La cocaína sigue siendo uno de los temas más incómodos de la conversación pública en España, aunque los datos la sitúan a la cabeza de Europa en su consumo. En una entrevista reciente en ‘La Ventana’ de la cadena SER, el periodista y escritor David López Canales, autor del libro ‘¿Una rayita? Por qué en España se consume tanta cocaína y no se habla de ello’, abordó con claridad un fenómeno tan cotidiano como silenciado. En el país donde la esperanza de vida es una de las más altas del mundo y las donaciones de órganos son un ejemplo global, también se esconde una realidad que preocupa, y es que la cocaína es barata, accesible y, sobre todo, está normalizada.
Durante su charla con los presentadores del programa, López Canales explicó que su interés por el tema nació de la necesidad de entender cómo una droga tan estigmatizada en los años ochenta se ha convertido en algo que apenas sorprende. Recordó cómo, en su juventud, la cocaína se percibía como un símbolo de lujo y poder, una sustancia reservada para quienes podían permitírsela. Hoy, sin embargo, esa imagen ha cambiado por completo, pues la cocaína ya no distingue clases, edades ni entornos, y su consumo se ha extendido con una naturalidad inquietante.
La cocaína dejó de ser exclusiva para convertirse en cotidiana

La cocaína llegó a España con una imagen de éxito y sofisticación. En una crónica publicada por ‘El País’ en 1982 se la describía como “el caviar rojo”, una sustancia reservada para los más pudientes. David López Canales recordó en ‘La Ventana’ que aquella visión inicial ayudó a asociar la cocaína con el triunfo, el lujo y la diversión controlada. Sin embargo, con el paso del tiempo, su consumo dejó de ser un capricho de las élites para convertirse en una práctica transversal. Hoy, cualquiera que lo desee puede acceder a ella con facilidad, y su precio, comparado con el resto de Europa, sigue siendo el más bajo.
Pero, según el autor, culpar únicamente a la posición geográfica de España sería un error. “Se dice que España es un puerto de entrada, pero si eso fuera cierto, en Portugal se consumiría igual, y no es así. Allí se consume diez veces menos”, apuntó. López Canales insistió en que el problema no reside en la localización, sino en la cultura. En España, la cocaína ha dejado de verse como una amenaza y se ha integrado, de manera silenciosa, en el modo de vida de muchos ciudadanos.
El espejo de una sociedad agotada y productiva

Uno de los momentos más reveladores de la entrevista en ‘La Ventana’ fue cuando el periodista explicó que la cocaína es, en cierto modo, el reflejo de una sociedad hiperconsumista y cansada. “Es un producto más de consumo, pero al mismo tiempo se utiliza para escapar de esa misma dinámica, del agotamiento, de la productividad extrema”, señaló. Esta contradicción, lejos de ser anecdótica, describe un fenómeno social profundo, y es que la droga se convierte en una herramienta para seguir el ritmo que la propia sociedad impone.
Además, la cocaína arrastra una percepción cultural que la diferencia de otras drogas. Mientras que la heroína se asociaba con la marginalidad y la autodestrucción, la cocaína se consideró durante años una droga “limpia”, elegante, casi funcional. Esa imagen, sumada al silencio que la rodea, ha contribuido a su expansión. López Canales aseguró que lo más preocupante no es su consumo en sí, sino la falta de conversación sobre el síntoma colectivo de estrés, vacío y desconexión emocional que representa.
El debate pendiente sobre la legalización y la educación
Cuando en ‘La Ventana’ se abordó el tema de la legalización, David López Canales fue prudente. “No soy un experto, pero no veo otra alternativa a medio plazo. La legalización sería un cambio de paradigma, aunque antes habría que apostar por políticas intermedias: educación, prevención y menos estigmatización”, explicó. Para el autor, el debate sobre la cocaína en España se ha centrado demasiado en las cifras y muy poco en las causas. Las estadísticas hablan de prevalencia, pero detrás de esos números hay una sociedad que consume en silencio.
El escritor insistió en que el debate político debe abandonar la hipocresía. “Cuando se habla de reducción del consumo, muchas veces se presenta como un logro del Ejecutivo, pero lo cierto es que el descenso coincidió con los años de recesión económica”, recordó. La cocaína, concluyó, no es solo una sustancia ilegal, sino que es un espejo en el que se refleja el ritmo, la ansiedad y las contradicciones de un país que, aunque evita hablar del tema, lo conoce muy bien.





































