La conversación que se despliega ante nosotros durante el I Encuentro de la Industria Española de Defensa organizado por el Grupo Merca2, centrada en la evolución trascendental de la Armada Española y su íntima sinergia con la industria de defensa nacional, requiere de una presentación adecuada que honre la profundidad del análisis que allí se realizó. Para este encuentro fue un privilegio acoger la visión de Óscar Ruiz, una figura cuyo recorrido profesional lo sitúa en una posición de autoridad ineludible.
Óscar, analista internacional con una década de servicio en los cuarteles generales de la OTAN como miembro distinguido de la Armada, atesora una experiencia operativa forjada en múltiples continentes. Su pericia se extiende al ámbito académico, donde ejerce como profesor y ponente en temas cruciales como el terrorismo, los flujos migratorios y la seguridad marítima. Desde hace dos años, además, enriquece el debate diario con sus perspicaces artículos como colaborador de Escudo Digital.
ESPAÑA CONTEXTO MARITIMO GLOBAL: UN DESAFIO EN EL FLANCO SUR
Antes de sumergirnos en los detalles de proyectos tan ambiciosos como los submarinos y las fragatas, es fundamental establecer el vasto escenario en el que se enmarca la estrategia naval española. España, con sus 8.000 kilómetros de costa, ostenta una posición geoestratégica singular. Esta realidad geográfica no solo implica la vigilancia del extenso litoral peninsular, sino también la responsabilidad ineludible sobre el archipiélago de las Islas Canarias y la preservación de la soberanía en el norte de África, específicamente en Ceuta y Melilla.
Este contexto nacional se imbrica con una dinámica global crecientemente compleja. Estados Unidos ha instado a Europa a asumir una mayor autonomía en su propia defensa, un llamamiento que resuena con una urgencia particular ante la presencia de una guerra abierta en el continente europeo. España, en esta coyuntura, está llamada a intensificar su participación y su presencia en las diversas misiones militares lideradas por la OTAN, la ONU y la propia Unión Europea.
Además, la nación ocupa una posición vital en el flanco sur de Europa. Este rol exige proteger tanto a España como al conjunto del continente de amenazas multifacéticas, que abarcan desde el tráfico ilícito y la inmigración irregular hasta los nuevos riesgos que emanan de un continente africano en efervescencia. La creciente influencia de potencias como Rusia y China en África agrava esta situación, demandando una reacción estratégica por parte de la industria de defensa europea. España, consciente de la necesidad de participar en este nuevo ecosistema industrial, busca activamente integrarse en los numerosos proyectos en marcha, no solo para asegurar sus capacidades de defensa, sino también como un motor esencial para generar riqueza y empleo a nivel nacional.

EL RESURGIMIENTO DE LA ARMADA
La trayectoria de la Armada Española es un claro reflejo de los vaivenes de la inversión en defensa a lo largo de las décadas. Óscar Ruiz evoca los difíciles años noventa, un período marcado por un presupuesto de defensa insuficiente. La Armada sufrió las consecuencias de esta contención, experimentando una capacidad operativa limitada y una escasa presencia regional. En aquella época, gran parte de la flota se adquiría de segunda mano a países como Estados Unidos o Alemania, aunque la construcción del portaaeronaves Príncipe de Asturias insinuaba un incipiente despertar de la industria. Paradójicamente, el único punto de relativa solidez era el recurso humano, gracias al servicio militar obligatorio que garantizaba la dotación necesaria para unos buques menos automatizados.
Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente. El giro de la geopolítica actual ha impulsado un auténtico «boom» de la inversión en defensa, beneficiando directamente a la Armada. Nos encontramos en lo que se podría describir como un «punto dulce», con proyectos transformadores en curso.
Este impulso ha marcado una vinculación fortísima entre la Armada y la industria de defensa naval española, personificada en Navantia. Al hablar de Navantia, hablamos de un vasto ecosistema que incluye a innumerables pymes y startups que nacen al calor de estos grandes proyectos. La situación geopolítica ha forzado a invertir ingentes cantidades de dinero y recursos en el desarrollo de sistemas de armas nacionales de gran envergadura: los submarinos S-80, las fragatas F-110, y los Buques de Acción Marítima.
No obstante, esta nueva era viene acompañada de un desafío crucial: la escasez de recurso humano especializado. Los buques modernos requieren menos tripulantes, pero con un nivel de cualificación significativamente superior, necesario para manejar la Inteligencia Artificial y la digitalización imperantes.
Navantia ha reaccionado a esta necesidad con innovaciones punteras. El concepto de Astillero 4.0 permite la construcción modular de buques por bloques, una técnica que optimiza drásticamente el tiempo y el coste. A esto se suma el Gemelo Digital, una herramienta tecnológica que permite proyectar digitalmente el buque antes de su construcción. Esta simulación anticipada no solo permite detectar posibles fallos y optimizar el mantenimiento, sino que también ofrece un panorama detallado de los costes futuros, generando inmensas ventajas para los sistemas navales de la Armada.
El camino que se abre ante la Armada es esperanzador. En un horizonte de quince a veinte años, los frutos de las inversiones y desarrollos actuales se traducirán en una Armada Global. Su acción no se limitará a la disuasión y la presencia regional, sino que se extenderá a escenarios estratégicos como América y la región del Indo-Pacífico, previsiblemente bajo el auspicio de la OTAN.
Este futuro será inevitablemente el de los sistemas no tripulados. La Armada se bifurcará en una vertiente tradicional —los buques y sistemas navales tripulados— y una vertiente no tradicional —los drones y cuerpos no tripulados.

EL SUBMARINO S-80: DOLOR DE CABEZA Y AUTONOMÍA ESTRATÉGICA
La mención del S-80 nos introduce en el proyecto más complejo y, en cierto modo, más tortuoso de la industria de defensa española. Este submarino de propulsión convencional —no nuclear— ha sido diseñado y fabricado íntegramente en España por Navantia y su red de empresas colaboradoras.
La magnitud del desafío se evidencia en los dolores de cabeza que ha generado a ingenieros, militares y políticos. Sin embargo, el logro es rotundo: el S-80 ha permitido a España entrar en un club selecto de apenas diez a doce países con la capacidad de diseñar y construir sus propios submarinos.
El S-80 no solo fortalece el tejido industrial en lugares como Cartagena, sino que, operativamente, representa una ventaja excepcional. El submarino es, para cualquier fuerza militar, quizás el elemento de disuasión más importante, capaz de prevenir acciones hostiles contra los intereses nacionales. A pesar de ser un proyecto reciente que aún se encuentra en fase de pruebas, ya se considera como uno de los mejores del mercado dentro de la categoría de submarinos no nucleares.
El hito del S-81, el Isaac Peral, ya entregado y en misión antiterrorista de la OTAN en el Mediterráneo, es solo el comienzo. Le seguirán tres unidades más.
El Desafío de la Exportación: Falta de Tiempo
El coste del proyecto, que oscila entre 3.500 y 4.000 millones de euros, genera grandes expectativas de exportación para su amortización. Sin embargo, el proceso es lento. Para que el S-80 sea un producto comercialmente viable, se necesita tiempo y pruebas operativas que generen confianza en los clientes potenciales.
El elemento más diferenciador del S-80 es su sistema AIP (Air Independent Propulsion), que permite al sumergible permanecer bajo el agua por periodos mucho más largos, reduciendo la necesidad de salir a la superficie para regenerar el aire. Este sistema no se probará en el primer ni en el segundo submarino, sino en el tercero, el Cosme García, cuya incorporación no se espera hasta 2029 o 2030. Solo después de estas pruebas exhaustivas, y tras su despliegue en misiones reales con España y la OTAN, los futuros clientes internacionales se asegurarán de su fiabilidad.
Además del aspecto técnico-industrial, la labor del Gobierno es crucial. Las ventas de sistemas de defensa a esta escala son economías de escala que a menudo se cierran mediante diplomacia y acuerdos de reciprocidad, donde las compras de unos sectores se equilibran con las ventas de otros. Es una tarea que requerirá una importante y prolongada acción política para que el S-80 alcance su potencial de amortización.

LA FRAGATA F-110: UN SISTEMA DE SISTEMAS TECNOLÓGICAMENTE PUNTERO
Si el S-80 es el desafío, la fragata F-110 —las futuras fragatas de la clase Bonifaz— es la guinda del pastel de la industria naval española. La afirmación de un vicepresidente de Lockheed Martin de que se trata de la fragata más completa del mundo goza de un amplio consenso entre los expertos. La Armada ha encargado cinco unidades a Navantia, la primera de las cuales fue ya botada y se espera que se entregue en 2028.
La F-110 es la materialización de años de desarrollo, un auténtico «sistema de sistemas» que combina tecnología nacional e internacional para crear un producto de vanguardia. Al igual que el S-80, su fabricación en Ferrol impulsa el tejido industrial, crea empleo y fomenta el nacimiento de nuevas empresas.
- Radar: Incorpora el radar más avanzado del mundo de Lockheed Martin, que actúa como los ojos del barco, y que ha evolucionado para detectar amenazas diminutas como los drones.
- SCÓMBA: La información del radar pasa al SCÓMBA, el cerebro desarrollado por Navantia, donde la Inteligencia Artificial decide cómo digerir la información, a quién avisar y cómo repartir los datos de la amenaza.
- AEGIS: Un tercer sistema, el Aegis estadounidense operado bajo licencia, se encarga de distribuir la información de la amenaza a los buques y aviones aliados en la zona, indicando incluso el tipo de misil o acción que deben emprender.
Este nivel de integración convierte a la F-110 en la fragata más avanzada del momento. A diferencia del S-80, Navantia tiene una vasta experiencia en la venta de buques militares a países como Australia y Noruega, lo que hace que la F-110 tenga un potencial de exportación mucho más inmediato y robusto.
El contraste entre las nuevas fragatas y los antiguos acorazados ilustra la revolución tecnológica. Un acorazado del pasado podía requerir hasta 3.000 personas de dotación, y hasta 80 o 90 personas para disparar un solo cañón. En la actualidad, la F-110 puede combatir en situaciones extremas con apenas 120 personas. La automatización y la inteligencia artificial han reducido drásticamente la necesidad de personal, un factor crítico en un contexto europeo donde los recursos humanos escasean. La F-110 es, por tanto, un producto perfectamente diseñado para la exportación y el éxito comercial.

EL DESAFÍO DEL PORTAVIONES
La ambición de la Armada mira más allá, como se refleja en el Plan Armada 2050. Si bien actualmente contamos con el Juan Carlos I —clasificado como portaeronaves con ciertas limitaciones de tonelaje (unas 27.000 toneladas, frente a las 40.000-50.000 de un portaaviones puro)—, se ha considerado la posible construcción de hasta dos nuevos buques anfibios de asalto (LHD) de su clase.
Sin embargo, el verdadero foco de atención es el estudio encargado a Navantia para la construcción de un portaaviones convencional con el sistema CATOBAR (despegue asistido por catapulta y aterrizaje detenido). Este portaaviones es el gran deseo de la Armada, la otra «guinda» que consolidaría un posicionamiento global.
Aunque Navantia posee la capacidad y experiencia para abordar este desafío, necesitaría apoyarse en empresas extranjeras. Técnicamente, es factible. Económicamente, requeriría un esfuerzo financiero muy serio por parte del Gobierno. La gran advertencia de Óscar Ruiz es que un proyecto tan gigantesco, si no se gestiona adecuadamente, podría «canibalizar» el presupuesto de otros proyectos esenciales, provocando el estancamiento de la Armada por falta de medios económicos.
Además, operativamente, un portaaviones solo es un blanco fácil. Su incorporación implicaría la creación de un Carrier Strike Group permanente, es decir, una escolta compuesta por un mínimo de dos fragatas, un submarino y buques de aprovisionamiento, lo que detraería importantes medios de la flota actual.
El factor más crítico es el recurso humano. Un portaaviones de 40.000 a 50.000 toneladas con entre 25 y 30 aeronaves requeriría una dotación de entre 1.000 y 1.800 personas. En el contexto actual de escasez de personal, la Armada, que cuenta con unos 20.000 a 21.000 miembros, debería asumir la formación y el mantenimiento de esta nueva plantilla de forma permanente. Un plazo de diez a quince años para su construcción parece un horizonte optimista ante la magnitud de los desafíos.

LA REVOLUCIÓN DE LOS DRONES: EL FUTURO DE LA GUERRA NAVAL
La última reflexión nos adentra en el futuro ineludible de la Armada: la integración masiva de vehículos no tripulados. Al igual que ha ocurrido en el aire, donde el conflicto en Ucrania ha acelerado el desarrollo de drones aéreos, los drones han llegado para quedarse en el mar, sentando las bases para la Armada No Tradicional.
Actualmente, los drones actúan como complemento y ayuda, evitando la pérdida de vidas humanas en tareas de vigilancia, inteligencia, reconocimiento y logística. En el ámbito marítimo, el desarrollo se centra en dos tipos: los drones de superficie y los submarinos, aunque estos últimos avanzan a un ritmo ligeramente menor.
La Armada Española ya está inmersa en varios proyectos y cuenta con unidades de superficie y submarinas no tripuladas. Sin embargo, en el contexto geopolítico actual, países más agresivos —como Rusia, China, Estados Unidos y el Reino Unido— ya están explorando terrenos más complejos, como la incorporación de armamento en drones submarinos.
Un ejemplo de esta aceleración es la inversión privada de Lockheed Martin de 50 millones de dólares en una empresa civil de drones para desarrollar un producto que integre misiles en un buque sin tripulación. Esto nos lleva a un terreno pantanoso y complicado, no solo por las posibles limitaciones técnicas, sino también por las profundas cuestiones éticas y morales que plantea el uso de sistemas de armas autónomos en el conflicto.
El futuro, con el desarrollo de la sexta generación de cazas y la continua evolución de los vehículos no tripulados, exigirá una adaptación constante de la Armada para mantenerse a la vanguardia.
Una charla encuadrada en el marco del I Encuentro de la Industria Española de Defensa organizado por el Grupo Merca2 y que contó como Patrocinadores Con: Lenovo, PWC, Indra, Inetum, Universidad Europea, Orbotix y Singular Aircraft, Y colaboradores como: Escudo Digital, CEOE, Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, SpainDC, Tecdual, Eurodefense, Aesmide, Ayuntamiento de Córdoba.
