas incómodas —y costes reputacionales— por parte de fondos que integran criterios ESG en sus carteras.
El equilibrio imposible entre contexto y datos accesibles
El reto no está en reducir la extensión por decreto. Los responsables de sostenibilidad necesitan espacio para explicar metodologías, pero también deben ofrecer un mapa claro para que cualquier lector —desde el analista de un fondo verde hasta el cliente final— localice las cifras de emisiones de Scope 1, 2 y 3, los porcentajes de energía renovable consumida o los avances en economía circular. Cuando los informes fallan en esa doble función, la transparencia se convierte en un trámite y la confianza se evapora.
Algunos emisores ya incorporan resúmenes ejecutivos con indicadores clave y anexos de datos descargables. Sin embargo, la práctica dista de ser generalizada. La investigación de Chicago apunta a que el riesgo de greenwashing aumenta precisamente cuando los reportes más extensos se apoyan en una narrativa voluntariosa pero sin métricas. Y ahí radica el peligro: la letra pequeña de los compromisos climáticos queda empañada por frases que, en el mejor de los casos, solo sirven para engordar el documento.
Análisis: por qué los inversores exigen ya indicadores verificables y no promesas
El fenómeno descrito no es nuevo. Desde hace años, los gestores de activos con mandato ESG vienen alertando de que los informes sirven para contar una historia, pero rara vez para auditar el desempeño. La diferencia ahora es que el estudio de Chicago cuantifica la brecha: más de 15.000 informes analizados, y la conclusión es que el contenido superfluo crece con la adopción de los estándares, no al revés. Esto coloca a los reguladores frente a una disyuntiva: seguir confiando en la autorregulación o imponer plantillas homogéneas con datos obligatorios.
La Taxonomía Verde europea y la CSRD ya caminan en esa dirección. Exigen que las empresas identifiquen qué parte de su actividad es realmente sostenible y qué actividades de transición o facilitación respaldan. Pero la norma solo es efectiva si los reportes incluyen los números que permitan verificarlo. Un informe lleno de frases como “estamos comprometidos con la descarbonización” pero sin el detalle de cuánto CO₂ se ha reducido este año ni qué tecnología se ha instalado, incumple el espíritu de la regulación y deja al inversor en la misma niebla de antes.
El puente entre la conciencia verde y la realidad corporativa pasa por convertir los informes en herramientas de rendición de cuentas y no en escaparates de marketing. Mientras la extensión crezca más que la transparencia, la balanza seguirá inclinada hacia el lado equivocado de la credibilidad.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Un mayor control de la calidad del reporting ESG permitiría a los inversores canalizar capital hacia empresas con estrategias de descarbonización cuantificables, acelerando la transición energética.
- Modelo que cambia: El informe-reclamo sin datos se vuelve obsoleto frente a las exigencias de marcos como la CSRD y la Taxonomía Verde, que reclaman evidencias y no solo intenciones.
- Para las próximas generaciones: La estandarización de indicadores verificables reduce el riesgo de que el greenwashing dilate las reducciones de emisiones, trasladando a los jóvenes un planeta con menos margen de maniobra.

