Torrijas al vino: Descubre el paso a paso exquisito y fácil

En el tapeo de una barra cualquiera o en la mesa de un restaurante con pretensiones innovadoras, las torrijas siempre encuentran su momento de gloria durante la Semana Santa. Pero, ¿se pueden renovar estas delicias de la repostería tradicional? La respuesta es un rotundo sí con la versión al vino, que promete una experiencia gastronómica sumamente placentera.

Nuestra propuesta de hoy no solo busca retomar la herencia culinaria sino que la enriquece con el aroma y el sabor de un buen caldo de la tierra. ¡Te invito a que sigas leyendo y descubras el paso a paso exquisito y fácil para preparar torrijas al vino!

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LA PREPARACIÓN: PASO A PASO PARA UN RESULTADO JUGOSO

Con los ingredientes seleccionados, llega el momento del ritual de la preparación. Comienza cortando el pan en rebanadas de aproximadamente 2 cm de grosor, permitiendo que cada torrija tenga suficiente cuerpo para absorber el vino y la leche. Luego, calienta en una cacerola la mezcla de vino y leche hasta que esté templada, agregando azúcar al gusto. Integra en este punto las especias que hayas elegido, y deja que los aromas se fundan y la mezcla llegue a una temperatura que invite a ser bebida.

Es el momento de sumergir las rebanadas de pan en esta poción embriagadora. Hazlo de manera delicada, permitiendo que cada pieza se empape por completo, pero sin llegar a deshacerse. Una vez humedecido, deja que reposen durante un tiempo prudencial; el pan debe estar húmedo, pero no encharcado. Pasada esta pausa, la fritura: en una sartén con aceite de oliva bien caliente, coloca las torrijas cuidadosamente, dorándolas por ambos lados. No hay prisa en este paso, buscamos un exterior ligeramente crujiente y un interior suave.

Finalmente, mientras las torrijas aún están calientes, pásalas por una mezcla de azúcar y canela molida. Esto les otorgará el toque final dulzón y una capa extra de textura y sabor. No temas si la primera no sale perfecta, el arte de la torrija requiere de práctica y amor por la cocina. Después de todo, cada torrija es única y es precisamente en esos pequeños detalles donde a menudo reside la perfección.